martes, 24 de enero de 2012

Sobre la situación de la Tarahumara - Pedro De Velasco, SJ.


Sobre la situación de la Tarahumara - por Pedro De Velasco, SJ.


Primero, no se vale ni calumniar ni lucrar con el dolor de las personas o los pueblos. Y menos, como parece que fue el caso, por ganancias personales o por fama mediática. Los suicidios son una mentira; el pueblo Rarámuri (Tarahumara) ha resistido ya cientos de años de opresión y despojo, de mortalidad por desnutrición y enfermedades fácilmente curables como para huir de la vida por la sequía y el hambre. En cambio, sí ha habido muertes por desnutrición, más pronto que en otros años.

Segundo, la situación de hambre es cierta y va a ser mucho más grave los meses próximos con importantes consecuencias de desnutrición, enfermedades y mortalidad infantil. Y no es porque no sepan comer, como dijo algún funcionario ignorante, sino porque la deforestación, la erosión, las sequías y los despojos de tierra han destruido el mundo de los Rarámuri y han hecho ineficaces sus medios tradicionales de supervivencia: simplemente este año, para la mayoría no hay ni maíz, ni frijol de aquí a septiembre (si llueve un poco).

Tercero la reacción de solidaridad que esto ha despertado ha sido sumamente consoladora: aun medio de tantos problemas todavía hay muchas personas y grupos capaces de interesarse por quienes están en una situación de vida o muerte. Sin embargo, esa solidaridad y ayuda puntuales –en este momento indispensables-, no van a salvar a México (como se dice en algún artículo periodístico) ni siquiera a los Rarámuri. Se requiere que caigamos en la cuenta de las causas profundas de esta situación que hacen que se repita casi año con año y que tratemos de subsanarlas.

Contra lo que se piensa y dice, la Sierra Tarahumara es una región riquísima, de ella se han extraído y vendido por todo el mundo enormes riquezas: oro, plata, cobre…, madera y ahora paisajes; la sierra alimenta con su agua buena parte de los cultivos de Sonora y Sinaloa y con su oxígeno los estados de Chihuahua, Sonora, Texas y Nuevo México. 

Esto ha enriquecido enormemente a gobiernos, empresas y personas varios de ellos extranjeros; pero de todo eso los Rarámuri -dueños ancestrales de ese territorio-, no reciben más que los efectos negativos: explotación de sus personas y trabajo en poquísimos empleos o intercambios malpagados, limosnas miserables y una terrible destrucción social y ecológica y aun la muerte. Además, mediante todo este despojo, los están obligando a buscar otros medios de subsistencia como la emigración para trabajar lejos de sus familias y tierras o la siembra de droga lo que acelera el círculo vicioso de destrucción del tejido social, la salud, la cultura e incluso la ecología y de muchas vidas humanas, especialmente de niños y jóvenes.

Ojalá que, a pesar de la mentira, este escándalo ayude a que tomemos conciencia de la situación no sólo de los Rarámuri sino de muchos otros grupos indígenas del país.

Pedro J. De Velasco, SJ.


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