jueves, 11 de octubre de 2012

CON JESÚS EN MEDIO DE LA CRISIS - José Antonio Pagola


CON JESÚS EN MEDIO DE LA CRISIS - José Antonio Pagola

Antes de que se ponga en camino, un desconocido se acerca a Jesús corriendo. Al parecer, tiene prisa para resolver su problema: "¿Qué haré para heredar la vida eterna?". No le preocupan los problemas de esta vida. Es rico. Todo lo tiene resuelto.

Jesús lo pone ante la Ley de Moisés. Curiosamente, no le recuerda los diez mandamientos, sino solo los que prohíben actuar contra el prójimo. El joven es un hombre bueno, observante fiel de la religión judía: "Todo eso lo he cumplido desde pequeño".

Jesús se le queda mirando con cariño. Es admirable la vida de una persona que no ha hecho daño a nadie. Jesús lo quiere atraer ahora para que colabore con él en su proyecto de hacer un mundo más humano, y le hace una propuesta sorprendente: "Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres... y luego sígueme". El rico posee muchas cosas, pero le falta lo único que permite seguir a Jesús de verdad. Es bueno, pero vive apegado a su dinero. Jesús le pide que renuncie a su riqueza y la ponga al servicio de los pobres. Solo compartiendo lo suyo con los necesitados, podrá seguir a Jesús colaborando en su proyecto.

El joven se siente incapaz. Necesita bienestar. No tiene fuerzas para vivir sin su riqueza. Su dinero está por encima de todo. Renuncia a seguir a Jesús. Había venido corriendo entusiasmado hacia él. Ahora se aleja triste. No conocerá nunca la alegría de colaborar con Jesús.

La crisis económica nos está invitando a los seguidores de Jesús a dar pasos hacia una vida más sobria, para compartir con los necesitados lo que tenemos y sencillamente no necesitamos para vivir con dignidad. Hemos de hacernos preguntas muy concretas si queremos seguir a Jesús en estos momentos.

Lo primero es revisar nuestra relación con el dinero: ¿Qué hacer con nuestro dinero? ¿Para qué ahorrar? ¿En qué invertir? ¿Con quiénes compartir lo que no necesitamos? Luego revisar nuestro consumo para hacerlo más responsable y menos compulsivo y superfluo: ¿Qué compramos? ¿Dónde compramos? ¿Para qué compramos?
¿A quiénes podemos ayudar a comprar lo que necesitan?
Son preguntas que nos hemos de hacer en el fondo de nuestra conciencia y también en nuestras familias, comunidades cristianas e instituciones de Iglesia. No haremos gestos heroicos, pero si damos pequeños pasos en esta dirección, conoceremos la alegría de seguir a Jesús contribuyendo a hacer la crisis de algunos un poco más humana y llevadera. Si no es así, nos sentiremos buenos cristianos, pero a nuestra religión le faltará alegría.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Trabaja por un mundo más humano. Pásalo.
14 de octubre de 2012
28 Tiempo ordinario (B)
Marcos 10, 17-30

fuente: 


AL CABO DE UNOS AÑOS...
Escrito por  Florentino Ulibarri

Y al cabo de unos años, más o menos,
tras una buena dosis
de aventura y desengaño,
volvemos a encontrarnos cara a cara,
porque queremos y aún soñamos,
con el Maestro que nos miró con cariño
aunque no seguimos su camino.

Y es que sus cuatro palabras
tan claras, suaves e imperativas
-ve, vende, da, sígueme-
se nos quedaron tatuadas en el alma
y no hemos podido olvidarlas
a pesar de los ruidos y de otros sueños y baños
después de tantas etapas.

Volvemos, nos acercamos, soñamos...
Y el Maestro, que no acostumbra a cambiar,
nos mira con viva esperanza,
y nos presenta nuevamente su alternativa
a contrapelo de la cultura que se estila:
vender, dar, no almacenar, vaciarse...
y seguirle olvidándose de ser héroes.

Tantas heridas y marcas portamos ya
que, aunque sea a regañadientes,
le damos crédito y le aceptamos.
Y, al fin, empezamos a vivir la vejez,
a pesar de las pérdidas y disminuciones,
como un camino de vida plena,
confiando a fondo perdido en su propuesta.

Y es que, según la sabiduría evangélica,
Él no nos salvó por su poderío y fuerza
sino por su vaciamiento y pobreza.
Por eso, en este momento de decrecimiento
le dejamos a Él el volante y la brújula,
el mapa de carreteras y las preguntas,
para ver cumplido nuestro sueño y su promesa.

Hoy, Señor, nos fiamos
y no oponemos resistencia.

Florentino Ulibarri


TENEMOS QUE ELEGIR, O SEGURIDADES O REINO DE DIOS
Escrito por  Fray Marcos
Mc 10, 17-30

CONTEXTO
El contexto es el mismo que el domingo pasado (cuando salía al camino). Cerca ya de Jerusalén, a donde se dirige Jesús para completar su misión. Es un episodio entrañable, pero con un triste desenlace. El hombre rico no se decide a dar el paso del seguimiento. Aunque lo verdaderamente importante es el motivo por el que se niega a seguir a Jesús: las riquezas. Para los judíos las riquezas eran signo de la bendición de Dios.

EXPLICACIÓN
El llegar 'corriendo', indica gran interés y necesidad urgente. El joven era rico, Sin embargo no las tenía todas consigo. Sin duda, el rico esperaba de Jesús algún precepto aún más difícil que los de Moisés. Jesús no añade más preceptos sino una propuesta original. En vez de seguridades, confianza sin límites. En vez de cumplimiento de la Ley, seguimiento. Jesús sube a Jerusalén, a su muerte. Seguir a Jesús supone estar dispuesto al fracaso.

El 'arrodillarse', es un signo exagerado de respeto y admiración.

'Heredar vida definitiva'. En tiempo de Jesús, significaba garantizar una existencia feliz más allá de la muerte. El rico ya tenía garantizada la existencia feliz en el más acá. Lo que busca en Jesús, es asegurar la existencia para el más allá.

Los mandamientos que Jesús recuerda, son los de la segunda tabla, es decir los que se refieren al prójimo, no los que se refieren directamente a Dios. Esta enseñanza es exclusiva de Jesús. Para cualquier judío, los importantes eran los de la primera tabla.

'¿Por qué me llamas "bueno"?' En esta respuesta Jesús nos está diciendo dónde está la verdadera pobreza. Él se siente vacío de toda posesión. Sentirse vacío hasta de la propia pobreza, sentirse vacío de la misma bondad. Ni soy nada ni tengo nada, porque ni siquiera hay un sujeto (ego) capaz de ser o tener.

Es casi imposible no sentirse atrapado por las riquezas, pero es mucho más difícil superar el sentimiento de creerse superior. La peor soberbia es la de creerme bueno y con derechos ante Dios, que niego a los demás.

'Una cosa te falta: seguirme'. ¿Qué sutil diferencia quiere señalar Marcos, entre "heredar vida definitiva" y "seguir a Jesús"? Para 'heredar la vida', basta cumplir una Ley; para entrar en el Reino hay que preocuparse de los demás. Seguir a Jesús, es mucho más que el cumplimiento de unos mandamientos.

No se trata de ser mejor que los demás, sino de ser diferente. Mateo nos da una pista: "si quieres llegar hasta el final". Pero, ¿puede tener algún sentido emprender un camino para no llegar a la meta? La meta es la plenitud del hombre

¡Qué difícil será entrar en el Reino, al que pone su confianza en las riquezas! Las riquezas en sí ni son buenas ni son malas. ¡Qué más quisiera Dios que todos tuviésemos de todo! Las posesiones o el cumplimiento de la Ley para obtener seguridad, es lo que impide alcanzar una meta verdaderamente humana. El desenlace del encuentro es triste, pero el comentario que hace Jesús es aún más desolador.

'Entonces, ¿quién podrá "salvarse"?' Los discípulos siguen pensando que es imposible subsistir sin seguridades. No se refiere solamente a quién podrá salvarse en el más allá, como entendemos hoy la salvación, sino quién podrá mantener una vida verdaderamente humana, si se desprende de todo lo que tiene y no procura asegurarse el futuro. Así cobra sentido la respuesta de Jesús, "para los hombres, imposible, no para Dios".

APLICACIÓN
Estamos ante uno de los textos más difíciles de comprender de todo el evangelio. Llevamos veinte siglos dando tumbos o hacia la demagogia barata o al espiritualismo estéril. Una vez más debemos advertir que no es posible una explicación racional, que no la tiene, sino de experiencia interior que nos lleve a una actitud como la de Jesús. Aunque es imposible explicar la enseñanza, vamos a intentar superar algunos malentendidos, que nos siguen impidiendo aceptar el verdadero mensaje.

Buscar la propia salvación individual aquí abajo o en el más allá, es la mejor señal de no haber superado el "ego". La meta última del hombre es la superación de todo ego (y por lo tanto de todo egoísmo). El objetivo último de todo ser humano es el amor al hombre, que exige una entrega incondicional al servicio de otro.

El apego a las riquezas nace siempre de un "ego"; mientras exista la preocupación por uno mismo, no puede alcanzarse la meta. El obstáculo no son las riquezas, sino la existencia de ese "ego" que me obliga a buscar seguridades, para el más acá o para el más allá.

Pensar que el rico está condenado y el pobre está salvado, es demagogia. El hecho de tener o no tener bienes materiales, no es lo significativo. Un pobre que no tiene nada, puede estar más apegado a los bienes que ambiciona, que el rico a lo que posee.

Tanto el pobre como el rico tendrán que dar un paso de gigante para entrar en la dinámica del evangelio. La única ventaja del pobre sería que, al cerrársele la puerta fácil de las seguridades materiales, se vería obligado a buscar la verdadera salida. A esto apuntan las bienaventuranzas.

Otra trampa frecuente, es creer que el evangelio propone la pobreza de espíritu. Según esta interpretación, no importa lo que hayas acumulado, con tal de que tengas "espíritu cristiano", lleves una vida "religiosa" y seas capaz de dar limosna y hacer "obras de caridad".

La Iglesia como institución, ha caído en esta trampa. Bajo el pretexto de tener para dárselo a los pobres, no le ha importado acumular ingentes riquezas. No basta que la Iglesia atienda a los pobres. La Iglesia tiene que renunciar a las seguridades, lo mismo que cada cristiano.

La tercera trampa es creer que el evangelio se refiere a las riquezas injustas. Una vez más tenemos que hacer la distinción entre lo legal y lo justo. Las leyes no solo permiten, sino que favorecen la acumulación de riquezas porque están hechas por los ricos.

No hay justificación posible para una situación en la que unos despilfarran sin miramiento y otros mueren literalmente de hambre. Nuestro mundo es radicalmente injusto. Ahora bien, los únicos que no tienen responsabilidad alguna en esta situación, son los pobres.

Por último, está la trampa de interpretar el evangelio como una oferta de cristianismo a dos velocidades. Para ello se habla de 'los consejos evangélicos' que serían un plus voluntario para los más decididos.

Esto ha hecho mucho daño a la inmensa mayoría de los cristianos, porque les ha dado motivos para pensar que lo que dice el evangelio de la riqueza no va con ellos. Ha hecho daño también a los que optan por la vida religiosa, porque les ha hecho creer que son los perfectos y por lo tanto con más derechos ante Dios, aunque en ningún caso hayan renunciado a las seguridades.

La propuesta de Jesús no conlleva ninguna renuncia. Si, al llevarla a la práctica, tenemos la sensación de perder algo, es que no hemos comprendido nada. No se trata de renunciar a nada sino de elegir el camino que me lleve a la plenitud que puedo alcanzar como ser humano.

Como seres limitados, elegir un camino lleva consigo el renunciar a ir en otras direcciones. En contra del sentir de la mayoría, el renunciar a tener más no es de tontos, sino de personas muy despiertas. La sabiduría consistiría en acertar en la elección.

La crisis que estamos padeciendo podría ayudarnos a tomar en serio el evangelio. El afán de acumular riquezas sin límite nos ha llevado a la situación actual. Hasta mediados del siglo pasado, la economía consistía en producir bienes o servicios que se vendían por un precio no siempre justo. Pero la perversión del capitalismo actual consiste en utilizar el dinero (casi siempre el de otros) para producir más dinero, sin producir ningún bien ni beneficio para nadie sino todo lo contrario. Ese dinero artificial sacado de la manga, es el que está controlando todo el organigrama económico que se deteriora cada día más.

Meditación-contemplación

Si quieres llegar hasta el final, una cosa te falta.
Pero, ¿de verdad quiero llegar hasta el final?
Y ¿qué sentido tiene emprender una carrera
si no tienes intención de llegar a la meta?
...............

Es ridículo pensar que Dios nos exige renunciar a algo.
No se trata de renunciar, sino de elegir bien.
Pero el secreto de toda buena elección es el conocimiento.
Tomar conciencia de lo que es mejor será el primer paso.
...............

Cuando queremos alcanzar dos metas a la vez,
el fracaso está asegurado
La plenitud de ser y las seguridades son incompatibles,
Nunca podremos armonizarlas.
.............

Fray Marcos



LO MÁS INTELIGENTE ES SEGUIR A JESÚS
Escrito por  José Enrique Galarreta
Mc 10, 17-30

Este relato se reproduce, con muy escasas variantes, en los tres Sinópticos (Mateo 19,13; Lucas 18,15). Es Mateo el que habla de "un joven", y añade a los mandamientos el de "amarás a tu prójimo como a ti mismo". Los tres centran el mensaje de Jesús en: vende lo que tienes - dalo a los pobres - tendrás un tesoro en el cielo - ven y sígueme. En los tres, el joven se marcha entristecido "porque era muy rico", y la consecuencia es la frase famosa de Jesús: "es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino".

En la narración de Marcos, más aún que en los otros dos, la escena tiene toda la viveza de este evangelista y nos produce la impresión de estar ante una crónica, bien recordada y bien descrita, de algo que causó impacto especial en los discípulos. El texto se presta a múltiples comentarios, que vamos a reducir a lo esencial, a lo más medular.

Se trata de un "buen rico", que viene a Jesús sinceramente, buscando mejorar su vida religiosa. Jesús le contesta con una formulación básica que no hay que olvidar: "Para heredar la vida eterna, los mandamientos". La pregunta de "¿cuáles?" es característica de una época en que la enseñanza de los doctores fariseos llena la vida de innumerables mandamientos. Jesús se remite a la esencia de la Ley, los mandamientos básicos expresados en lo que hemos llamado "El Decálogo" (Éxodo 20,12 y Dt 6,16). Una vez más, Jesús se despega de la interpretación al uso de la Ley para ir a su esencia.

El rico manifiesta que eso ya lo cumple, quiere saber si hay más. Notemos que se trata de si hay más que heredar la vida eterna. A esa demanda del rico responde la invitación de Jesús, hecha con cariño, como si Jesús se hiciese ilusiones ante su buena disposición. El rico se echa atrás, y Jesús saca la conclusión de que la riqueza hace casi imposible "entrar en el Reino", con la estupenda exageración del camello - el animal más grande - y el ojo de la aguja - el agujero más pequeño -.

Se han querido hacer aquí correcciones, señalando que la palabra "camello" no sería una buena traducción, debiendo preferirse "soga" hecha con pelo de camello (incluso que "ojo de aguja" era la estrechísima entrada de una cueva). Pero todas esas disquisiciones no cambian el sentido primero: prácticamente imposible, sea cual sea la metáfora empleada.

Estas expresiones producen en los discípulos asombro, sobre todo porque, como casi todos en esa época, consideran los bienes del mundo como bendiciones de Dios y los males como castigos. Se ve también que no distinguen aún la diferencia entre "salvarse" y "entrar en el Reino". Pero Jesús sigue hablando del Reino, y afirma que es posible con la gracia de Dios, dejando claro que entrar en el reino es una invitación y una gracia, una oferta de Dios que es a la vez una enorme exigencia y un espléndido regalo.

R E F L E X I Ó N
Dentro de la gran riqueza de mensaje que encierra el evangelio de hoy, nos fijamos en un aspecto básico, importante para nosotros: Jesús y el dinero. La posición de Jesús ante el dinero ocupa un lugar importante en los evangelios. Se puede resumir así:

1- Ante los que "ponen su confianza en el dinero", Jesús siente algo así como lástima, casi desprecio. La mejor expresión de esto sería Lucas 12,16, la parábola del rico insensato, y la expresión de Mateo 6,19: "no amontonéis tesoros aquí, donde roe la polilla..."

Una de las líneas de fuerza importantes del mensaje evangélico es la trascendencia: lo de aquí es importante porque es camino para la Vida definitiva. Si deja de ser camino o lo entorpece, es un trágico error. Invertir lo que poseemos en vivir bien aquí, es tirar la vida.

2.- Cuando la riqueza se hace además ofensa para otros, Jesús se vuelve intransigente, amenazador. La expresión mejor es Lucas 16, 19, la parábola del rico banqueteador y el pobre Lázaro. La condena del rico es tajante, de las más duras de todo el evangelio. En la conclusión ("si no atienden a Moisés y a los profetas, aunque un muerto resucite no se convertirán") se muestra ya ese temor de Jesús por las consecuencias de la riqueza. Los que confían en las riquezas hasta el punto de perder la capacidad de compasión, están perdidos. Es casi imposible que se liberen.

3.- Pero, más allá de todo eso, está El Reino, y éste es el tema tratado en la escena de hoy. Un rico que cumple bien la ley se atreve a preguntar a Jesús "¿hay más?". Jesús se hace ilusiones con él, quizá ese hombre de buena voluntad se atreva a dar un paso más allá del cumplimiento de la Ley... Y le ofrece más: dedicarse por entero al Reino: "Deja todas esas cosas que te esclavizan, vente conmigo..." Pero era demasiado rico, se echó atrás.

Es aquí donde aparecen con claridad dos dimensiones reveladoras: el Reino como libertad, como sabiduría; el dinero como esclavitud. "Vende lo que tienes y dalo a los pobres" es sabiduría: así no tendrás tesoros en la tierra, donde roe la polilla, sino en el cielo. "Después ven, sígueme" es dedicarse a lo único que merece la pena, construir el Reino.

Jesús sabe bien que no es posible servir a dos señores: y que el dinero es señor. Nosotros creemos que lo usamos, pero es él quien nos usa; creemos que lo poseemos, pero es él quien nos posee. Jesús lo sabe muy bien, por eso empieza por plantearnos que decidamos a qué señor queremos servir. La elección es clara:

servir al dinero para morir sin nada <--  --> servir a Dios para morir rico.

Se puede formular de otra manera: ser esclavo y morir como esclavo, ser libre para vivir como hijo.

Esta es la razón por la que algunas personas, con una vocación muy especial, renuncian de hecho a toda posesión: para ser más libres, para poder dedicarse al Reino sin estorbos. Pero la mayoría de las personas no podemos hacerlo, tenemos que poseer, tenemos que usar de este bien peligroso. Para nosotros "vende lo que tienes y dalo a los pobres" no es una orden que podamos cumplir al pie de la letra, pero sí es un espíritu que marca nuestra forma de poseer y de usar. Un seguidor de Jesús usa el dinero, y todo lo que posee, con aprensión, porque sabe que es pegajoso, que tiende a apoderase de su espíritu y esclavizarlo.

Como en tantas cosas, hemos hecho una hábil distinción para suavizar esta palabra. Hemos pensado que se trata de aquellos que van a seguir un "estado de perfección", no de los "cristianos normales" que viven "en el mundo". Pero no es así: los que siguen a Jesús no son los religiosos o los sacerdotes; los que siguen a Jesús son los cristianos, la Iglesia. El llamamiento a seguir a Jesús es el llamamiento a todos.

Se trata simplemente de entender correctamente la expresión "dejarlo todo". Si esto significa no tener físicamente nada, es imposible para una vida normal. Pero no se trata de eso: se trata de no rendir culto, de no adorar, de no ser poseído por lo que se posee. Se trata de usar para la vida definitiva. Se trata de estar libre de corazón para usar bien, para compartir con quien lo necesita.

Se ha dicho, y muy bien dicho, que el dinero es un buen servidor y un mal amo. El dinero es un medio necesario para vivir, para sobrevivir. Con el dinero se puede comprar la subsistencia, la salud, la cultura ... Utilizado como servidor es estupendo. Pero tiene la habilidad de convertirse en amo. Entonces le servimos sólo a él, dejamos de ser personas que con-padecen, no lo consideramos talento recibido para todos sino medio de disfrutar; los judíos llegaban más lejos en su error y lo consideraban bendición de Dios. Y puede serlo: bendición peligrosa, porque, como de todo talento, podemos apoderarnos de él y usarlo sólo para nosotros; y entonces quedamos esclavizados por él, somos su servidores y quedamos imposibilitados para entrar en el Reino.

Dinero, prestigio, poder: los tres talentos más peligrosos que Dios puede darnos, los que más tienden a convertirse en nuestros señores. Por esta razón no los tenía Jesús. Por esta razón no los tenían las primeras comunidades. Y por esta razón nuestra Iglesia se parece tan poco al Reino, porque tiene dinero, prestigio y poder. Es llamativo, y sangrante, que la Iglesia, cuando habla de estos temas llega hasta a afirmar que "hay que hacer una opción preferencial por los pobres", confesando así, no sé si con ingenuidad o con hipocresía, que no es pobre. La nuestra no es una iglesia de pobres, sino una Iglesia rica que se preocupa de los pobres (a veces).

Pero Jesús avisó claramente que ser rico y entrar en el reino es casi imposible. Nosotros, la rica Iglesia de Occidente, creemos que hemos logrado el milagro, que nuestro camello ha pasado por el ojo de la aguja; es mentira: servimos ante todo al dinero, es decir, a nuestro nivel social, a no ser rechazado por el entorno, a vivir muy cómodamente. Lo hacemos con suficiente estilo como para no parecer ridículos, y dando de lo que nos sobra lo suficiente para no sentir demasiados remordimientos. Pero no entramos en el Reino. Los ricos, es decir nosotros, no entran en el Reino.

Es desde aquí desde donde podemos entender el "dichosos los pobres". No se trata de que los pobres sean buenos, no se trata de que Jesús alabe la miseria: se trata de que están mejor situados para entrar en el Reino, se trata de que los ricos lo tienen mucho más difícil.

Jesús trató con todos, ofreció el Reino a pobres que lo rechazaron (la mayor parte de los fariseos y los escribas andarían muy escasos de riqueza). Ofreció el Reino a ricos que lo aceptaron (Juana, Zaqueo). En los evangelios los pobres no son buenos y los ricos malos sin más. En el evangelio, ser rico es tenerlo muy difícil para aceptar los criterios y los valores de Jesús.

Por eso, Jesús fue pobre y libre. Por eso se pudo entregar enteramente al Reino. Y por eso, exactamente por eso, Jesús se dirige preferentemente a los pobres, a los pecadores y a los enfermos, porque ellos sienten necesidad de ser liberados y están por eso mismo en buenas condiciones para aspirar al Reino. Los ricos, los que se creen santos, los satisfechos, ni siquiera necesitan de Dios, "ya tienen su recompensa".

PARA NUESTRA ORACIÓN
Pero hay algo más, algo mucho más exigente: "a mí me lo hicisteis - a mí me lo dejasteis de hacer". La cómoda posesión, el disfrute de los bienes, en medio de un mundo en que los hijos de Dios se mueren de hambre por falta de esos bienes, es un insulto a Dios, Padre de todos.

Si entendemos correctamente la parábola de los Talentos, sabemos que yo tengo para que todos tengan, Dios me lo ha dado a mí porque cuenta conmigo para la solución de los problemas de todos. No pocas personas se preguntan: "¿cuánto tengo que dar?". En realidad están preguntando: "de lo que me sobra, después mantener el tren de vida habitual en mi sociedad, ¿qué tanto por ciento me justifica ante Dios?". A esa pregunta, Jesús no respondería más que con otra pregunta: "¿Cómo andas de compasión? ¿hasta qué punto te importa que miles de hermanos tuyos se mueran de hambre?"

Inmersos en una sociedad de abundancia, acostumbrados a niveles de vida que nos parecen normales, nos vemos retratados, una vez más, por las escenas del evangelio: quizá somos tan insensatos que sólo pensamos en poseer y disfrutarlo. Jesús piensa que estamos tirando la vida.

En resumen, el dinero, como todas las realidades de esta vida, (la salud, las cualidades...) es un medio, algo que me permite "comprar cosas". Podemos comprar cosas satisfactorias a corto plazo, pero no duraderas. El Evangelio invita a "invertir bien", desechando valores que al final nos dejarán sin nada. El código de valores de Jesús es el Sermón del Monte, y su núcleo, las Bienaventuranzas. Jesús es el modelo de los que "están en el Reino". Es grano de trigo enterrado para servir de alimento. Dejó su casa, su seguro oficio, su familia, para dedicarse del todo al Reino. No contaba con el dinero para difundir el Reino. Vivía de lo que le daban. No tuvo que hacer testamento. Se murió desnudo, sin más tesoros que los de su alma, los que le siguen a uno hasta la vida eterna.

ORACIÓN
Sugiero que recitemos juntos "el pregón del Reino", las Bienaventuranzas. Son los criterios de Jesús. Hagámoslo con humildad. Muy probablemente no son éstos, de hecho, nuestros criterios. Al recitarlas, pidamos a Dios que haga nuestro corazón semejante al de su Hijo.

Dichosos los pobres de espíritu,

porque de ellos es el reino de los cielos

Dichosos los mansos,

porque poseerán la tierra

Dichosos los que lloran,

porque serán consolados.

Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,

porque quedarán saciados.

Dichosos los misericordiosos,

porque alcanzarán misericordia

Dichosos los limpios de corazón,

porque verán a Dios.

Dichosos los que buscan la paz,

porque serán llamados hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,

porque de ellos es el Reino de los Cielos.



QUE PODRÍAMOS TRADUCIR LIBREMENTE ASÍ:

Cuánto más felices seríais si no necesitarais tantas cosas

Cuánto más felices seríais si vuestro corazón no fuese violento

Cuánto más felices seríais si aprendierais a sufrir

Cuánto más felices seríais si tuvierais hambre y sed de justicia,

Cuánto más felices seríais si aprendierais a perdonar y pedir perdón.

Cuánto más felices seríais si vuestro corazón fuera transparente

Cuánto más felices seríais si trabajarais por la paz

Y si os desprecian o persiguen por vivir así, ¡mucho más felices todavía!

José Enrique Galarreta, SJ.