miércoles, 22 de agosto de 2012

PREGUNTA DECISIVA - José Antonio Pagola


PREGUNTA DECISIVA - José Antonio Pagola

El evangelio de Juan ha conservado el recuerdo de una fuerte crisis entre los seguidores de Jesús. No tenemos apenas datos. Solo se nos dice que a los discípulos les resulta duro su modo de hablar. Probablemente les parece excesiva la adhesión que reclama de ellos. En un determinado momento, "muchos discípulos suyos se echaron atrás". Ya no caminaban con él.

Por primera vez experimenta Jesús que sus palabras no tienen la fuerza deseada. Sin embargo, no las retira sino que se reafirma más: "Las palabras que les he dicho son espíritu y son vida. Y con todo, algunos de ustedes no creen". Sus palabras parecen duras pero transmiten vida, hacen vivir pues contienen Espíritu de Dios.

Jesús no pierde la paz. No le inquieta el fracaso. Dirigiéndose a los Doce les hace la pregunta decisiva: "¿También ustedes quieren irse?". No los quiere retener por la fuerza. Les deja la libertad de decidir. Sus discípulos no han de ser siervos sino amigos. Si quieren puede volver a sus casas.

Una vez más Pedro responde en nombre de todos. Su respuesta es ejemplar. Sincera, humilde, sensata, propia de un discípulo que conoce a Jesús lo suficiente como para no abandonarlo. Su actitud puede todavía hoy ayudar a quienes con fe vacilante se plantean prescindir de toda fe.

"Señor, ¿a quién vamos a acudir?". No tiene sentido abandonar a Jesús de cualquier manera, sin haber encontrado un maestro mejor y más convincente: Si no siguen a Jesús se quedarán sin saber a quién seguir. No se han de precipitar. No es bueno quedarse sin luz ni guía en la vida.

Pedro es realista. ¿Es bueno abandonar a Jesús sin haber encontrado una esperanza más convincente y atractiva? ¿Basta sustituirlo por un estilo de vida rebajada, sin apenas metas ni horizonte? ¿Es mejor vivir sin preguntas, planteamientos ni búsqueda de ninguna clase?

Hay algo que Pedro no olvida: "Tú tienes palabras de vida eterna". Siente que las palabras de Jesús no son palabras vacías ni engañosas. Junto a él han descubierto la vida de otra manera. Su mensaje les ha abierto a la vida eterna. ¿Con qué podrían sustituir el Evangelio de Jesús? ¿Dónde podrán encontrar una Noticia mejor de Dios?

Pedro recuerda, por último, la experiencia fundamental. Al convivir con Jesús han descubierto que viene del misterio de Dios. Desde lejos, a distancia, desde la indiferencia o el desinterés no se puede reconocer el misterio que se encierra en Jesús. Los Doce lo han tratado de cerca. Por eso pueden decir: "Nosotros creemos y sabemos". Seguirán junto a Jesús.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Contribuye a despertar la fe en Jesús. Pásalo.
26 de agosto de 2012
21 Tiempo ordinario (B)Juan 6,60-69

fuente: 


TÚ SÍ TIENES PALABRAS DE VIDA

Las palabras de los políticos
están llenas de promesas vanas
y, aunque elocuentes
y con amplia acogida,
pasado el tiempo de campaña
se las lleva el viento de cada día,
pues son palabras ensayadas, vacías,
que ocultan ambiciones personales rastreras.

Tú sí tienes palabras de vida.

Las palabras de la publicidad
rara vez nos dicen la verdad;
pensadas para seducirnos
y llevarnos por los caminos del consumo
martillean nuestros sentidos
con astucia y persistencia;
son palabras ilusorias y engañosas,
vestidas para triunfar en el campo de batalla.
Tú sí tienes palabras de vida.

Las palabras de los predicadores
-curas, obispos y clérigos de toda índole-
ya no sorprenden a nadie,
pues nos llegan domesticadas
con tantas explicaciones e interpretaciones;
sus teológicas palabras sagradas
no liberan ni alegran nuestra vida;
más bien nos enredan y confunden.
Tú sí tienes palabras de vida.

Las palabras de los media
-prensa, radio, televisión e internet-
saturan cada día más
nuestro horizonte, tiempo y mente;
son tantas y tan diversas para satisfacer
curiosidad, morbo y polémica,
que en vez de informar nos desinforman
y no calman nuestra sed de verdad.
Tú sí tienes palabras de vida.

Hay quien usa la palabra
para halagar nuestros oídos,
para disfrazar sus intereses,
para mantenernos en la ignorancia,
para asentar su autoridad,
para descarnar la historia,
para camuflar mentiras,
para crear barreras...
Tú sí tienes palabras de vida.

Y nos interesas, Señor.

Florentino Ulibarri


LO CONTRARIO DE MORDER A OTRO: HAY QUE DEJARSE COMER - Fray Marcos
Jn 06, 60-69

Estamos en el final del cap. 6 del evangelio de Juan. Llega la hora del desenlace. La alternativa está clara: o acceder a la verdadera Vida, o permanecer enredados en la pura materialidad. Recordar lo que decíamos el primer día: no tomar ninguna decisión es mantener el camino fácil del hedonismo, en el que estamos. ¿Qué resultado tuvo la oferta?

Este modo de hablar es inaceptable. ¿Quién puede hacerle caso? Claro que son inaceptables estas palabras, para ellos y para nosotros. Van en contra de toda lógica. Quieren llevarnos más allá de lo razonable. Todo aquel que se deje guiar por el sentido común, se "escandalizará". Lo que nos pide Jesús es salir del ego y entregarse a los demás. ¡Qué disparate! Desde el punto de vista religioso, se trata de sustituir a Dios por el hombre. ¿Cómo podemos dejar de servir a Dios para dedicarnos a los demás? ¿No es el primer deber de todo ser humano dar "gloria" a Dios?

La incapacidad de comprender es consecuencia del afán de entender desde la carne. Y ojo, que no se trata de despreciar y machacar la carne. Entendido de esa manera maniquea, tampoco tiene ninguna salida el mensaje de Jesús. Se trata de descubrir que el verdadero sentido de la vida fisiológica y terrena, para un ser humano, el verdadero sentido de la carne, está en la trascen¬dencia; es decir, desplegar las posibilidades más sublimes que el ser humano tiene de crecer y ser más que simple biología. La vida terrena, caduca, transitoria, no puede ser meta para el hombre. La meta es deshacerse en la entrega total.

El espíritu es el que da vida, la carne no sirve para nada. Este versículo es clave para entender todo el capítulo. Aquí, carne y espíritu no se refieren a dos realidades concretas y opuestas, sino a dos maneras de afrontar la existencia humana. Solo una actitud espiritual puede dar pleno sentido a una vida humana. Vivir desde las exigencias de la carne sola, lleva consigo una limitación radical, y por lo tanto cercena la verdadera meta del ser humano.

En teoría se entiende muy bien y es aceptable, pero en la práctica, ¿quién de nosotros se cree, de verdad, que la carne no vale para nada? ¿Por qué luchamos? ¿Por qué nos esforzamos? ¿Cuál es nuestra verdadera preocupación?

Después de remachar por activa y por pasiva que había que comer su carne, ahora nos dice que la carne no vale para nada; que lo único que vale es el espíritu. Estas palabras nos obligan a hacer un esfuerzo sobrehumano para poder comprender lo que nos quiere decir Jesús. No es ninguna contradicción. Se trata de descubrir que el valor de la "carne" le viene de estar informada por el espíritu. Con el espíritu, la carne lo es todo. Sin el espíritu, la carne no es nada. De nuevo queda claro el profundo sentido que da Juan a la encarnación.

Las palabras (exigencias) que os he dicho son espíritu y son vida. Las palabras no tienen valor por sí mismas. Debemos ir más allá de las palabras y descubrir el espíritu al que ellas hacen referencia. Como en el discurso de Nicodemo y el de la Samaritana, la referencia al espíritu es clave para entender el mensaje de Jesús. "Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del espíritu es espíritu". "Dios es espíritu, y hay que acercarse a Él en espíritu y en verdad".

Todo el capítulo viene diciendo que él es el pan... Ahora nos dice que son sus palabras las que dan la Vida. Para un ser humano la única propuesta que le puede llevar a la plenitud es la que hace Jesús, con su Vida y con sus palabras.

Por eso os he estado diciendo que nadie puede llegar hasta mí si el Padre no se lo concede. El proyecto creador es del Padre que ofrecer al hombre la plenitud de Vida.

Jesús no hace más que ejecutarlo. Quién rechaza el proyecto de Dios, no aceptará nunca a Jesús. El espíritu es indispensable para entrar en la dinámica de la entrega/amor. Sin una experiencia de Dios, las palabras más sublimes se quedan en palabrería vacía. Ya decía Plotino: "Hablar de Dios sin una auténtica virtud, es pura palabrería".

Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. En este proceso de alejamiento entre Jesús y los que le escuchan, se da el último paso, el abandono. Fijaros bien que hasta ahora los que le criticaban y murmuraban eran "los judíos", ahora son "los discípulos" los que deciden abandonar a Jesús. Tal vez la mayoría de los oyentes ya le habían abandonado antes. Recordemos que todo el capítulo se ha planteado como un proceso de iniciación. Terminado el proceso, hay que tomar una decisión.

¿También vosotros queréis marcharos? Qué lejos está Jesús de la búsqueda, por todos los medios, de la aprobación general. Tanto los políticos como los medios lo condicionan todo a la audiencia. Lo importante es vender, a cualquier precio. Jesús acepta el reto que su doctrina provoca. Está dispuesto a quedarse completamente solo, antes que ceder un ápice en la radicalidad de su mensaje. La pregunta manifiesta un deje de profunda amargura. Pero también deja muy clara la convicción que tiene en lo que está proponiendo.

¿Con quién no vamos a ir? Tus exigencias comunican Vida definitiva. Pedro, da la única respuesta que puede darse a las palabras de Jesús: "Nosotros creemos". La inmensa mayoría de los que escuchan a Jesús, se sienten más seguros con el cumplimiento de la Ley, que con las promesas de nueva Vida que les hace.

En la multiplicación de los panes, eran cinco mil. Quedan doce. Más tarde, demostrarían que ellos tampoco lo entendieron. Para entenderlo tuvieron que pasar por la experiencia pascual. Antes de esa experiencia ni la gente, ni los discípulos, ni los doce entendieron nada. Juan deja claro que el fundamento de la Iglesia que se empieza a organizar, son los doce, y que Pedro es la cabeza que la dirige.

Debemos recordar que este mismo esquema de progresivo alejamiento se advierte en los sinópticos. En todos, Jesús empieza siendo aclamado con entusiasmo por la multitud, pero termina siendo abandonado por todos, incluido sus discípulos. "Todos le abandonaron y huyeron".

Si hoy en día nos declaramos cristianos dos mil millones de personas, se debe a que no se exige la radicalidad de su mensaje y estamos en el engaño de lo que nos puede dar, no en la conciencia de lo que nos exige. Si descubriéramos que la médula del mensaje de Jesús es que tenemos que dejarnos comer, ¿cuántos quedarían? Eso es precisamente lo que nos pide Jesús. Antes que morder a otro hay que dejarse comer.

En este discurso, Juan intenta aclarar las condiciones de pertenencia a la comunidad de Jesús: la adhesión a Jesús y la asimilación de su propuesta de amor. Su 'exigencia' es una dedicación al bien del hombre a través de la entrega personal.

El mesianismo triunfal queda definitivamente excluido. En contra de lo que se nos sigue diciendo, Jesús ni busca gloria humana o divina ni la promete a los que le sigan. Seguirlo significa renunciar a toda ambición, y aceptar la entrega total de sí mismo en beneficio de los demás.

Hoy seguimos ignorando la propuesta de Jesús. En nombre del evangelio seguimos ofreciendo unas seguridades derivadas del cumplimiento de unas normas. No se invita a los fieles a hacer una elección de la oferta de Jesús, porque no se les presenta dicha oferta. Hemos manipulado el evangelio para salir con la nuestra. No nos interesa el mensaje de Jesús, sino nuestros propios anhelos de salvación que no van más allá de la sola carne.

Hasta la eucaristía, que es el símbolo (sacramento) de la entrega, la hemos convertido en objeto de adoración, para evitar el compromiso de dejarnos comer. No queremos ni oír hablar de la realidad significada: el don de sí mismo.

Es descorazonador, seguir pensando que Dios está más presente en un trozo de pan, que en el ser humano que sufre y espera nuestra comprensión y ayuda. Es decepcionante que la celebración de la eucaristía, no tenga ninguna repercusión en nuestra vida real ni me exija cambiar nada.

Meditación-contemplación

"Tú tienes palabras de Vida eterna".
Tú manifiestas en tu vida, esa Vida plena y definitiva.
La experiencia pascual les llevó a hacer suya esa Vida.
No fue fácil superar el apego a las seguridades de su religión.
....................

Nosotros, con una religión tan anclada en la Ley como la judía,
no lo vamos a Tener más fácil que ellos.
También tenemos que arriesgarnos
y perder el miedo a lo desconocido que nos desborda.
...................

La oferta es absoluta: Vida definitiva.
No me debe extrañar que la exigencia sea también absoluta.
Conozco bien la oferta. Solo falta elegir...
Si no tomo una decisión, seguiré el camino de la nada.

Fray Marcos


MÁS ALLÁ DE LA MENTE - Enrique Martínez Lozano
Jn 06, 60-69

En una reciente tertulia radiofónica, tres participantes autoproclamados "científicos" abominaban de todo aquello que, viniera de donde viniera, no estuviera "científicamente demostrado". Uno de ellos llegó a afirmar que "el psicoanálisis es una patraña" y que, en cualquier caso, "se hace urgente rechazar de plano todo lo que no pase el filtro científico".

Es indudable que existen embaucadores que, con el fin de obtener un beneficio económico, y gracias a la credulidad de la gente, intentan colar como verdad lo que no es sino un camelo. Es cierto, igualmente, que ya no podemos renunciar a la razón crítica, si no queremos caer en la irracionalidad. Pero de ahí a establecer la ciencia como criterio último de verdad hay un salto, no solo inaceptable, sino profundamente nocivo.

Cuando ese salto se ha dado, se ha caído en el cientificismo, el racionalismo, el positivismo, el materialismo... Y la ciencia se ha convertido en una pseudo-religión, con sus dogmas, sus ritos, sus altares y sus gurús. Y, como ocurre en las religiones, todo ello quedaba a salvo de cualquier cuestionamiento, porque aparecía revestido de la aureola sagrada de la verdad: "lo dice la ciencia" había sustituido a "es palabra de Dios".

Los dogmas de esta nueva religión son muy simples y, como ocurre con todo dogma, se creen a priori, sin someterlos a ningún tipo de crítica. Los más básicos son los siguientes:

· La ciencia es la única verdad, y fuera de la ciencia no hay verdad (salvación).
· El modo supremo (o incluso único) de conocimiento es la razón.
· Solo existe aquello que la ciencia puede verificar; todo lo demás son supersticiones.

Para los "fieles" de esta nueva religión, se trata de "evidencias", y miran con desdén a quien se atreva a ponerlas en duda. Para quienes son capaces de tomar distancia, es claro que tales afirmaciones no son científicas, sino postulados metafísicos, es decir, creencias imposibles de falsar (y, por tanto, demostrar). Son, sencillamente, creencias pseudocientíficas sostenidas –en una paradójica ironía- por aquellos mismos tertulianos que abominaban de todo lo que fuera pseudocientífico.

Los postulados básicos del materialismo (y del cientificismo) son creencias metafísicas absolutamente indemostrables y peligrosamente reductoras. ¿En nombre de qué se puede sostener que no existe sino lo que puede ser comprobado "científicamente"? ¿Quién decide los límites de lo real? ¿Qué fundamento tiene la afirmación de que la razón es el modo supremo de conocimiento? ¿Dónde se apoya la arrogancia de que fuera de la ciencia no hay verdad?...

Es llamativo, además, que el cientificismo (o materialismo científico) ha sido ya cuestionado desde la misma ciencia: los descubrimientos incontestables de la física cuántica –que muchos "científicos" parecen desconocer- han hecho saltar por los aires los antiguos dogmas positivistas, abriéndonos a una percepción radicalmente diferente y "abierta" de la realidad.

El modelo racional de cognición (mental, dual, cartesiano) funciona admirablemente en el mundo de los objetos, pero es incapaz de ir más allá; cuando lo intenta, no hace sino objetivar toda la realidad, reduciendo y empobreciendo nuestra percepción.

Existe otro modo de conocer (no-dual), que nos pone directamente en contacto con aquella dimensión de lo real que escapa a la razón y la ciencia. Este es el terreno de la espiritualidad; y a la capacidad para adentrarse en él se le está empezando a llamar "inteligencia espiritual". (Para quien esté interesado en esta cuestión, sugiero la lectura de lo que he escrito en un libro que acaba de publicar la editorial PPC: "Vida en plenitud. Apuntes para una espiritualidad transreligiosa").

Cuando esta dimensión se olvida, se produce una amputación grave del ser humano, con consecuencias sumamente empobrecedoras para la vida de las personas, que son condenadas a una sensación de vacío y nihilismo. Es lo que ha ocurrido, en parte, en nuestro ámbito cultural: si bien la ciencia ha propiciado un desarrollo material inimaginable, el cientificismo ha empobrecido la experiencia humana hasta límites insostenibles.

Toda esta introducción puede servir para contextualizar el relato evangélico que hoy leemos. Jesús es el hombre sabio, que "ha visto" más allá de la mente. Desde esa experiencia, se percibe como no-separado de Dios, de los otros y de toda la realidad. Tal como hemos ido analizando en los comentarios de las semanas precedentes, Jesús sabe que "el Padre y yo somos uno" y que, por tanto, "esto (todo) soy yo". Y sabe también que esa comprensión es vida, alimento, plenitud: el "Reino de Dios".

Pero sus discípulos no "ven". Y desde la estrecha lectura mental, hacen cábalas sobre cómo puede ser que "este nos dé a comer su carne". Se han quedado en la materialidad de las palabras y son incapaces de captar el sentido profundo de las mismas.

En efecto, para la mente, Jesús puede ser incluso un "Dios" venido "de fuera"; se le puede convertir en "objeto de culto" e incluso creer que su cuerpo está físicamente presente en el pan consagrado... Sin embargo, todas esas "creencias" todavía no han captado la verdad profunda de sus palabras, que señalan a la Unidad de lo Real, tal como él lo percibe y lo vive.

El relato se cierra con las palabras de Pedro: "Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos. Y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios".

Pedro (el creyente) todavía no ha "visto". Pero, frente al abandono de otros discípulos desconcertados, que consideraban "inaceptable" el mensaje de Jesús, se siente "tocado" por la persona y la palabra de su maestro. Una y otra encuentran "eco" en su interior. Y lo que hace es fiarse de esa "resonancia" interna. De ese modo, muestra una actitud que parece la adecuada.

Incluso cuando todavía no se ha "visto", si somos capaces de acallar nuestras ideas y creencias –sean del tipo que sean-, nos iremos capacitando para escuchar "otra voz", que seguramente nos abrirá camino hacia la verdad. Es la voz de nuestro "maestro interior", que tiene "palabras de vida eterna". Porque ese "maestro" no es otro que el Espíritu o la Sabiduría que nos constituye como nuestra identidad última, y que se expresa en todo. Es la Sabiduría que habla por la boca de Jesús de Nazaret, y que despierta la atención y el interés de Pedro.

Y todo ello no será resultado de nuestro esfuerzo voluntarista, sino que lo percibiremos como Regalo o Gracia: "Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede". El "Padre" –la Fuente de la Sabiduría o la Sabiduría misma- no lo niega a nadie –es puro Darse y expresarse-, pero se requiere una actitud abierta, receptiva, acogedora...

Enrique Martínez Lozano