sábado, 16 de junio de 2012

Las últimas 3 cartas de Cucho, SJ.



Mensaje de Cucho a los amigos, amigas, jesuitas y familia.
(22 de abril de 2012)


Son las once y media de la noche del domingo 22 de abril.


Hoy ha sido el día más pesado desde que salí del hospital, ya ayer cumplí cinco semanas de la operación. Hoy es el día en que más débil me he sentido; a eso de las 11 de la mañana volví el estómago abundantemente.
No he tenido hambre, he comido muy poco.

A esta hora siento mucha molestia en el estómago, gases, acidez y, bueno pues, quiero aprovechar estos ratos para compartir algo de mi vida, con mis amigos, amigas, jesuitas, con mi familia.

Estoy solo en mi cuarto y quiero aprovechar para compartir algo…

Por un lado siento mucho desgaste físico, cansancio, debilidad, con la digestión muy difícil, sin apetito, me siento muy desgastado físicamente. Por otro lado, anímicamente, también me siento un poco desgastado, pero también es cierto que estoy básicamente en paz, sigo pidiéndole a Dios que me ayude a sanar, no solo mi cuerpo sino mi mente y mi espíritu. Le pido que me ayude a tener más fe, a que me dé fuerzas para vivir esto que estoy viviendo. Eso es lo que he estado pidiendo a Dios. También le sigo diciendo que estoy dispuesto a lo que venga. Que, aunque me entristece la posibilidad de dejar esta vida, también lo acepto, no sin tristeza, no sin dolor, pero lo acepto.

Como ya decía yo en mi primera carta, la muerte no es una tragedia aunque implique dolor y tristeza. Sigo creyendo en la resurrección, sigo confiando en el amor de Dios que está por encima de todos los dolores, de todas las limitaciones, de todas las fragilidades: sigo creyendo en la certeza de la resurrección.

Algo que quisiera dejar como mensaje para mi gente querida es que, en estas semanas, en verdad estoy muy agradecido por tanta expresión de cariño, visitas, llamadas, correos que pido disculpas por no responderlos; pero estoy muy agotado. Agradezco tanta y tanta expresión de cariño, y quizás eso es lo que quisiera dejarles como mensaje: que lo que realmente importa en la vida 2 es el cariño que se puede ir creando, trabajando, gestando poco a poquito, día a día. Desde lo más sencillo hasta lo más radical, eso es lo verdaderamente importante.

Dios es amor y a nosotros nos hizo precisamente para eso, para amar y ser amados, eso es lo único que importa. Claro que una expresión de ese amor, expresión importantísima, es la lucha por un mundo más hermoso, más amoroso, más justo y digno para todas y todos. Por supuesto que eso sigue siendo también central. Pero también me quiero fijar en el amor cotidiano, sencillo, el de todos los días; es un amor valiosísimo, es un amor indispensable, un alimento que no se puede sustituir: una llamada por teléfono, un correo, una visita, una palabra sencilla pero nacida del corazón. Es un alimento invaluable. Yo por eso los invito a que hagan todo lo posible por amar y dejarse amar, que se quiten todas las trabas, que busquen la manera de quitarse todo aquello que no les permite amar y ser amados más plenamente. Creo que eso, en estas semanas, me ha quedado cada vez más claro.

Le agradezco a Dios tanto y tanto cariño que me han dado. Sigo viendo que me cuesta trabajo recibirlo, ya no como antes, pero me sigue costando recibirlo. Por eso pido a Dios que siga sanando mi mente, mi corazón, mi espíritu, mi cuerpo, para dejar que ese amor habite en mí. Es lo que le pido a Dios para mí y todas y todos ustedes. Que nos permita liberarnos de todo aquello que no nos deja amar y ser amados. Es lo más importante, ahora lo veo con más claridad. No sé qué pase en estos próximos días, en estas próximas semanas pero lo que sí siento es que mi cuerpo se desgasta, mi organismo se desgasta. Entonces quiero aprovechar esta noche, noche de un día difícil -el más difícil después de mi operación‐. Quiero aprovecharlo para compartir esta verdad con ustedes.


Cucho sj .


Mensaje de Cucho a sus hermanos jesuitas y compañeros de la Compañía de Jesús especialmente de la Provincia Mexicana
(28 de mayo de 2012) 


Este mensaje es para todos mis hermanos y compañeros de la Compañía de Jesús, especialmente de la Provincia Mexicana.


La palabra que más claramente surge de mi corazón es “gracias”. Es una palabra muy sobada y, en el estilo Ignaciano, le decimos a Dios que muchas gracias por tanto bien recibido. Lo decimos mucho, muchas veces, pero esta frase no deja de estar llena de sentido. Y es lo que le quiero dar a la Compañía: ¡Gracias! Tanta gente tan hermosamente humana, tan hermosamente evangélica, que me fue ayudando, acompañando; que me fue formando como jesuita, gestando como jesuita. En verdad agradezco a Dios esta Espiritualidad de San Ignacio, que es una espiritualidad de vida, de libertad, de compromiso en el amor. Son tantas y tantas cosas por las que habría que agradecer…


[Tocan la puerta] 


Continúo con el mensaje a la Compañía de Jesús.
Decía, que hay muchas cosas que agradecer. Que esta espiritualidad y esta manera de vivir la vida es hermosa y rica. Y por eso quisiera también invitar a mis hermanos y compañeros a que la sigan haciendo rica, fructuosa, todos los días de su vida.


Si están oyendo esto o si lo están leyendo, pues ya estaré yo junto con Ignacio acompañándolos desde allá, desde el Reino, que es un Reino que no se olvida de este mundo. El otro día orando, reflexionando, decía que la Iglesia que ya está en el Reino; no puede ser una Iglesia gloriosa totalmente, porque todavía hay gente aquí en el mundo que necesita tanto, tanto amor, tanta justicia, tanta ayuda, tanta solidaridad.


El Reino en su plenitud, la Iglesia en su plenitud, es como la integración de las dos. La dinámica de este mundo y la dinámica de la eternidad. Y en ese sentido yo seguiré comprometido con la Compañía…


[Tocan la puerta]


Continúo con el mensaje a la Compañía. 


Entonces pues, les decía, que estando ya con Ignacio, con la Iglesia gloriosa, seguiremos luchando juntos, seguiremos construyendo el Reino juntos… ¡de todo corazón, muchas gracias! 


[Continúa en otro momento] 


No he mencionado ningún nombre concreto en mi mensaje a la Provincia, a la Compañía. Son muchos los jesuitas que han marcado mi vida.
Claro que hay gente con la que no fue fácil, hubo jesuitas con los que fue difícil sintonizarme, pero creo que con la inmensa mayoría fue una experiencia hermosa… [llanto] 


[Entre sollozos] 


No quiero decir nombres, pero Ustedes saben quiénes son… Ustedes saben, quiénes tocaron mi corazón.


¡Gracias, nuevamente gracias! 


Cucho sj 


Mensaje final del Cucho a todos sus seres queridos.
(4 de junio de 2012)


Hoy es lunes 4 de junio, como a eso de las 4:30 de la mañana. Hace unos minutos, después de una noche de mucha molestia en el estómago, acabo de volver el estómago, fue prácticamente pura sangre, yo supongo que son síntomas nada halagüeños. Y quiero dejar un mensaje final a todos mis seres queridos, a toda la raza querida: yo no sé qué suceda de aquí en adelante pero, suceda lo que suceda, quiero dejar otro mensajito sencillo sin ningún afán más que de compartir la vida y de seguirnos ayudando mutuamente.


Ya desde hace semanas, y desde la primera carta que les envié, aquella de que “no la hagan de pedo que la pedí de jamón”, yo mencionaba que una de las broncas de esta situación que he estado viviendo, esta situación de enfermedad, del cáncer… pues es, en buena medida, porque me descuidé. Hubo de parte mía una actitud poco responsable respecto de mí mismo, respecto de mi manera de comer, mi manera de trabajar, mi manera de no descansar. No fue toda la vida así pero sí prácticamente desde poco antes de entrar a la Compañía. Por allá del 73 empecé con un estilo de vida, más olvidándome de mí y, desde entonces, se vino una cadena de acontecimientos en donde mi salud se fue minando, minando; aunque aguantó mucho, ha aguantado mucho mi cuerpo realmente, mi organismo realmente es admirable. Si hiciera un recuento de todos los descuidos, desde los más sencillos hasta los más graves, de veras mi organismo ha sido heroico; pero parece ser que mi organismo ya no va a poder responderme. Solo con un milagro que Dios ahí va viendo si sea lo mejor.


Como saben, yo estoy en la libertad también de que, venga lo que venga, es bienvenido. Pero les decía que, en verdad, todo esto me ha llevado a pensar que la vida tiene un orden, tiene un orden en todos los sentidos, en todas las dimensiones: en todo. En el de la salud física se me hace muy obvio: si tú no le das un cuidado a tu cuerpo, pues tu cuerpo va a ser agredido y se va hacer una dinámica de estarlo lastimando… y tarde o temprano eso se va a mostrar. Tus capacidades se van disminuyendo y tus fuerzas se van menguando; y si eso pasa aunque lo cuides, pues cuando lo descuidas es peor. Entonces, estaba yo un día haciendo un recuento… y desde que yo me acuerdo que era niño, comía en exceso siempre… y entonces mi estómago, pues aguantó, aguantó y aguantó. Hasta que, haciendo cálculos hace unos tres años, empezó a expresar ese desgaste y yo no lo atendí suficientemente; yo creí que era algo sencillo pero se ve que fue algo que ya se iba agudizando.


La cosa es que Dios le ha puesto a este universo, a este mundo, un orden. Yo no le he llamado orden, quizás esa palabra a veces cuesta trabajo entenderla; pero en el fondo es lo mismo. Yo le he llamado dinámica de amor, lógica de amor, dinámica de vida plena, esos son los nombres que yo le he puesto a esto pero en el fondo es eso, que Dios realmente le ha puesto su impresión a esta su creación, incluyéndonos a nosotros. Nos ha impreso una dinámica, un orden, una lógica; como le queramos llamar, que viviéndola lo más posible, que encontrándole dónde está el secreto de la vida vamos a vivirla en plenitud. No en balde San Ignacio de Loyola dice que los Ejercicios Espirituales son precisamente para encontrar esos desórdenes, esa vida desordenada, para que encontrando el meollo en dónde está el desorden podamos entonces vivir plenamente la voluntad de Dios. Y sabemos que la voluntad de Dios es vida en abundancia.


Entonces yo, durante muchos años, a este nivel de comida fui un desordenado. Comí en “excesísimo”, fue demasiado lo que comí y aún en tiempos difíciles, de enfermedad, no me cuidaba suficientemente en la comida. Eso es una cosa importante que ahora reitero, y que desde hace rato quería compartir, pero esta noche con el vómito de la sangre, pues me quedó más claro que había que compartirlo ya. Entonces ahora valoro con más fuerza ese “para qué” de los Ejercicios: buscar el desorden, no para destruirlo sino para encauzarlo. Buscar dónde están mis afectos desordenados, en dónde están mis dinámicas desordenadas, mi lógica desordenada. Para que yo entonces, junto con Dios y mi comunidad, pueda construir un proyecto de vida que sea a Mayor Gloria de Dios, a mayor servicio a mis hermanos y hermanas y para mayor bien de mi alma. Buscar ese orden, esa lógica, esa dinámica y vivirla, sobre todo vivirla, es la clave de la vida plena.


Los invito a que, más pronto que tarde, inicien o reinicien o sigan fortaleciendo esa manera de vivir. Ojalá que Dios los siga ayudando; no ojalá, seguramente Dios los seguirá ayudando, seguramente Dios les estará impulsando y, bueno, ojalá que ustedes sean dóciles a ese impulso de Dios. ¡Déjense llevar por ese impulso de Dios que es de vida plena! 


Este orden, dinámica o lógica implica una vida integrada; quiere decir que yo necesito atender mi cuerpo, mi mente, mi espíritu, mi afectividad, mi ser social. Hay muchas maneras de dividir al ser humano; a mí me gusta ésta de cinco dimensiones, me gusta mucho; pero no importa cómo hagamos la división. Lo que importa es que nos demos cuenta de que somos varias dimensiones y que todas, absolutamente todas, son importantes.


Yo, en concreto, por ejemplo --‐porque ya me lo han preguntado--‐ una cosa que cambiaría de mi vida es haber aceptado más invitaciones a comer, claro, comiendo en orden. Vacaciones, ¿cuántas vacaciones rechacé por el pretexto del trabajo? Me hubiera gustado ir más al mar o a nadar, ya sea en alberca o en el mar. Visitar más Tapalpa, estar más con amigos y amigas, simplemente por el gusto y la inmensa riqueza de estar juntos, compartiendo la vida. Hubiera leído más, no cosas del trabajo, sino literatura que también me hubiera enriquecido más. Hubiera perdido más tiempo, por decirlo así, compartiendo lo más sencillo con mis seres queridos. Eso hubiera sido más integrador para mí. Dejar correr cariño no en el trabajo, en el compromiso; no solo en ello, sino dejar correr el cariño en lo sencillo. Por lo demás, hubiera seguido luchando muy fuertemente por cambiar este mundo; eso no lo hubiera dejado. Creo que lo modifiqué pero nunca lo dejé. Es más, es una modificación que, desde mi punto de vista, fue una modificación que enriqueció mi aporte para el Reino; entonces yo nunca deje de luchar por el reino de Dios, lo hice de maneras distintas; pero todas con la claridad de dar un aporte. Lo hubiera integrado más, con ese cariño más cotidiano, sencillo, de convivencia, del enriquecimiento de la amistad. ¡Eso hubiera hecho más! Disfrutar también más de la vida, claro, también sin exceso, porque eso sería el otro extremo.


Nuevamente pido perdón porque prácticamente no he respondido ya a ningún correo electrónico. Pero bueno, saben que están en mi corazón. 


Un gran abrazo, los amo intensamente, gracias por todo.

Cucho sj