jueves, 16 de febrero de 2012

CURADOR DE LA VIDA - José Antonio Pagola


CURADOR DE LA VIDA - José Antonio Pagola

Jesús fue considerado por sus contemporáneos como un curador singular. Nadie lo confunde con los magos o curanderos de la época. Tiene su propio estilo de curar. No recurre a fuerzas extrañas ni pronuncia conjuros o fórmulas secretas. No emplea amuletos ni hechizos. Pero cuando se comunica con los enfermos contagia salud.

         Los relatos evangélicos van dibujando de muchas maneras su poder curador. Su amor apasionado a la vida, su acogida entrañable a cada enfermo, su fuerza para regenerar lo mejor de cada persona, su capacidad de contagiar su fe en Dios creaban las condiciones que hacían posible la curación.

         Jesús no ofrece remedios para resolver un problema orgánico. Se acerca a los enfermos buscando curarlos desde su raíz. No busca solo una mejoría física. La curación del organismo queda englobada en una sanación más integral y profunda. Jesús no cura solo enfermedades. Sana la vida enferma.

         Los diferentes relatos lo van subrayando de diversas maneras. Libera a los enfermos de la soledad y la desconfianza contagiándoles su fe absoluta en Dios: "Tú, ¿ya crees?". Al mismo tiempo, los rescata de la resignación y la pasividad, despertando en ellos el deseo de iniciar una vida nueva: "Tú, ¿quieres curarte?".

         No se queda ahí. Jesús los libera de lo que bloquea su vida y la deshumaniza: la locura, la culpabilidad o la desesperanza. Les ofrece gratuitamente el perdón, la paz y la bendición de Dios. Los enfermos encuentran en él algo que no les ofrecen los curanderos populares: una relación nueva con Dios que los ayudará a vivir con más dignidad y confianza.

         Marcos narra la curación de un paralítico en el interior de la casa donde vive Jesús en Cafarnaún. Es el ejemplo más significativo para destacar la profundidad de su fuerza curadora. Venciendo toda clase de obstáculos, cuatro vecinos logran traer hasta los pies de Jesús a un amigo paralítico.

         Jesús interrumpe su predicación y fija su mirada en él. ¿Dónde está el origen de esa parálisis? ¿Qué miedos, heridas, fracasos y oscuras culpabilidades están bloqueando su vida? El enfermo no dice nada, no se mueve. Allí está, ante Jesús, atado a su camilla.

         ¿Qué necesita este ser humano para ponerse en pie y seguir caminando? Jesús le habla con ternura de madre: «Hijo, tus pecados quedan perdonados». Deja de atormentarte. Confía en Dios. Acoge su perdón y su paz. Atrévete a levantarte de tus errores y tu pecado. Cuántas personas necesitan ser curadas por dentro. ¿Quién les ayudará a ponerse en contacto con un Jesús curador?

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Contagia tu fe en el perdón de Dios. Pásalo.
19 de febrero de 2012
7 Tiempo ordinario (B)
Marcos 2, 1-12

fuentes:


TÚ NOS SALVAS
  
No has venido a juzgar nuestros fallos y tonterías
sino a buscar a quien anda extraviado,
defender a quien está acusado,
liberar a quien está aprisionado,
curar a quien está herido,
acoger a quien está desamparado,
lavar a quien está manchado,
sanar a quien está enfermo,
levantar a quien ha caído,
salvar a quien se siente culpable,
perdonar a quien ha pecado,
devolver la dignidad a quien la ha perdido.

Tú que crees en nosotros,
Tú que esperas de nosotros,
Tú que nos amas más que nosotros mismos,
Tú que eres mayor que todos nuestros pecados,
recréanos y danos un futuro nuevo y mejor.
  
 F. Ulibarri

Mc 2, 1-12
"Tus pecados quedan perdonados. Coge tu camilla y vete a casa".

NO PIERDAS EL TIEMPO PIDIENDO PERDÓN A DIOS.
PERDÓNATE A TI MISMO Y PERDONA SIEMPRE A LOS DEMÁS.

CONTEXTO

Jesús vuelve a Cafarnaúm. También hoy, Jesús habla a la gente, pero sigue Marcos sin decirnos de qué les habla. Una vez más, tenemos que adivinar el mensaje a través de los hechos.

Por primera vez, en el evangelio de Marcos, se habla de la oposición de los letrados, que se repetirá en los próximos textos. Los tres sinópticos relatan esta curación del paralítico, lo cual manifiesta que era recordado en todas las tradiciones.

EXPLICACIÓN

El mensaje del episodio del paralítico es muy parecido al que leímos el domingo pasado del leproso. También al leproso se le perdonaron los “pecados”, puesto que el sacerdote le tenía que declarar puro. El paralítico era considerado impuro, porque se creía que toda enfermedad era castigo de Dios por los pecados. Ambos estaban impedidos de ser plenamente humanos.
        
Toda la escena del paralítico, se desarrolla en “casa”, no en el templo. El templo era el paradigma de la institución, pero había dejado de ser el lugar de la presencia de Dios, porque los dirigentes utilizaban su organigrama para oprimir a la gente. El relato nos dice que Dios está con el hombre, no en lugares sagrado sino allí donde desarrolla su actividad normal; donde lucha, donde sufre, donde llora.
        
“Llegaron cuatro llevando a un paralítico...” El paralítico y los cuatro portadores representan a todos los que vienen en busca de salvación. Jesús les ofrece esa salvación dándoles vida.

La muchedumbre apelotonada, les impide llegar hasta Jesús. Israel que había sido cauce de salvación, es ahora el obstáculo para alcanzarla. El pueblo elegido (la puerta), está ahora obstruida, no permite el paso.
        
“Viendo la fe que tenían”. No se trata de una fe religiosa, sino de una confianza manifestada en las acciones. Jesús descubre la fe en los que lo llevan, pero habla al enfermo que no podía ni moverse. La fe, adhesión a Jesús, no sólo cancela el pasado de injusticia, sino que abre la posibilidad de nueva vida.

A primera vista, parece que van buscando la salud física, pero Jesús se dirige al enfermo hablándole de la salud integral. Como ya dijimos, si toda enfermedad se debía al pecado, no hay por qué distinguir entre sanar y perdonar. Jesús tampoco quiere distinguir, y empieza por lo verdaderamente importante.
        
“Tus pecados quedan perdonados”. No le dice: yo te perdono; ni siquiera, Dios te perdona, como interpretan los fariseos, sino “tus pecados quedan perdonados”.

El verbo griego (aphiemi) significa soltar, desatar, dejar libre; pero también “pasar por alto, no hacer caso”. Para mí, éste último, es el significado más adecuado. Tus pecados no son tenidos en cuenta. Es una manera excelente de expresar lo que es el perdón de Dios. Tu actitud presente es lo importante. Lo anterior no cuenta para Dios. No debe contar tampoco para ti.

Los letrados están instalados protegidos por la gente que les rodea. Representan la doctrina oficial, que no acepta la novedad de Jesús. Una y otra vez se dice que su “razonamiento” es interior (en su corazón). Todo apunta a que su presencia es solo simbólica. Son todos los presentes los que piensan como los letrados.
        
“Para que veáis que “el Hijo de Hombre” tiene poder en la tierra para perdonar...” Hijo de hombre es una expresión aramea que significa simplemente “hombre”. En este caso es muy importante descubrir que Jesús actúa como ser humano, no como Dios.

Para entender bien esta frase, no hay que olvidar la inseparabilidad de la enfermedad y del pecado. También la curación y el perdón del pecado son inseparables. No se trata de una demostración añadida de poder, sino de una declaración: para que veáis que ya está curado. Jesús realiza una sola acción que tiene dos efectos, uno invisible: perdón de los pecados y otro visible y constatable: la curación del paralítico.
        
“Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa”. Removida la causa, se quita el efecto. Nada se hubiera conseguido si hubiera quitado el efecto sin eliminar la causa.

Lo que hace el paralítico, que aún no se había enterado de que estaba curado, es demostrar con hechos la realidad. La movilidad no es un milagro añadido, sino la consecuencia del perdón. En el momento que toma conciencia de que Dios le ama, empieza a caminar.
        
APLICACIÓN

Los “letrados” tenían razón al pensar que solo Dios puede perdonar pecados. Pero lo que nos dice Jesús, es que Dios no puede no perdonar. Él es perdón y está perdonando siempre.

Por lo tanto, cualquier “hombre” puede perdonar pecados, porque únicamente se trata de convencer al otro de que Dios le ama.

La "buena noticia" de Jesús se resume en este mensaje: Dios es amor incondicional y para todos.

Para los fariseos, Dios era justo. Tenía que pagar a cada uno su merecido. Hoy, seguimos aferrados a esta idea farisaica. También hoy, se llama blasfemo al que se atreve a predicar el perdón. No nos damos cuenta de la monstruosidad de esa postura. Indirectamente estamos diciendo que si Dios me perdona es porque me lo he merecido. ¡Absurdo!
        
El tema del pecado y del perdón, es uno de los más embrollados de nuestra religión. Toda la doctrina que nos han enseñado sobre ambos, tiene muy poco que ver con el evangelio. En ella hemos proyectado sobre Dios nuestro concepto de justicia, y nos hemos olvidado de que el Dios de Jesús es amor. Para nosotros la justicia es restablecer un equilibrio que se ha roto por una injusticia. Creemos que “pecado” es hacer daño al otro, y tenemos que resarcir al otro de ese daño.

La cosa se complica aún más cuando pensamos que ese otro es Dios y que pecado es hacerle daño. Para salir del pecado, tenemos que pagar a Dios la ofensa o, peor todavía, que otro tiene que pagar por nosotros...
        
Pecado es una actitud contraria al bien del hombre. Cuando uno peca, se daña, en primer lugar, a sí mismo; no hace falta que nadie le castigue. Ya se ha castigado él mismo.

El daño al otro no es el pecado, sino la consecuencia del pecado. Pecado no es el acto concreto con el que he hecho daño a otro o a mí mismo. Pecado es una actitud que me deteriora como ser humano.

Una confesión que solo tiene en cuenta el acto y no afecta para nada a la actitud, será completamente estéril.

Esta falsa concepción del pecado, es la que nos impide entrar en la dinámica del evangelio. La justicia humana trata de reparar un daño que se ha infringido a otro, y no puede ir más allá. Eso para Dios no tiene sentido. Para Dios todo está siempre en equilibrio, en ningún momento se da una situación de injusticia. Por eso el Dios de Jesús busca al pecador que es el verdaderamente dañado, impedido, muerto, para sacarle de esa situación de inhumanidad.         
        
Pecado en el AT, era errar el blanco; en el doble sentido de apuntar a un blanco falso o apuntar a un blanco acertado, pero errar por falta de entrenamiento. ¡Mucha atención! En ambos casos el yerro se debe a una realidad anterior al hecho mismo de disparar.

Un fallo no se arregla con sacrificios o lamentos; menos aún con perdón o comprensión venido de fuera. Si descubro que voy por un camino que me lleva al abismo, la única solución es que abandone el camino y emprenda otra dirección. ¿De qué me serviría lamentarme o pedir comprensión, si no abandono la trayectoria?

Si creemos que el perdón consiste en que Dios cambie su actitud para con nosotros, y resulta que eso es imposible, porque Dios ni puede, ni tiene nada que cambiar; y por nuestra parte no se produce ningún cambio en nosotros, porque lo único que buscamos es que nos quiten el pecado sin modificar la actitud, ¿en qué se queda la confesión puramente verbal, que todos hemos practicado tantas veces?
        
La opresión, activa o pasiva (el pecado del mundo), es la causa de toda parálisis que impide al hombre ser él. Solo el mal moral tiene verdaderamente capacidad de paralizar absolutamente. El mal físico (una enfermedad, un accidente o algún daño causado por otro) solo paraliza cuando la persona no es auténticamente persona.

En contra de lo que se oye con demasiada frecuencia, nunca como hoy se ha tenido más clara conciencia del pecado, del único que existe, la opresión. Cada vez más los cristianos, sobre todo los jóvenes, se niegan a ver pecados mortales por todas partes. Dentro y fuera del cristianismo, está creciendo la conciencia de injusticia y opresión que invade nuestra sociedad. Éste es el único pecado contra el que debemos luchar en nombre del evangelio.
        
La invitación a cargar con su pasado es determinante al tratar del futuro de una persona que ha fallado en su vida. Todas las enfermedades síquicas que no son consecuencia de lesiones o desarreglos neuronales, tienen su causa en la falta de integración del pasado. Esquizofrenias, neurosis, depresiones, etc. son desajustes en la aceptación de nuestro pasado.

Si no se hubiera echado al hombro la camilla, la hubiera llevado a rastras, que es mucho más difícil. No podemos deshacernos de nuestro pasado, pero podemos cargarlo a la espalda y no identificarnos con él. Con el pasado a cuestas, debemos caminar mirando al futuro poniendo nuestra esperanza en él.
  
Meditación-contemplación
  
¡Tus pecados están perdonados!
En el momento que te lo creas de verdad,
toda tu vida cambiará radicalmente.
La preocupación más fuerte y más paralizante se desvanecerá.
………………..

No pierdas el tiempo pidiendo perdón a Dios.
Perdónate a ti mismo y perdona siempre a los demás.
En la medida que hagas esto último,
descubrirás que Él te proporciona perdón-amor para dar y tomar.
………………..

Échate a la espalda el pasado.
Por pesada que sea la mochila,
tú eres mucho más que lo que hay dentro de ella.
El mismo Dios es tu energía,
nada ni nadie podrá impedir que llegues a la META.
    
Fray Marcos