jueves, 31 de mayo de 2012

EL MEJOR AMIGO - José Antonio Pagola


EL MEJOR AMIGO - José Antonio Pagola
Mt 28, 16-20

En el núcleo de la fe cristiana en un Dios trinitario hay una afirmación esencial. Dios no es un ser tenebroso e impenetrable, encerrado egoístamente en sí mismo. Dios es Amor y solo Amor. Los cristianos creemos que en el misterio último de la realidad, dando sentido y consistencia a todo, no hay sino Amor.

Jesús no ha escrito ningún tratado acerca de Dios. En ningún momento lo encontramos exponiendo a los campesinos de Galilea doctrina sobre él. Para Jesús, Dios no es un concepto, una bella teoría, una definición sublime. Dios es el mejor Amigo del ser humano.

Los investigadores no dudan de un dato que recogen los evangelios. La gente que escuchaba a Jesús hablar de Dios y le veía actuar en su nombre, experimentaba a Dios como una Buena Noticia. Lo que Jesús dice de Dios les resulta algo nuevo y bueno. La experiencia que comunica y contagia les parece la mejor noticia que pueden escuchar de Dios. ¿Por qué?

Tal vez lo primero que captan es que Dios es de todos, no solo de los que se sienten dignos para presentarse ante él en el templo. Dios no está atado a un lugar sagrado. No pertenece a una religión. No es propiedad de los piadosos que peregrinan a Jerusalén. Según Jesús, "hace salir su sol sobre buenos y malos". Dios no excluye ni discrimina a nadie. Jesús invita a todos a confiar en él: "Cuando oréis decid: ¡Padre!".

Con Jesús van descubriendo que Dios no es solo de los que se acercan a él cargados de méritos. Antes que a ellos, escucha a quienes le piden compasión porque se sienten pecadores sin remedio. Según Jesús, Dios anda siempre buscando a los que viven perdidos. Por eso se siente tan amigo de pecadores. Por eso les dice que él "ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido".

También se dan cuenta de que Dios no es solo de los sabios y entendidos. Jesús le da gracias al Padre porque le gusta revelar a los pequeños cosas que les quedan ocultas a los ilustrados. Dios tiene menos problemas para entenderse con el pueblo sencillo que con los doctos que creen saberlo todo.

Pero fue, sin duda, la vida de Jesús, dedicado en nombre de Dios a aliviar el sufrimiento de los enfermos, liberar a poseídos por espíritus malignos, rescatar a leprosos de la marginación, ofrecer el perdón a pecadores y prostitutas..., lo que les convenció que Jesús experimentaba a Dios como el mejor Amigo del ser humano, que solo busca nuestro bien y solo se opone a lo que nos hace daño. Los seguidores de Jesús nunca pusieron en duda que el Dios encarnado y revelado en Jesús es Amor y solo Amor hacia todos.

José Antonio Pagola
vgentza@euskalnet.net


Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde la fuerza del Evangelio. Pásalo.
3 de junio de 2012

Santísima Trinidad (B) 
Mateo 28, 16-20

fuente: 

TRINIDAD


Dios Padre,
tu querer da la vida
–el espacio, el aire, el cuerpo–
a todo lo creado,
a nosotros también aunque no lo sepamos,
desde el principio de los tiempos,
pasando por nuestros días,
hasta descansar en tu regazo.

Dios Hijo,
en tu palabra bulle la vida
que ayuda y consuela siempre al hermano;
se hace carne para el hambriento
y bebida para el sediento,
santifica y alegra nuestra vida
y es viático en nuestro vagar
hasta descansar en tu regazo.

Dios Espíritu Santo,
tu presencia es la brisa
que empuja la historia,
y a todos nosotros,
hacia la plenitud,
dándonos paz, justicia, verdad y amor;
tu brisa y nuestra historia nos llevan
a buscar la plenitud en tu regazo.

Florentino Ulibarri


¿QUÉ PODEMOS SABER SOBRE DIOS?
Fray Marcos

Es verdad que la Biblia dice que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, pero, en realidad, es el hombre el que está fabricando a cada instante un Dios a su medida. Es verdad que nunca podremos llegar a un concepto adecuado de lo que es Dios, pero no es menos cierto que muchas ideas de Dios pueden y deben ser superadas. Si ha cambiado nuestro conocimiento de la realidad, y ha cambiado nuestra manera de entender al hombre, será lógico que cambie también nuestra idea de Dios.

El Dios antropomórfico tiene que dejar paso a un Dios-Espíritu, cada vez menos cosificado.

Decir que la Trinidad es un dogma o que es un misterio, no hace más comprensible la formulación trinitaria. La verdad es que hoy no nos dice casi nada, y menos aún las explicaciones que se han dado a través de los siglos. Todas las teologías surgieron de una elaboración racional que siempre se hace desde una filosofía de la vida, determinada por un tiempo y una cultura. También la primitiva teología cristiana se desarrolló en el marco de una cultura y una filosofía, la griega. Pudo ser muy útil a través de la historia, pero no tenemos por qué atarnos a ella y negarnos a buscar otras maneras de comprender a Dios.

Cada día se nos hace más difícil la comprensión del misterio, entre otras cosas porque no sabemos qué querían decir los que elaboraron el dogma. Aplicar hoy a las tres personas de la Trinidad la clásica definición de Boecio: "individua sustantia, racionalis natura", es un poco ridícula, porque pretende aplicar a Dios la individualidad y la racionalidad propia del hombre. Dios no es un individuo, ni es una sustancia ni es una naturaleza racional.

La mayor dificultad para hablar de Dios como tres personas, la encontra¬mos en el mismo concepto de 'persona', que lejos de ser una constante a través de la historia, ha experimentado sucesivos y profundos cambios de sentido.

Desde el "prosopon" griego, traducido al latín por "persona", y que era en el origen la máscara que se ponían en el teatro para que "resonara" la voz; pasó luego a significar el personaje que se representaba. Al final terminó significando el individuo físico.

El sentido moderno de persona, es el de yo individual, conciencia subjetiva, es decir, el núcleo más íntimo del ser humano. En la misma raíz del significado está la limitación. Existe la persona porque existe la diferencia y por lo tanto la separación. Esto es imposible aplicárselo a Dios.

En los últimos años se está hablando del ámbito transpersonal. Creo que va a ser uno de los temas más apasionantes de los próximos decenios. Si el hombre está anhelando lo transpersonal, es ridículo seguir encasillando a Dios en un concepto personal, que siempre supone la limitación del propio ser.

En realidad, siempre que nos atrevemos a decir Dios es..., estamos expresando una idea, es decir, un ídolo. Seguimos creyendo que ídolo es una escultura o una pintura de Dios, pero también es un ídolo cualquier concepto que aplicamos a Dios.

El ateo sincero está más cerca del verdadero Dios, que los teólogos que creen haberlo atrapado en sus intrincados conceptos. Dios no es nada que podemos nombrar. El "soy el que soy" del AT, tiene mucha más miga de lo que parece. Dios es solo verbo, pero un verbo que no se conjuga, porque no tiene tiempos ni modos. Dios ES un inmenso presente que lo llena todo. Dios es la realidad que hace posible toda realidad creada. No tiene ni puede tener nombre; por lo cual, tampoco se le puede aplicar ningún adjetivo calificativo.

Hoy podemos comprender que Dios no se identifica con la creación, pero tampoco es nada separado de ella. De la misma manera que no podemos imaginar la Vida como algo separado del ser que está vivo. No podemos imaginar lo divino separado de todo ser creado, que, por el mero hecho de existir, está traspasado de Dios. En los últimos tiempos muchos pensadores llaman a esa conexión inextricable, "no dualidad".

Tampoco podemos decir que está donde actúa, porque tampoco puede actuar de una manera causal a semejanza de las causas segundas. La acción de Dios no podemos percibirla por los sentidos ni ser objeto de ciencia. Dios es acto puro y lo que hace se identifica con lo que es. Lo está haciendo todo de una vez, por lo tanto no puede empezar a hacer algo o dejar de hacer lo que está haciendo.

El Dios de Jesús no es el aliado de unos pocos que le caen en "gracia". No es el Dios de los buenos, de los piadosos, de los religiosos ni de los sabios, es el Dios de los excluidos y marginados, de los enfermos y tarados; incluso de los irreligiosos inmorales y ateos. Esta es una verdad que nos cuesta mucho aceptar a "los buenos".

El evangelio no puede ser más claro al respecto: "las prostitutas y los pecadores públicos os llevan la delantera en el Reino de Dios. El Dios de Jesús no aporta nada a los buenos que ya están salvados, pero llena de esperanza a los malos que necesitan salva¬ción. "No tienen necesidad de médico los sanos si no los enfermos; no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores".

El mensaje de Jesús escandalizó, porque hablaba de un Dios que se da a todos sin que tengamos que merecerlo. Para todo el que se cree bueno, eso es una muy mala noticia.

Para nosotros, es sobre todo la experiencia que Jesús tuvo de su Abba, lo que nos debe orientar en nuestra búsqueda. Jesús no se propuso inventar una nueva religión ni un nuevo Dios. Lo que intentó con todas sus fuerzas, fue purificar la idea de Dios que tenía el pueblo judío en su época. Ese esfuerzo le costó la vida. Jesús en todo momento quiere dejar claro, que su Dios es el mismo del AT. Eso sí, tan purificado y limpio de adherencias idolátricas, que da la impresión de ser una realidad completamente distinta.

La forma en que Jesús habla de Dios como amor-salvación para los hombres se inspira directamente en su experiencia personal. Naturalmen¬te esa vivencia no hubiera sido posible sin hacer suyo el bagaje religioso heredado de la tradición bíblica. En ella se encuentran ya claros chispazos de lo que iba ser la revelación de Jesús. La experiencia básica de Jesús fue la presencia de Dios en su propio ser. Descubrió que Dios lo era todo para él y decidió corresponder siendo él mismo todo para Dios. Tomó concien¬cia de la fidelidad de Dios y respondió vitalmente a esta toma de concien¬cia. Al atreverse a llamar a Dios "Abba", Jesús abre un horizonte completamente nuevo en las relaciones con el absoluto. Descubrió el Absoluto, en cada una de las criaturas, sobre todo en los oprimidos.

La base de toda experiencia religiosa reside en la condición de criaturas. El hombre se descubre sustentado por la permanente acción creadora de Dios. El modo finito de ser uno mismo, demuestra que no se da a sí mismo la existencia, por lo tanto, es más de Dios que de sí mismo. Sin Dios no sería posible nuestra existencia. Él es el único verdadero y sólido fundamento sin el cual, nada existe. El reconoci¬miento de nuestra limitación es el camino para llegar a la experiencia de Dios.

Jesús descubre que el centro de su vida está en Dios. Pero eso no quiere decir que tenga que salir de sí para encontrar su centro. Descubrir a Dios como fundamento, es fuente de una insospechada humanidad. La experiencia personal de Dios será el camino para la manifestación de la más alta humanidad.

Esta idea de Dios supone un salto sobre la idea del AT. Allí Dios era el Todopoderoso que hace un pacto al modo humano, y observa desde su atalaya a los hombres para ver si cumplen o no su "Alianza", y reacciona en consecuencia. Si la cumplen, los ama y los premia, si no la cumplen, los reprueba y castiga.

En Jesús, Dios actúa de modo muy diferente. Él es don absoluto e incondicional. Él es agape y se da totalmente. Es el hombre el que tiene que reaccionar al descubrir lo que Dios es para él. La fidelidad de Dios es lo primero y el verdadero fundamento de una actitud humana.

En las últimas décadas, muchos científicos han dado un vuelco en la manera de afrontar el problema de Dios. Del rechazo frontal de los últimos siglos al dios teísta de la religión, se ha pasado a la consideración de que la ciencia no lo explica todo. A pesar de los logros, seguimos sin poder explicar el origen del universo, la vida, la inteligencia, etc.

Pero sería completamente falso el creer que Dios está ahí porque lo necesitamos para explicar la realidad. Precisamente porque no necesitamos a Dios para cubrir nuestras necesidades materiales, estamos hoy en mejores condiciones para encontrar al verdadero Dios.

Dios no puede ser un "tú" en el mismo sentido que lo es otro ser humano. Dios sería más bien la realidad que posibilita el encuentro con un tú; es decir, sería como ese tú ilimitado que se experimenta en todo encuentro humano con el otro. A Dios nunca se le puede experimentar directa¬mente como tal tú, sin el rodeo del encuentro con un tú humano.

No se trata pues, de evitar a toda costa el vocabulario teísta (nos quedaríamos sin lenguaje sobre Dios), sino exponer con suficiente claridad el carácter analógico de todo lenguaje sobre Dios. Toda nuestra vida religiosa quedará afectada por estas ideas que acabamos de exponer, desde la oración hasta la esperanza en la vida futura.

Meditación-contemplación

La mejor pista nos la da Jesús: "yo y el Padre somos uno",
bien entendido que esto lo dijo como ser humano.
Jesús sigue siendo Jesús y Dios sigue siendo Dios,
pero toda diferencia ha desaparecido.
.......................
En su evangelio, Juan pone en boca de Jesús, una y otra vez: "Yo soy..."
Es la definición que da Dios de sí mismo desde la zarza.
Lo que sustituye, en cada caso, a los puntos suspensivos no tiene importancia.
Lo importante es que ha descubierto su ser.
................
Este es el único camino para conocer a Dios.
Descubrir que lo que Él es y lo que soy yo se identifican.
Solo si llego a descubrir lo que soy,
puedo llegar, no a conocer, sino a vivir lo que es Dios.
...............

Fray Marcos


LA REALIDAD ES TRINITARIA - Enrique Martínez Lozano

Bien podría decirse que el "ritmo" último de lo Real es trinitario: donación – acogida – movimiento que lo hace posible. Podemos apreciarlo en sus diversas manifestaciones. Y es lo que ocurre, por ejemplo, en el respirar: recibimos y entregamos gracias al movimiento que lo posibilita.

En realidad, lo que llamamos "tres momentos" son una sola y única realidad. Y así podemos percibirlo en todos los niveles de la realidad: un misterio de recibirse y entregarse, en el mismo movimiento.

En este sentido, me parece sabia la intuición del maestro Raimon Panikkar, cuando hablaba de la "realidad cosmoteándrica". Cosmos, humanidad y divinidad constituyen los "tres momentos", la "triple dimensión" de la Realidad Una. De tal manera que no puede darse el uno sin el otro. Hasta ahí llega el Abrazo no-dual.

En la tradición cristiana, si evitamos la trampa del dualismo mental, podremos "leer" el misterio de la Trinidad como expresión de la Realidad Una y, a la vez, diferente. Es decir, Trinidad sería otra forma de hablar de No-dualidad.

En el símbolo trinitario, el Padre es Darse, el Hijo es recibirse y el Espíritu es el Dinamismo que hace posible tanto la entrega como la acogida. Pero ese gran símbolo cristiano no se refiere a "tres personas individuales" –la trampa consistió precisamente en traducir "persona" por "individuo"- sino a la Realidad toda.

En el misterio de la Trinidad no queda nada fuera. De ahí la sabiduría de la "intuición cosmoteándrica": el "Padre" evoca la Fuente originante, que es puro darse en permanencia y "vaciarse" en el "Hijo", que es toda la realidad recibida (humana y material), en cuanto "formas" en las que se "vuelca" constantemente aquella Fuente. El "Espíritu" es el Aliento que, sin separación, une ambas "fases" de ese movimiento atemporal y eterno.

En ese sentido, puede hablarse de Dios como de un "éx-tasis" permanente. Más que sustantivo, Dios es verbo: un puro Darse y Recibirse, en el que todo (todos) está (estamos) incluido(s).

"Hijos en el Hijo", como señala la teología paulina, todos nosotros formamos parte de ese movimiento trinitario. Recibiéndonos constantemente, acertamos también en la medida en que nos entregamos. Por el contrario, cuando nos cerramos a la entrega, en un movimiento de apropiación. Y es eso mismo lo que envenena nuestra vida.

Lo que recibimos sin amarrarlo hace crecer nuestro espacio interior, hasta convertimos en cauce por el que fluye la Vida, el Espíritu.

Cuando, por el contrario, nos aferramos a las cosas, a las ideas, a la propia imagen, bloqueamos el proceso mismo, y nos situamos en contra de la "corriente trinitaria" de la Realidad.

Aprender a silenciarnos –meditar- no es otra cosa que adiestrarnos en el arte de recibirnos y de entregarnos, de acoger y de soltar.

Quizás por ello la (habitualmente) "primera" práctica meditativa no es otra que la respiración consciente. En la medida en que atendemos conscientemente la respiración, la mente se acalla, se va produciendo la unificación entre mente, cuerpo y presente, a la vez que se abre una espaciosidad interior, en la que reconocemos nuestra identidad más profunda.

Pero en esa misma práctica aprendemos que la Realidad entera participa de ese mismo movimiento respiratorio de recibirse y entregarse. Y lo que hacemos, aunque sea con distracciones, durante el tiempo de la práctica va a ir, progresivamente, "contagiando" el resto de nuestra vida y haciendo que vivamos cada vez más dentro de ese "movimiento trinitario".

El Misterio de la Trinidad –como todo misterio, por lo demás- no quiere ser una "información" para nuestra mente, que rápidamente lo convierte en una creencia objetivada (y a Dios, en tres "objetos" separados), sino una evocación que busca trascender la mente y una invitación para vivir conscientemente conectados a la Entraña misma de lo Real, sin ningún tipo de separación.

En esa conexión, se produce una experiencia unificadora: simultáneamente, nos anclamos en nuestra verdadera identidad, y nos sentimos unidos a todo lo que es. En la medida en que nos dejamos alcanzar por esa experiencia y vivimos conectados a ella, estamos participando conscientemente del Misterio de la Trinidad.

Estamos habitados, o quizás mejor constituidos, por una espaciosidad interior, atemporal e ilimitada, a la que podemos acceder de una manera inmediata y directa. No necesitamos buscarla, porque ya la somos. No la podemos pensar ni delimitar porque no es un objeto mental. Y solo cuando la somos, la conocemos. Es en ella donde se abraza todo el misterio de lo Real.

Al acceder a ella, reconocemos nuestra identidad profunda. No somos el yo que nuestra mente piensa –y que es únicamente una "idea del yo"-; no somos la suma de nuestros pensamientos, recuerdos, proyectos, sensaciones, sentimientos, deseos, necesidades, miedos, anhelos, aspiraciones...

No somos el yo que "reacciona" según lo que le llega del exterior o desde el propio psiquismo. Somos aquella misma Espaciosidad, dentro de la cual todo lo que acabo de nombrar son solo objetos que contiene y a través de los cuales, en este momento, se expresa.

Pero quería insistir en el hecho de que, si perdemos el contacto o bloqueamos esa espaciosidad con nuestras necesidades, nuestros miedos o nuestros pensamientos reductores, nos veremos encerrados en el laberinto de una falsa identidad, un auténtico callejón sin salida.

Algo parecido ocurre cuando nombramos o nos referimos a esa Realidad como "Dios". Dios es el nombre que las religiones dan a esa Espaciosidad que nos habita y constituye, por lo que nuestro fondo último no es distinto del Principio divino.

Ahora bien, si yo "ocupo" esa espaciosidad ilimitada con los nombres que mi mente le atribuye, con mis ideas o creencias religiosas en torno a Dios, y las absolutizo, puede suceder que mis palabras sobre Dios me impidan dejarle espacio.

De ese modo, estaré tan lleno u "ocupado" por mis creencias que no dejaré espacio para que Dios sea en mí. Me habré quedado con la palabra "Dios" –e incluso podré creerme muy "religioso"-, pero habré desconectado de la experiencia.

Creo que es esto lo que ocurre cuando personas religiosas hacen daño en nombre de Dios: no actúan desde Dios –aunque lo proclamen-, sino desde "su" idea o caricatura de Dios.

Cuando dejamos a Dios ser Dios en nosotros, de ahí no puede brotar otra cosa que no sea unificación y unidad, ecuanimidad y bondad.

En esa Espaciosidad interior que somos, nos reconocemos –junto con todos los seres- "bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo". Mateo lo percibió así, aunque lo restringió a un rito particular.

Estar "bautizados" en la Trinidad no es otra cosa estar insertos en ese movimiento universal de interrelación de todo, regido por el Darse y Recibirse en permanencia.

Es la Unidad a la que se refiere Jesús, como "En-manuel": "Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo". Todos estamos en todos, en la Espaciosidad una y compartida, en la que se desarrolla el despliegue trinitario.

Y en esa Espaciosidad que somos, cada cual vamos encontrando nuestro camino, el camino inédito al que se refería el poeta León Felipe:

"Nadie fue ayer
ni va hoy,
ni irá mañana
hacia Dios
por este mismo camino
que yo voy.
Para cada hombre guarda
un rayo nuevo de luz el sol...
y un camino virgen Dios".

Enrique Martínez Lozano