martes, 29 de noviembre de 2011

BUENA NOTICIA - José Antonio Pagola


A lo largo de este nuevo año litúrgico los cristianos iremos leyendo los domingos el evangelio de Marcos. Su pequeño escrito arranca con este título: «Comienza la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios». Estas palabras nos permiten evocar algo de lo que encontraremos en su relato.

Con Jesús «comienza» algo nuevo. Es lo primero que quiere dejar claro Marcos. Todo lo anterior pertenece al pasado. Jesús es el comienzo de algo nuevo e inconfundible. En el relato, Jesús dirá que "el tiempo se ha cumplido". Con él llega la Buena Noticia de Dios.

Esto es lo que están experimentando los primeros cristianos. Quien se encuentra vitalmente con Jesús y penetra un poco en su misterio, sabe que empieza una vida nueva, algo que nunca había experimentado anteriormente.

Lo que encuentran en Jesús es una «Buena Noticia». Algo nuevo y bueno. La palabra «Evangelio» que emplea Marcos es muy frecuente entre los primeros seguidores de Jesús y expresa lo que sienten al encontrarse con él. Una sensación de liberación, alegría, seguridad y desaparición de miedos. En Jesús se encuentran con "la salvación de Dios".

Cuando alguien descubre en Jesús al Dios amigo del ser humano, el Padre de todos los pueblos, el defensor de los últimos, la esperanza de los perdidos, sabe que no encontrará una noticia mejor. Cuando conoce el proyecto de Jesús de trabajar por un mundo más humano, digno y dichoso, sabe que no podrá dedicarse a nada más grande.

Esta Buena Noticia es Jesús mismo, el protagonista del relato que va a escribir Marcos. Por eso, su intención primera no es ofrecernos doctrina sobre Jesús ni aportarnos información biográfica sobre él, sino seducirnos para que nos abramos a la Buena Noticia que sólo podremos encontrar en él.

Marcos le atribuye a Jesús dos títulos: uno típicamente judío, el otro más universal. Sin embargo reserva a los lectores alguna sorpresa. Jesús es el «Mesías» al que los judíos esperaban como liberador de su pueblo. Pero un Mesías muy diferente del líder guerrero que muchos anhelaban para destruir a los romanos. En su relato, Jesús es descrito como enviado por Dios para humanizar la vida y encauzar la historia hacia su salvación. Es la primera sorpresa.

Jesús es «Hijo de Dios», pero no dotado del poder y la gloria que algunos hubieran imaginado. Un Hijo de Dios profundamente humano, tan humano que sólo Dios puede ser así. Sólo cuando termina su vida de servicio a todos, ejecutado en una cruz, un centurión romano confiesa: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios". Es la segunda sorpresa.
  
José Antonio Pagola
vgentza@euskalnet.net
buenasnoticias@telefonica.net


Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde la Buena Noticia de Jesús.  Pásalo.
4 de diciembre de 2011
2 Adviento (B)
Marcos 1, 1-8


fuentes:
http://feadulta.com/
http://eclesalia.wordpress.com/
http://www.periodistadigital.com/religion/

UNA VEZ MÁS

Una vez más me invitas
a preparar los caminos, los nuevos y los de siempre,
por donde Tú vienes trayendo buenas noticias.
Gracias, Señor.

Porque cuentas conmigo
para allanar colinas y valles
y para desterrar mentiras y opresiones...
Gracias, Señor.

Porque te pones en la senda
por la que yo voy caminando
para que te encuentre...
Gracias, Señor.

Porque entras en mi casa
y quieres hacer de ella una morada nueva
para todos los que caminan y se acercan...
Gracias, Señor.

Porque puedo proclamar,
después de haber sentido y vivido tu toque de gracia,
que el bautismo con Espíritu Santo nos recrea.
Gracias, Señor

Una vez más me invitas
a adentrarme en el desierto para hacerme persona nueva
acogiendo a tus mensajeros y tu evangelio.
Gracias, Señor.

Tú me has encontrado,
y ese toque tan tuyo me está transformando.
La vida ya germina dentro de mí.
Gracias, Señor.
  
Florentino Ulibarri

Mc 1, 1-8: "Yo os bautizo con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo".
SE NECESITAN PROFETAS

INTRODUCCIÓN
Las lecturas del domingo pasado nos hablaban de velar, de vigilar, de estar despierto. Hoy hablan los que han estado en esa actitud de centinelas: los profetas. Desde la altura de una torre -como da la perspectiva de la sabiduría-, descubren en el horizonte la llegada de la catástrofe o de la dicha. Se convierten así en vigilantes y heraldos.

El profeta es la figura clave de este tiempo de adviento. No se trata de un adivinador del porvenir. Tampoco debemos pensar en un ser humano separado de los demás, que, por elección especial, Dios le va indicando lo que tiene que decir a los demás. Profeta es todo aquel que está despierto con los ojos bien abiertos.

La principal característica del profeta es precisamente su inserción en el pueblo y su preocupación por la suerte de los más humildes. Por eso su principal objetivo ha sido siempre denunciar la injusticia, la condena sin paliativos de toda clase de opresión.

Verdadero profeta sería el que ha llegado a una experiencia de su verdadero ser y, fiel a esa experiencia, ayuda a los demás a descubrir el camino de lo humano.

Falso sería el que conduce al hombre a mayor egoísmo. El problema está en que lo “humano” sólo se puede valorar desde lo humano. Por eso no hay manera de distinguir lo falso de lo verdadero mientras no se tenga una mínima experiencia de lo humano.

EXPLICACIÓN
No debemos extrañarnos de encontrar tantos y tan expresivos textos para este tiempo litúrgico. Lo que el segundo Isaías anuncia es un evangelio (buena noticia). El destierro había acabado con toda una teología triunfalista que invitaba a dormirse en los laureles de sentirse elegidos, sin aceptar ninguna responsabilidad para con Dios ni para con los demás. Las denuncias de todos los profetas advertían de que no se puede confiar en Dios mientras se practica toda clase de atropellos e injusticias.

Leemos hoy el comienzo del evangelio de Marcos. La primera palabra de este evangelio es “arje”, que en griego, no solo designan el comienzo de un texto sino también algo mucho más profundo. El principio del evangelio de Juan comienza también con esta palabra y lo traducimos: “en el principio” = origen. “Arje” significa origen y fundamento; es decir, aquello que ha sido la causa de que otra cosa surja.

La Vulgata lo ha traducido por “Initium” que también significa “origen”. Así, un “iniciado” no es el que acaba de empezar su andadura en una religión, sino el que ya ha avanzado en su profundización y conoce todos los fundamentos de la misma. El texto no se debía traducir: “comienzo del evangelio...”, sino:

Éste es el origen de la alegre noticia de Jesús el Ungido (Mesías, titulo judío)
el Hijo de Dios” (título universal que le dio la primera comunidad).  

Tampoco “euanggelion” debemos traducirlo por “evangelio” que es un concepto elaborado precisamente a partir del uso que empezó a darle Marcos a esta palabra. “euanggelion” aquí hay que traducirlo por “buena noticia”, sin  más.

El comienzo del evangelio de Marcos quiere decir que todo lo que atañe a Jesús, es una buena noticia.

Lo mismo tenemos que decir de “Jesous” y  “Christos”  que en griego están separados y significan simplemente, Jesús el ungido (Mesías). Con el tiempo los cristianos unieron, de modo inextricable, el nombre con el adjetivo y confesaron al Jesucristo que ha llegado hasta nuestros días.

El texto con que comienza este evangelio quiere ser un resumen de todo lo que en él se va a proponer; por eso es solemne y programático.

Este evangelio, a pesar de ser el primero que se escribió, no sabe nada de la infancia de Jesús. Esto es muy interesante a la hora de interpretar los textos de Lucas y Mateo, que vamos a leer en todo el tiempo de Navidad. Estos relatos se fueron elaborando a través de los primeros años de cristianismo y no tienen nada que ver con la historia. Son relatos míticos y leyendas casi todas anteriores al cristianismo que se han cristianizado para darnos un mensaje teológico, no para informarnos de lo que pasó.

Marcos pasa directamente a hablarnos de Juan Bautista como último representante del profetismo. El Bautista es uno de los personajes claves en el tiempo de Adviento, porque se trata del último de los profetas del AT.

Debemos recordar que hacía casi trescientos años que no se había conocido un verdadero profeta. Todos los evangelistas lo consideran el heraldo de Jesús, lo anuncia, lo propone al pueblo y es protagonista de su nacimiento en el Espíritu (bautismo). Aquí empieza Jesús a manifestar lo que es.

No podemos asegurar que este relato responda a una situación histórica. Es muy poco lo que sabemos sobre la relación de Jesús con Juan. De todos modos, es cierto que el primer dato histórico sobre Jesús, que encontramos en fuentes extrabíblicas es su bautismo de por parte de Juan.

No es descabellado suponer que a Jesús, un buscador incansable, le llamara la atención un personaje como Juan que ya era famoso cuando él empezó a salir de Nazareth. A Juan, como a Jesús, no le gustaba el rumbo que había tomado la religión judía. Seguramente se sintió atraído por su predicación y su autenticidad. Pero la diferencia entre los dos es tan abismal que es muy difícil pensar en una influencia profunda.

Los primeros cristianos dieron al Bautista un papel relevante en la aparición del cristianismo; seguramente mayor del que hoy le reconocemos. La prueba está en que, en un momento determinado, vieron la necesidad de marcar distancias entre Jesús y Juan para dejar claro quién era el más importante. Seguramente esa relevancia se deba más a la necesidad de justificar una figura tan desconcertante como la de Jesús, conectándole con el profetismo del AT, que a una real influencia de Juan en la doctrina de Jesús

“Preparándole el camino al Señor”. Este grito es el mejor resumen del espíritu de Adviento. Pero pongamos atención a la fuerza del sentido del texto, que habla de prepararle un camino a Yahvé, mientras Marcos habla de preparar un camino a Jesús.

El texto está insinuando que si Dios no llega a nosotros es porque se lo impedimos con nuestra actitud vital, que orienta su preocupación en otras direcciones. Él viene, pero nosotros nos vamos.

“Yo los bautizo con agua, pero él los bautizará con Espíritu Santo”. Esta es la clave del relato y marca la diferencia abismal que existía, para aquellos cristianos, entre Jesús y el Bautista.

Las primeras comunidades tenían muy clara la originalidad de Jesús con relación a cualquier otro personaje del pasado. Toda la relación con Dios, hasta la fecha, era consideraba como externa al hombre y en relación desigual. Dios era el soberano y el ser humano el súbdito. Jesús manifiesta una relación con Dios muy distinta. Él está empapado del Espíritu y nos sumerge (bautiza) a todos en ese mismo Espíritu.

APLICACIÓN
Todos los textos de este domingo nos hablan de una utopía.

Isaías: “Aquí está nuestro Dios, llega con fuerza”.
Pedro: “Nosotros esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habite la justicia”.
El salmo: “La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan...”.
Marcos: “Él bautizará con Espíritu Santo”.

Todo son utopías en las que necesitamos creer para no caer en el desaliento. En un mundo tan poco propicio al optimismo, encontrarnos con esta invitación pude ser impactante. Pero en ningún caso tenemos que caer en el triunfalismo. Derrotismo y triunfalismo son estrategias extremas que utiliza el yo para fortalecerse e impedir al hombre tomar conciencia de lo que el ser humano es y de lo que puede alcanzar si despliega su verdadero ser.

Hoy la necesidad de estar alerta es más apremiante que nunca, porque jamás se han ofrecido al ser humanos más caminos falsos de salvación que en nuestro tiempo. Las posibilidades de satisfacer nuestra necesidad de placer sensible son mayores que nunca. Hay toda una gama de productos disponibles en el mercado, desde las drogas hasta los gurus a medida.

Por eso necesitamos más que nunca de la figura del profeta. Personas que por su dedicación a la experien­cia personal puedan arrojar alguna luz en esa maraña de senderos que se entrecruzan y que la inmensa mayoría son sendas perdidas que no llevan a ninguna parte.

También los del pasado nos pueden servir de mucho, porque la profunda realidad del ser humano no ha cambiado demasiado en lo que llevamos de historia. Pero sería de desear que hubiera hoy auténticos profetas, que sin miedo y partiendo de su experiencia de Dios nos ayudaran a encontrar el verdadero camino.

El hombre tiene dos alternativas:
Volcarse sobre lo terreno y sensible, buscando el placer inmediato en un planteamiento hedonista de la vida.
O tomar conciencia de las posibilidades de plenitud que encierra dentro de él.

Todo lo que nos rodea nos empuja en dirección al hedonismo. El no tomar decisión alguna, es ya tomar partido por lo que nos pide el cuerpo. Decidirse por las posibilidades “espirituales” sólo es posible después de una toma de conciencia, que tiene que ir más allá de los sentidos y de la razón.

Es una iluminación que me empuja por un camino nuevo y fascinante, que ni siquiera sé a donde me va a llevar, pero estoy convencido que es el único camino que me hará más humano.

Meditación-contemplación

Él nos sumergirá en lo Sagrado,
porque él mismo se vio sumergido en Dios.
La experiencia del bautismo que nos narran los evangelios,
es la clave para entender toda la vida de Jesús.
Desde ese “momento” es el ungido.
………………
Después de esa experiencia personal
puede decir a Nicodemo:
hay que nacer de nuevo,
hay que nacer del agua y del Espíritu.
………….
El único camino hacia lo humano, es el que Jesús recorrió.
Tenemos que sumergirnos en lo sagrado.
Tenemos que dejarnos inundar por lo divino.
Todo nuestro ser tiene que ser iluminado por esa luz.
…………………….
                                                      
Fray Marcos 


El prójimo


El prójimo no es algo que ya existe. 
Prójimo es algo que uno se hace. 
Prójimo no es el que ya tiene conmigo
relaciones de sangre, de raza, 
de negocios, de afinidad... 
Prójimo me hago yo cuando ante un ser humano, 
incluso ante el extranjero o el enemigo, 
decido dar un paso que me acerque, 
me aproxime a él.

Carlo María Martini


LA PEQUEÑA ESPERANZA
del blog de Pedro Miguel Lamet

Peguy, uno de los poetas preferidos de mis lecturas juveniles, tiene un  poema que me llama ahora desde el empolvado anaquel de mi vieja biblioteca en estos días de incertidumbre y miedo de la humanidad. Y en esta primera semana de Adviento, esa época litúrigica que se adecua más a la vida, vuelvo a leer bajo los fríos árboles dorados del proclive otoño.

Compara a la fe con una esposa fiel o con un soldado, a la caridad con una madre y con un hospital, pero llama a la esperanza, “la hermana pequeña” que duerme cada noche en su cama de niña.
Hay que despertarla.
Ha de ser hoy también en los tiempos que corren nuestra virtud preferida.

LA PEQUEÑA ESPERANZA

Yo soy, dice Dios, Maestro de las Tres Virtudes.

La Fe es una esposa fiel.
La Caridad es una madre ardiente.
Pero la esperanza es una niña muy pequeña.

Yo soy, dice Dios, el Maestro de las Virtudes.

La Fe es la que se mantiene firme por los siglos de los siglos.
La Caridad es la que se da por los siglos de los siglos.
Pero mi pequeña esperanza es la que se levanta todas las mañanas.

Yo soy, dice Dios, el Señor de las Virtudes.

La Fe es la que se estira por los siglos de los siglos.
La Caridad es la que se extiende por los siglos de los siglos.
Pero mi pequeña esperanza es la que todas las mañanas nos da los buenos días.
Yo soy, dice Dios, el Señor de las Virtudes.

La Fe es un soldado, es un capitán que defiende una fortaleza.
Una ciudad del rey,
En las fronteras de Gascuña, en las fronteras de Lorena.
La Caridad es un médico, una hermanita de los pobres,
Que cuida a los enfermos, que cuida a los heridos,
A los pobres del rey,
En las fronteras de Gascuña, en las fronteras de Lorena.
Pero mi pequeña esperanza es
la que saluda al pobre y al huérfano.
Yo soy, dice Dios, el Señor de las Virtudes.

La Fe es una iglesia, una catedral enraizada en el suelo de Francia.
La Caridad es un hospital, un sanatorio que recoge todas las desgracias del mundo.
Pero sin esperanza, todo eso no sería más que un cementerio.

Yo soy, dice Dios, el Señor de las Virtudes.

Yo soy, dice Dios, el Señor de las Virtudes.
La Fe es la que vela por los siglos de los siglos.
La Caridad es la que vela por los siglos de los siglos.
Pero mi pequeña esperanza es la que se acuesta todas las noches
y se levanta todas las mañanas
y duerme realmente tranquila.

Yo soy, dice Dios, el Señor de esa Virtud.

Mi pequeña esperanza
es la que se duerme todas las noches,
en su cama de niña, después de rezar sus oraciones,
y la que todas las mañanas se despierta
y se levanta y reza sus oraciones con una mirada nueva.

Yo soy, dice Dios, Señor de las Tres Virtudes.

La Fe es un gran árbol, un roble arraigado en el corazón de Francia.
Y bajo las alas de ese árbol, la Caridad,
mi hija la Caridad ampara todos los infortunios del mundo.
Y mi pequeña esperanza no es nada más
que esa pequeña promesa de brote
que se anuncia justo al principio de abril.

(Charles Péguy, El misterio de los Santos inocentes)
Pedro Miguel Lamet