miércoles, 13 de junio de 2012

Dejarse amar sin trabas - Jesús Acosta González (Cucho) SJ

Lamentamos el sensible fallecimiento de nuestro queridísimo hermano el P. Jesús Acosta González, S.J. -Cucho-. Llegó a la Casa del Padre Bueno el día de hoy, 13 de junio, alrededor de las 3:00 de la mañana, falleció en la ciudad de México, a los 56 años


Esta tarde se celebrará una Eucaristía en sufragio de nuestro querido Cucho a las 19:00 hrs. en el Aula Magna del Conjunto San Ignacio. La dirección es: Matamoros #75 Col. Del Carmen, Coyoacán, México. D.F.

A Cucho le gustaba firmar sus correo electrónicos con una frase de José Ma. Castillo:
"El criterio determinante de la ortodoxia del creyente en el Dios de Jesús está en el compromiso y la seriedad que ponemos en aliviar el sufrimiento humano. Y también se mide por el empeño en lograr que quienes se encuentran con nosotros en la vida se sientan más felices de haber nacido" José María Castillo.

Gracias al Dios Bueno que nos permitió convivir contigo, Cucho, pues tu compañía nos ayudó a sentirnos más felices. Te vamos a extrañar, y nos volveremos a ver, tus palabras también nos inspiran y ayudan a sentir el Misterio de la Resurrección. 

20 de marzo de 1012. Acabo de leer la carta que escribe Cucho a amistades y familiares comentando su enfermedad. Me conmovió. Comparto esta carta para que pidamos por Cucho, para que en estos momentos se sienta llevado por nuestro Buen-Padre-Madre y se sienta lleno de Su Amor y Cariño. Pidamos por Cucho para que se siga dejando amar sin trabas por quien es Todo Amor. 



No la hagan de pedo, porque la pedí de jamón”
o nada ni nadie “podrá separarnos del amor de Dios
manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Rom 8, 39)

Jesús Acosta González (Cucho) SJ

18 de marzo de 2012.

Lo primero es explicar el título. Lo saqué de un chisté que va más o menos así: un señor chaparrito fue a comparar una torta, el mostrador estaba muy alto y los que atendían el puesto no lo veían. Él pidió una torta de jamón, pero por más que insistía “mi torta, mi torta”, no le hacían caso, entonces una persona que estaba a su lado le dijo “oye te la están haciendo de pedo”, y él respondió muy apurado “!no, no yo la pedí de jamón!” Hasta aquí el chiste.

            Para mí este chiste es una especie de parábola de lo que he vivido en estos meses a partir de que me descubren el cáncer el 28 de octubre, después de la operación del estómago. Durante todo este tiempo he recibido un montón de muestras de cariño: oración, visitas, llamadas por teléfono, correos, recados… Y esto me ha ayudado a mantener la paz, el ánimo, el deseo de vivir. Pero también me ha sucedido algo simpático. Mucha gente al preguntarme ¿cómo estás? ¿cómo te sientes? Yo respondo con la verdad: bien, los efectos negativos de la quimio son mínimos, etc. Y la reacción de muchos y muchas era de duda “¿de veras?” Era una respuesta muy común. Fue tan repetitiva esta situación que me saturó, era como si yo mintiera y así ocultar la verdad con la intención de no preocupar  a quien me preguntaba. En algunos momentos reaccioné visceralmente, después tuve que pedir perdón. Reflexionando sobre esto comprendí que para la mayoría hablar de cáncer y de quimioterapia representa un panorama desalentador y casi trágico. Pero la verdad es que mi calidad de vida ha sido bastante buena. Y por otro lado me quedaba muy claro que detrás de la preocupación está el cariño, cosa que agradezco harto. Por eso el título, es una invitación a vivir este proceso desde la certeza del amor acompañante de mamá-papá Dios, porque desde este amor todo, absolutamente todo tiene sentido

El Dr. Lara (oncólogo) me dijo que mi calidad de vida se debía a tres factores: 
1.   Que la dosis de quimioterapia semanal era eficaz pero no tan agresiva, pudo programar las sesiones para cada tres semanas pero la dosis hubiera sido mucho más agresiva.
2.    Las medicinas para contrarrestar  los efectos negativos-
3.    Finalmente, que mi organismo era muy fuerte, a pesar de la diabetes.

Yo le agregué un cuarto factor, el amor de Dios a través del amor de mi familia, mis amigas y amigos. Es decir el factor espiritual. Él me respondió que había un quinto factor, el anímico, yo le comenté que ese lo incluía en el espiritual.

            Otra situación fue el que mucha gente me decía que le estaban pidiendo a Dios para que me curara, o también decían que debía confiar en que Dios lo puede todo, cosas así. Pero yo me resistía a esta imagen de “varita mágica”. En una platica con el Patacho (nuestro provincial) me decía que habría que preguntarle a Dios cuál era su voluntad, tal vez Dios ya me quería llevar consigo. Pero también me resistí a esa imagen del Dios que decide el día en que debo morir. Pero le hice caso, porque creo que la intención del Patacho era que tuviera presente el escenario del término de mi vida como algo muy posible. Llevé la pregunta unas 5 veces a la oración y la respuesta contundente y consistente “Yo quiero que tengas vida y la tengas en abundancia”, más claro ni el agua, no importa si son 5 meses o 10 años, lo que importa es que se viva en plenitud.

Estas situaciones me han hecho reflexionar algunas cosas y se las quiero compartir:
1.      La muerte no es una tragedia. Por su puesto es algo doloroso pero desde la perspectiva cristiana es pascua, paso a la vida en su plenitud, la resurrección.

Aquí les comparto una experiencia que tuve en 1996 durante mis EE de mes en la tercera probación.  Haciendo la primera contemplación de  la resurrección, donde Ignacio propone que contemplemos cómo Jesús se le hace presente a su mamá, María. En los evangelios no está ese pasaje, pero si tenemos tres dedos de frente y tres dedos de corazón, como Ignacio, sabremos que la primera persona que recibió esa bella buena nueva no podría ser otra que María de Nazaret. La cosa es que yo estaba en mi cuarto, cuarto piso de nuestra casa en Puente Grande, desde mi ventana veía el inmenso y hermoso árbol Laurel de la india, inicié la contemplación imaginando a María llorando desconsoladamente en el huero de los Olivos, donde Jesús, días antes le pedía al Padre no tener que pasar por lo que ya estaba ahí inminente, la muerte. Me metí a la escena como lo propone Ignacio, ya estando ahí, a unos 10 metros de María,  vi como Jesús resucitado caminaba hacía su mamá, había muchas hojas y arbustos y por eso Jesús hacía ruido, yo lo veo él me mira con una mirada pícara y me hace una señal poniendo su dedo índice en la boca, para indicarme que no le avise a su mamá. A partir de ese momento mamá-papá Dios tomo en sus manos el proceso de la contemplación. Llega a ella y la toca en el hombre, ella voltea pero no lo reconoce porque tiene la mirada cegada de tanto llanto. Jesús le dice “mamá”, entonces ella brinca a sus brazos y pasa del llanto desgarrador a las lágrimas de la alegría, lo llena de besos, lo abraza con todo su amor. Jesús le dice “ya ves mamá la muerte no triunfó, papá-mamá Dios cumplió su promesa, pues es el Dios de la vida” Yo, lleno de alegría, lloraba. Después Jesús le dice a María que le tenía una sorpresa, ella le contestó “¿otra?” Jesús hace una señal con su mano indicando para que alguien se acerque, María voltea hacia donde Jesús señalaba y vio a José, ella no cabía de alegría y sorpresa, corrió para encontrarse con José y se fundieron en un abrazo, él la lleno de su amor. Yo seguía llorando de ternura. Jesús se suma y hacen un abrazo entre los tres. Después de un rato Jesús, voltea verme y me invita a unirme a ellos, perplejo me señalo a mi mismo diciendo ¿yo?, Jesús me dice, “claro tocayo, tú”, me acerco y me fundo en ese abrazo. Al rato me dice Jesús, “a ti también te tengo un sorpresa, hace una señal pidiendo que alguien se acerque, volteo y eran Mechitas, mi mamá, y Habacuc, mi papá. Corro lleno de emoción, los beso, me besan, nos abrazamos.  Jesús nos invitó a hacer un abrazo entre los seis, y así estuvimos un rato hermosísimo. Al raro Jesús me dice, “bueno tocayo ya debes regresar”, yo no quería irme, pero no había de otra. Me fui alejando poco a poco caminando hacía atrás mirándolos feliz y agradecido, hasta que de repente me ubico en mi cuarto, veo el Laurel de la india, ya estaba de vuelta a la conciencia cotidiana. Siento frío y veo que estoy empapado desde el cuello hasta las rodillas, mi ropa mojada como si la hubiera metido al agua, pero era el rastro de mis lágrimas. Veo el reloj ¡¡¡4 horas!!!, yo creía que habían sido minutos, hice mi examen de la oración, sin duda una inmensa consolación (que por cierto sigue muy presente hasta hoy) Baje al comedor y ahí me abordaron dos compañeros jesuitas, me dijeron “¿dónde estabas? Fuimos a búscarte tocamos tu puerta y no abriste”, no quise explicar lo que había pasado simplemente les dije que andaba en el jardín orando. Otra sorpresa, nunca los oí tocar mi puerta. Impresionante contemplación.

Desde entonces mi convicción en la resurrección no me la quita nada ni nadie. Por eso para mi la muerte no es una tragedia. Cuando eso me suceda, llegaré a la casa de mamá-papá Dios a la fiesta eterna.

            Otra convicción que fortalece mi fe es que Dios es especialista en amar, y esto se expresa en su voluntad de salvar, perdonar, redimir, liberar. Para decirlo en claro, morir significa llegar directamente al Reino en su máxima expresión. Por supuesto que no hay limbo, purgatorio y mucho menos infierno. Así que no la hago de pedo porque la pedí de chorizo verde (acuérdense que soy del Oro, Estado de México)

2.      Durante estos meses no le he pedido a mamá-papá Dios que me cure del cáncer. Mi oración ha sido “dame tu amor y tu gracias que eso me basta” (Ignacio), otra: “mamá-papá aquí estoy para hacer su voluntad, denme su a mor y su gracia que eso me basta”. El 28 de diciembre fui a la Villa, junto con el querido padre José Luis Soriano, al llegar a los pies de la morenita surgió desde lo más intimo de mi corazón una petición “morenita ayúdame a tener más fe, a confiar más en mamá-papá Dios, a estar más cerca de tu hijo” Mis ojos llenos de lágrimas, mi corazón lleno de paz.

Esto no quiere decir que yo no creo en la posibilidad de que la oración hermosa y solidaria no sirve, al contrario, por supuesto que la buena vibra, como decimos ahora, ayuda y mucho. Por eso cuando la raza me dice que está orando por mi  yo digo gracias y síganlo haciendo. Pero yo no veo a mamá-papá haciendo milagros con varita mágica, sí creo que la unión de tanto amor y tanta fe (mamá-papá, la raza, yo) puede transformar la realidad, pero no sólo, también además de orar hay que tupirle, a Dios rogando y con el mazo dando, dice la sabiduría popular, Ignacio lo dice más o menos así: hacer las cosas como si sólo dependieran de mi y esperar que se de el fruto como si sólo dependiera de Dios. Esta actitud me llena de paz.

En las últimas semanas mi oración la he modificado. A finales de febrero me hicieron los estudios donde salió que al parecer el páncreas ya estaba tocado por el cáncer, esta noticia me cayó de peso, me sentí desilusionado, cansado. Me había sentido tan bien que nunca me imaginé esta nueva situación. En la noche del viernes ya en mi cama para dormir, me surgió desde lo hondo la petición a mamá-papá de que me curara del cáncer, pero me sentí muy incoherente, hasta con algo de vergüenza como diciéndome “no que Dios no es varita mágica”

En los días siguientes siguió brotándome esa petición y me seguí sintiendo incoherente. Le estuve dando vueltas a esa moción y vino la luz. Por un lado me sentí invitado a dejar a Dios ser Dios, es decir, mamá-papá es mucho más grande que la imagen que me puedo hacer de ella-él. Me sentí invitado a abrir mi mente, mi corazón a ese Dios inmanipulable, siempre en movimiento, VIVO, amoroso, increíblemente gratuito y generoso. Es como si mamá-papá me dijera “Chuchín querido, déjate amar sin trabas”. Por otro lado, si yo creo firmemente que mamá-papá es el Dios de la vida y que lo que mejor le sales es dar vida, liberar, perdonar, salvar, sanar y eso es lo que comparto en los EE, en los talleres, conferencias que doy entonces caigo en la cuenta de que no es incoherente que yo le pida salud. Pero el matiz está en que hay que pedirlo con la famosa indiferencia ignaciana: no pedir más vida larga que corta; más salud que enfermedad; más riqueza que pobreza, sino sólo aquello que es más gloria de Dios. Es decir dejar a Dios ser Dios y yo ser un hijo de Dios. En una relación sana, madura de tú a tú, de mamá-papá a un hijo muy querido, yo me sé y me experimento como Jesús en su bautismo al escuchar“este es mi hijo amado, en quien me complazco” (Jn 3,17)

 Por eso mi oración ahora es: “mamá-papá aquí estoy para hacer tu voluntad, dame tu amor y tu gracia que eso me basta.  Sana mi mente, mi corazón, mi cuerpo, mis heridas  para mayor gloria tuya, para el mayor servicio a mis hermanas y hermanos y para mayor bien de mi alma”. Y la paz ha vuelto, me siento plenamente coherente. Entonces seguiré haciendo todo como si sólo dependiera de mí pero confiando en esa presencia amorosamente sabia, hermosamente creativa, increíblemente gratuita de mamá-papá.

3.      Mi herida. Quiero compartirles luces que me han llegado a través de la oración y la reflexión sobre la raíz de mi cáncer. Esta reflexión la inicié cuando mi amadísima sobrina Dinorah, me sugirió que le preguntara al cáncer qué me quería decir.

Cuando tenía unos 8 años mi mamá me mandaba a buscar a mi papá a las cantinas (era alcohólico). Yo no podía negarme porque ella era una figura muy importante para mí tanto de afecto como de autoridad. Resignado, con miedo, enojo, fui a buscar a mi papá, cuando por fin lo encontré sentí muchísima tristeza al ver a mi papá perdidamente alcoholizado, y me también me llené de vergüenza. Esta situación se repitió varias veces. Una noche pensé que si me acostaba temprano y tapándome totalmente evitaría que mi mamá me enviara, pero me equivoqué.  Ella me destapaba y me enviaba a esa misión tan desgarradora para mí. El miedo, el enojo, la tristeza, la vergüenza iban en aumento, pero además se sumó el deseo enorme de que mi papá muriera, pero en seguida llegó una culpa inmensa. La herida ya estaba arraigada en mí. A partir de ahí aprendí a sobrevivir negando los sentimientos, y además se implantó en mi mente que la salida a las situaciones difíciles, tristes, dolorosas, etc. era desaparecer la causa. Pero la realidad, con otras experiencias, me fue mostrando que yo no tenía ese poder, tuve que resignarme. Y la herida se agigantó, con el paso del tiempo al ver que no podía desaparecer personas y situaciones que me eran conflictivas y dolorosas concluí que entonces el que podía desaparecer, huir, desvanecerse era yo, eso sí  lo podía decidir.

Otra cosa que se arraigó en mi mente y en mi corazón con esta y otras situaciones es que yo era un ser utilizable por los demás, que para ganarme el aprecio de los demás debía hacer cosas aún en contra de mis deseos, necesidades, de mi dignidad, de mi integridad física, psicológica y  espiritual

Y ahí inicié un proceso de autodestrucción que fue en aumento a lo largo de mi vida. Esto es lo que está como causa, raíz del cáncer y del deterioro sistemático de mi salud, esto es lo que me enseño a vivir un estilo de vida desintegrado, como si la vida fuera unidimensional, como si sólo importara el activismo feroz, despreciando mis otras dimensiones y sus necesidades.

Con esto no quiero decir que desprecio lo que viví como servicio, entrega, esfuerzo por donar mi vida a la construcción del Reinado de Dios, lo que quiero decir es que ese servicio lo viví muy desintegrado de mis otras dimensiones como hijo de Dios. Si en ese tiempo hubiera tenido la conciencia que tengo hoy por supuesto que me hubiera comprometido de la misma manera intensa, apasionada, con gran sentido pero con un estilo de vida más integrado e integrador.

Hasta aquí este compartir vida. Espero continuar después de la operación. Un abrazo con harto cariño.

Su hermano y compañero,
Cucho, SJ


México, D.F. 21 marzo 2012

Raza muy amada:

Hasta hoy me doy el espacio para escribirles. Ya puedo pasar más tiempo sentado frente a la computadora, con menos molestias y menos dolor después de la operación. Disculpen que no responda a cada un@ y que lo haga más colectivamente, pero va con un amor muy singular para cada un@.

               En la operación el fregoncísimo (traduciendo: humano, muy capaz profesionalmente y amorosamente solidario) Dr. Manuel Gallo me abrió, vio y decidió, responsablemente, ya no hacer nada, pues era más peligroso hacerlo por lo extendido del cáncer. La alopatía me ofrece quimioterapia paliativa, es decir solamente para hacer que el avance del cáncer sea más lento. El lunes, cuando salí del hospital, hablé con Patacho y le comenté que mi decisión es ya no entrarle a la quimio pero sí a otras alternativas y en eso estoy ya activa y libremente entrándole.

               Mucho de lo que compartiré ahora será recogiendo algo de lo que ustedes me han comunicado. Va pues.

               Quiero decir desde lo más profundo de mi corazón GRACIAS, a cada un@ de ustedes por su cariño, cercanía, solidaridad, su fe, su esperanza. Gracias por su vida presente en mi vida. Cada quien a su estilo, a su manera ha sido y es parte fundamental de la presencia hermosa, refrescante de Dios en mi vida. Sigo creyendo que este factor ha sido la fuente  inagotable de mi paz. Este ir y venir de compartirles es invaluable, es cuando me doy más cuenta por qué el mandamiento del amor es lo más importante para Jesús y para mamá-papá Dios.

Otra cosa es que “no hacerla de pedo” no quiere decir evadir el dolor, la tristeza, las lágrimas. No es una invitación a la negación, sino a la esperanza realista, a asumir la realidad, esperanzada y muy amorosamente, en medio del dolor y las lágrimas, la realidad toda, con toda su riqueza y hermosura y también con todas sus fragilidades y sinsabores. Porque, nuevamente, todo tiene sentido desde la dinámica amorosa de mamá-papá.

Ariadna, una amada amiga, me dijo que tenía cierto temor de que yo estuviera enojado con mi cuerpo por estar enfermo. Yo le contesté que al contario, estoy agradecido que este cuerpo tan noble que a pesar de mi descuido, negligencia sistemática sigue en pie, sigue resistiendo. La moción es: siento un enorme agradecimiento por este cuerpo, me siento cuestionado por él y el deseo es incorporarme a su esfuerzo por vida en abundancia. Mi cuerpo me dice “yo tengo todavía energía y vida, únete más decididamente a esta dinámica”. Gran consolación. Y en eso estoy, ya inicié dos tratamientos alternativos y en breve le entraré a otros. Y todo esto en la misma tónica de indiferencia ignaciana, hacer todo como si solo dependiera de mí y esperar el fruto como si sólo dependiera de mamá-papá; y pedir sólo aquello que sea mayor gloria de Dios, mayor servicio para mis herman@s y mayor bien para mi alma.

No es una prueba de Dios. Lo que estoy viviendo por supuesto que no me lo manda Dios como prueba y muchos menos como castigo, no es el estilo de mamá-papá. Entiendo que esta manera de pensar propone que Dios, al probarnos, es como una intervención “pedagógica” para que nosotros salgamos más maduros, más fortalecidos de dichas pruebas. Yo no lo creo así. Aunque Ignacia así lo veía: “el que está en desolación considere cómo el Señor le ha dejado en prueba en sus potencias naturales…” [EE 320] Comprendo a Ignacio como un hombre de su tiempo, con una teología que para nosotros está superada en muchos aspectos. Yo creo que las pruebas son normales porque así somos los seres humanos, algo nos va a pasar: un accidente, una crisis, broncas, conflictos, pérdidas, enfermedades… No recuerdo si es de Juan Arias o de José María Castillo una idea que les comparto ahora: ya no podemos seguir creyendo en un Dios que ante la ya de por si difícil tarea de ser humano este Dios nos carga más con pruebas, castigo, etc. NO, Dios no nos llena de lápidas pesadas, más bien está de nuestro lado para salir lo más airosos posible en esta aventura de ser sus hij@s. Este es el Dios que se nos reveló en Jesús.

Ayer (21 marzo) me visitó una gran amiga, Cecilia Rivero Borrell rscj, me regaló su último disco que se llama “Elije la vida”, y estoy escuchando la canción que le da el título el disco al momento de escribir esta carta. Transcribo la parte que me mueve: “Con la sed de volver a abrazar la palabra de eterna confianza y amante presencia de aquel que sostiene nuestro corazón y sin pedir nada nos dice siempre que elije la vida, te quiero con vida…” Cecilia no sólo me regaló su música sino también me alimentó la esperanza y fortaleció mi fe en mamá-papá Dios de la vida en plenitud.

Quiero terminar estas palabras con un dicho que  me compartió Cecilia, que refleja mi sentir más hondo: “triste y jodido me encuentro porque las penas de la vida cansan pero, ah cabrón, cuando levanto el vuelo ni las chingadas águilas me alcanzan”. Y ahora pongo una cita del libro “un Dios parea el 2000” de Juan Arias, que es la misma idea pero en lenguaje “decente”: “No, el dolor encoge, encabrona, paraliza, desalienta. Que después haya personas capaces de salir a flote del dolor sin perecer, con fortaleza de ánimo, es sólo mérito de su fuerza interior. Lo que ensancha el alma, lo que te hace volar, crear, crecer, madurar, es la dicha. Cristo pidió a gritos que Dios le alejara de sus labios el cáliz del dolor. Uno puede hasta morir de felicidad, y puede aceptar la muerte para hacer felices a otros, pero quien se suicida lo hace sólo por angustia, cuando en la balanza de su alma advierte que es preferible la muerte que seguir viviendo de aquel modo, sin felicidad posible.” (Capítulo XIV, más o menos por la página, en el párrafo que se titula “el Dios que no ama el dolor”)

Un enorme y cariñoso abrazo. 
Cucho sj
Jesús Acosta González

PD: algún@s me han preguntado si pueden pasar la carta anterior, claro que se puede. Todos mis comunicados se pueden compartirse.

Mensaje de Cucho a los amigos, amigas, jesuitas y familia.
(22 de abril de 2012)


Son las once y media de la noche del domingo 22 de abril.


Hoy ha sido el día más pesado desde que salí del hospital, ya ayer cumplí cinco semanas de la operación. Hoy es el día en que más débil me he sentido; a eso de las 11 de la mañana volví el estómago abundantemente.
No he tenido hambre, he comido muy poco.

A esta hora siento mucha molestia en el estómago, gases, acidez y, bueno pues, quiero aprovechar estos ratos para compartir algo de mi vida, con mis amigos, amigas, jesuitas, con mi familia.

Estoy solo en mi cuarto y quiero aprovechar para compartir algo…

Por un lado siento mucho desgaste físico, cansancio, debilidad, con la digestión muy difícil, sin apetito, me siento muy desgastado físicamente. Por otro lado, anímicamente, también me siento un poco desgastado, pero también es cierto que estoy básicamente en paz, sigo pidiéndole a Dios que me ayude a sanar, no solo mi cuerpo sino mi mente y mi espíritu. Le pido que me ayude a tener más fe, a que me dé fuerzas para vivir esto que estoy viviendo. Eso es lo que he estado pidiendo a Dios. También le sigo diciendo que estoy dispuesto a lo que venga. Que, aunque me entristece la posibilidad de dejar esta vida, también lo acepto, no sin tristeza, no sin dolor, pero lo acepto.

Como ya decía yo en mi primera carta, la muerte no es una tragedia aunque implique dolor y tristeza. Sigo creyendo en la resurrección, sigo confiando en el amor de Dios que está por encima de todos los dolores, de todas las limitaciones, de todas las fragilidades: sigo creyendo en la certeza de la resurrección.

Algo que quisiera dejar como mensaje para mi gente querida es que, en estas semanas, en verdad estoy muy agradecido por tanta expresión de cariño, visitas, llamadas, correos que pido disculpas por no responderlos; pero estoy muy agotado. Agradezco tanta y tanta expresión de cariño, y quizás eso es lo que quisiera dejarles como mensaje: que lo que realmente importa en la vida 2 es el cariño que se puede ir creando, trabajando, gestando poco a poquito, día a día. Desde lo más sencillo hasta lo más radical, eso es lo verdaderamente importante.

Dios es amor y a nosotros nos hizo precisamente para eso, para amar y ser amados, eso es lo único que importa. Claro que una expresión de ese amor, expresión importantísima, es la lucha por un mundo más hermoso, más amoroso, más justo y digno para todas y todos. Por supuesto que eso sigue siendo también central. Pero también me quiero fijar en el amor cotidiano, sencillo, el de todos los días; es un amor valiosísimo, es un amor indispensable, un alimento que no se puede sustituir: una llamada por teléfono, un correo, una visita, una palabra sencilla pero nacida del corazón. Es un alimento invaluable. Yo por eso los invito a que hagan todo lo posible por amar y dejarse amar, que se quiten todas las trabas, que busquen la manera de quitarse todo aquello que no les permite amar y ser amados más plenamente. Creo que eso, en estas semanas, me ha quedado cada vez más claro.

Le agradezco a Dios tanto y tanto cariño que me han dado. Sigo viendo que me cuesta trabajo recibirlo, ya no como antes, pero me sigue costando recibirlo. Por eso pido a Dios que siga sanando mi mente, mi corazón, mi espíritu, mi cuerpo, para dejar que ese amor habite en mí. Es lo que le pido a Dios para mí y todas y todos ustedes. Que nos permita liberarnos de todo aquello que no nos deja amar y ser amados. Es lo más importante, ahora lo veo con más claridad. No sé qué pase en estos próximos días, en estas próximas semanas pero lo que sí siento es que mi cuerpo se desgasta, mi organismo se desgasta. Entonces quiero aprovechar esta noche, noche de un día difícil -el más difícil después de mi operación‐. Quiero aprovecharlo para compartir esta verdad con ustedes.


Cucho sj .


Mensaje de Cucho a sus hermanos jesuitas y compañeros de la Compañía de Jesús especialmente de la Provincia Mexicana
(28 de mayo de 2012) 


Este mensaje es para todos mis hermanos y compañeros de la Compañía de Jesús, especialmente de la Provincia Mexicana.

La palabra que más claramente surge de mi corazón es “gracias”. Es una palabra muy sobada y, en el estilo Ignaciano, le decimos a Dios que muchas gracias por tanto bien recibido. Lo decimos mucho, muchas veces, pero esta frase no deja de estar llena de sentido. Y es lo que le quiero dar a la Compañía: ¡Gracias! Tanta gente tan hermosamente humana, tan hermosamente evangélica, que me fue ayudando, acompañando; que me fue formando como jesuita, gestando como jesuita. En verdad agradezco a Dios esta Espiritualidad de San Ignacio, que es una espiritualidad de vida, de libertad, de compromiso en el amor. Son tantas y tantas cosas por las que habría que agradecer…

[Tocan la puerta] 

Continúo con el mensaje a la Compañía de Jesús.
Decía, que hay muchas cosas que agradecer. Que esta espiritualidad y esta manera de vivir la vida es hermosa y rica. Y por eso quisiera también invitar a mis hermanos y compañeros a que la sigan haciendo rica, fructuosa, todos los días de su vida.

Si están oyendo esto o si lo están leyendo, pues ya estaré yo junto con Ignacio acompañándolos desde allá, desde el Reino, que es un Reino que no se olvida de este mundo. El otro día orando, reflexionando, decía que la Iglesia que ya está en el Reino; no puede ser una Iglesia gloriosa totalmente, porque todavía hay gente aquí en el mundo que necesita tanto, tanto amor, tanta justicia, tanta ayuda, tanta solidaridad.

El Reino en su plenitud, la Iglesia en su plenitud, es como la integración de las dos. La dinámica de este mundo y la dinámica de la eternidad. Y en ese sentido yo seguiré comprometido con la Compañía…

[Tocan la puerta]

Continúo con el mensaje a la Compañía. 

Entonces pues, les decía, que estando ya con Ignacio, con la Iglesia gloriosa, seguiremos luchando juntos, seguiremos construyendo el Reino juntos… ¡de todo corazón, muchas gracias! 

[Continúa en otro momento] 

No he mencionado ningún nombre concreto en mi mensaje a la Provincia, a la Compañía. Son muchos los jesuitas que han marcado mi vida.
Claro que hay gente con la que no fue fácil, hubo jesuitas con los que fue difícil sintonizarme, pero creo que con la inmensa mayoría fue una experiencia hermosa… [llanto] 

[Entre sollozos] 

No quiero decir nombres, pero Ustedes saben quiénes son… Ustedes saben, quiénes tocaron mi corazón.

¡Gracias, nuevamente gracias! 

Cucho sj 


Mensaje final del Cucho a todos sus seres queridos.
(4 de junio de 2012)


Hoy es lunes 4 de junio, como a eso de las 4:30 de la mañana. Hace unos minutos, después de una noche de mucha molestia en el estómago, acabo de volver el estómago, fue prácticamente pura sangre, yo supongo que son síntomas nada halagüeños. Y quiero dejar un mensaje final a todos mis seres queridos, a toda la raza querida: yo no sé qué suceda de aquí en adelante pero, suceda lo que suceda, quiero dejar otro mensajito sencillo sin ningún afán más que de compartir la vida y de seguirnos ayudando mutuamente.

Ya desde hace semanas, y desde la primera carta que les envié, aquella de que “no la hagan de pedo que la pedí de jamón”, yo mencionaba que una de las broncas de esta situación que he estado viviendo, esta situación de enfermedad, del cáncer… pues es, en buena medida, porque me descuidé. Hubo de parte mía una actitud poco responsable respecto de mí mismo, respecto de mi manera de comer, mi manera de trabajar, mi manera de no descansar. No fue toda la vida así pero sí prácticamente desde poco antes de entrar a la Compañía. Por allá del 73 empecé con un estilo de vida, más olvidándome de mí y, desde entonces, se vino una cadena de acontecimientos en donde mi salud se fue minando, minando; aunque aguantó mucho, ha aguantado mucho mi cuerpo realmente, mi organismo realmente es admirable. Si hiciera un recuento de todos los descuidos, desde los más sencillos hasta los más graves, de veras mi organismo ha sido heroico; pero parece ser que mi organismo ya no va a poder responderme. Solo con un milagro que Dios ahí va viendo si sea lo mejor.

Como saben, yo estoy en la libertad también de que, venga lo que venga, es bienvenido. Pero les decía que, en verdad, todo esto me ha llevado a pensar que la vida tiene un orden, tiene un orden en todos los sentidos, en todas las dimensiones: en todo. En el de la salud física se me hace muy obvio: si tú no le das un cuidado a tu cuerpo, pues tu cuerpo va a ser agredido y se va hacer una dinámica de estarlo lastimando… y tarde o temprano eso se va a mostrar. Tus capacidades se van disminuyendo y tus fuerzas se van menguando; y si eso pasa aunque lo cuides, pues cuando lo descuidas es peor. Entonces, estaba yo un día haciendo un recuento… y desde que yo me acuerdo que era niño, comía en exceso siempre… y entonces mi estómago, pues aguantó, aguantó y aguantó. Hasta que, haciendo cálculos hace unos tres años, empezó a expresar ese desgaste y yo no lo atendí suficientemente; yo creí que era algo sencillo pero se ve que fue algo que ya se iba agudizando.

La cosa es que Dios le ha puesto a este universo, a este mundo, un orden. Yo no le he llamado orden, quizás esa palabra a veces cuesta trabajo entenderla; pero en el fondo es lo mismo. Yo le he llamado dinámica de amor, lógica de amor, dinámica de vida plena, esos son los nombres que yo le he puesto a esto pero en el fondo es eso, que Dios realmente le ha puesto su impresión a esta su creación, incluyéndonos a nosotros. Nos ha impreso una dinámica, un orden, una lógica; como le queramos llamar, que viviéndola lo más posible, que encontrándole dónde está el secreto de la vida vamos a vivirla en plenitud. No en balde San Ignacio de Loyola dice que los Ejercicios Espirituales son precisamente para encontrar esos desórdenes, esa vida desordenada, para que encontrando el meollo en dónde está el desorden podamos entonces vivir plenamente la voluntad de Dios. Y sabemos que la voluntad de Dios es vida en abundancia.

Entonces yo, durante muchos años, a este nivel de comida fui un desordenado. Comí en “excesísimo”, fue demasiado lo que comí y aún en tiempos difíciles, de enfermedad, no me cuidaba suficientemente en la comida. Eso es una cosa importante que ahora reitero, y que desde hace rato quería compartir, pero esta noche con el vómito de la sangre, pues me quedó más claro que había que compartirlo ya. Entonces ahora valoro con más fuerza ese “para qué” de los Ejercicios: buscar el desorden, no para destruirlo sino para encauzarlo. Buscar dónde están mis afectos desordenados, en dónde están mis dinámicas desordenadas, mi lógica desordenada. Para que yo entonces, junto con Dios y mi comunidad, pueda construir un proyecto de vida que sea a Mayor Gloria de Dios, a mayor servicio a mis hermanos y hermanas y para mayor bien de mi alma. Buscar ese orden, esa lógica, esa dinámica y vivirla, sobre todo vivirla, es la clave de la vida plena.

Los invito a que, más pronto que tarde, inicien o reinicien o sigan fortaleciendo esa manera de vivir. Ojalá que Dios los siga ayudando; no ojalá, seguramente Dios los seguirá ayudando, seguramente Dios les estará impulsando y, bueno, ojalá que ustedes sean dóciles a ese impulso de Dios. ¡Déjense llevar por ese impulso de Dios que es de vida plena! 

Este orden, dinámica o lógica implica una vida integrada; quiere decir que yo necesito atender mi cuerpo, mi mente, mi espíritu, mi afectividad, mi ser social. Hay muchas maneras de dividir al ser humano; a mí me gusta ésta de cinco dimensiones, me gusta mucho; pero no importa cómo hagamos la división. Lo que importa es que nos demos cuenta de que somos varias dimensiones y que todas, absolutamente todas, son importantes.

Yo, en concreto, por ejemplo --‐porque ya me lo han preguntado--‐ una cosa que cambiaría de mi vida es haber aceptado más invitaciones a comer, claro, comiendo en orden. Vacaciones, ¿cuántas vacaciones rechacé por el pretexto del trabajo? Me hubiera gustado ir más al mar o a nadar, ya sea en alberca o en el mar. Visitar más Tapalpa, estar más con amigos y amigas, simplemente por el gusto y la inmensa riqueza de estar juntos, compartiendo la vida.
Hubiera leído más, no cosas del trabajo, sino literatura que también me hubiera enriquecido más. Hubiera perdido más tiempo, por decirlo así, compartiendo lo más sencillo con mis seres queridos. Eso hubiera sido más integrador para mí. Dejar correr cariño no en el trabajo, en el compromiso; no solo en ello, sino dejar correr el cariño en lo sencillo. Por lo demás, hubiera seguido luchando muy fuertemente por cambiar este mundo; eso no lo hubiera dejado. Creo que lo modifiqué pero nunca lo dejé. Es más, es una modificación que, desde mi punto de vista, fue una modificación que enriqueció mi aporte para el Reino; entonces yo nunca deje de luchar por el reino de Dios, lo hice de maneras distintas; pero todas con la claridad de dar un aporte. Lo hubiera integrado más, con ese cariño más cotidiano, sencillo, de convivencia, del enriquecimiento de la amistad. ¡Eso hubiera hecho más! Disfrutar también más de la vida, claro, también sin exceso, porque eso sería el otro extremo.

Nuevamente pido perdón porque prácticamente no he respondido ya a ningún correo electrónico. Pero bueno, saben que están en mi corazón. 

Un gran abrazo, los amo intensamente, gracias por todo.


Cucho sj .