jueves, 6 de octubre de 2011

INVITACIÓN - José Antonio Pagola



INVITACIÓN - José Antonio Pagola 

A través de sus parábolas Jesús va descubriendo a sus seguidores cómo experimenta a Dios, cómo interpreta la vida desde sus raíces más profundas y cómo responde a los enigmas más recónditos de la condición humana.

Quien entra en contacto vivo con sus parábolas comienza a cambiar. Algo "sucede" en nosotros. Dios no es como lo imaginamos. La vida es más grande y misteriosa que nuestra rutina convencional de cada día. Es posible vivir con un horizonte nuevo. Escuchemos el punto de partida de la parábola llamada «Invitación al Banquete».

Según el relato, Dios está preparando una fiesta final para todos sus hijos e hijas, pues a todos quiere ver sentados junto a él, en torno a una misma mesa, disfrutando para siempre de una vida plena. Esta imagen es una de las más queridas por Jesús para sugerir el final último de la historia humana.

Frente a tantas imágenes mezquinas de un Dios controlador y justiciero que impide a no pocos saborear la fe y disfrutar de la vida, Jesús introduce en el mundo la experiencia de un Dios que nos está invitando a compartir con él una fiesta fraterna en la que culminará lo mejor de nuestros esfuerzos, anhelos y aspiraciones.

Jesús dedica su vida entera a difundir la gran invitación de Dios: «El banquete está preparado. Venid». Este mensaje configura su modo de anunciar a Dios. Jesús no predica doctrina, despierta el deseo de Dios. No impone ni presiona. Invita y llama. Libera de miedos y enciende la confianza en Dios. En su nombre, acoge a su mesa a pecadores e indeseables. A todos ha de llegar su invitación.

Los hombres y mujeres de hoy necesitan descubrir el Misterio de Dios como Buena Noticia. Los cristianos hemos de aprender a hablar de él con un lenguaje más inspirado en Jesús, para deshacer malentendidos, aclarar prejuicios y eliminar miedos introducidos por un discurso religioso lamentable que ha alejado a muchos de ese Dios que nos está esperando con todo preparado para la fiesta final.

En estos tiempos en los que el descrédito de la religión está impidiendo a muchos escuchar la invitación de Dios, hemos de hablar de su Misterio de Amor con humildad y con respeto a todos, sin forzar las conciencias, sin ahogar la vida, despertando el deseo de verdad y de luz que sigue vivo en lo más íntimo del ser humano.

Es cierto que la llamada religiosa encuentra hoy el rechazo de muchos, pero la invitación de Dios no se ha apagado. La pueden escuchar todos los que en el fondo de sus conciencias escuchan la llamada del bien, del amor y de la justicia.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde la invitación de Dios. Pásalo.
9 de octubre de 2011
28 Tiempo ordinario (A)
Mateo 22, 1-14

fuentes:



VENID A LA FIESTA

Hoy has preparado un banquete,
en tu amplia tienda de la alianza
levantada en esta tierra tuya y nuestra,
para que tu presencia no nos resultara extraña.
Es tu hijo quien se casa,
y la ocasión es única
para hacernos presente
tu generosidad y gracia.

Ya está la entrada engalanada,
los jardines adornados,
las farolas y antorchas alumbrando
caminos, rincones y plazas,
las habitaciones dispuestas
y la sala del banquete preparada
con todo lo necesario para la fiesta,
porque la ocasión es única.

La mesa lista para el banquete
con los mejores manjares que se conocen
y un vino reserva excelente,
para alegrar a los reticentes,
traído de tu viña predilecta.
Todo en abundancia,
que a ti te gusta que sobre y no falte
cuando se va o se pasa por tu casa.

Los criados han partido
para invitar a tus amigos,
que son muchos y muy distintos
y están dispersos por el amplio mundo.
¡Venid a la fiesta! ¡Venid a la fiesta!,
se oye en pueblos y casas,
y como un eco resuena setenta veces siete
y llega a todos los corazones.

Atardece, y tu tienda está vacía.
Tus amigos, muy ocupados
en sus cosas y haciendas,
declinan la invitación
como si fuese una oferta cualquiera.
Te hacen pasar un mal trago
aduciendo motivos, disculpas y excusas
que suenan a justificar sus conciencias.

Sin embargo, hoy, la fiesta se hará;
es tu querer y voluntad decidida.
Tu generosidad y riqueza
no pueden terminar en la basura.
De la calle, de las plazas,
de los rincones más olvidados
y del reverso de la historia
llegarán tus invitados.

Serán cojos, ciegos y sordos,
hambrientos, pobres y presos,
ciudadanos y extranjeros,
emigrantes sin papeles,
hombres y mujeres, ancianos y niños
de toda raza, color y oficio,
que oyen a tus mensajeros
y se sienten sorprendidos.

Los que a nada sois invitados...
¡Venid a la fiesta!
Los que estáis solos y sin futuro...
¡Venid a la fiesta!
Los que tenéis hambre y no trabajo...
¡Venid a la fiesta!
Todos los despreciados y humillados...
¡Venid a la fiesta!
Los sin nombre y sin historia...
¡Venid a la fiesta!
Los que no sois sino recursos humanos...
¡Venid a la fiesta!
Los que sufrís la risa y la miseria...
¡Venid a la fiesta!
Los nadie de ahora y siempre...
¡Venid a la fiesta!

¡Vamos a tu fiesta, Señor!

F. Ulibarri


Mt 22, 1-14
Reunieron a los que encontraron, malos y buenos. La sala se llenó.
(Is 25,6-10) Aquí está nuestro Dios; celebremos y gocemos con su salvación.


LA VIDA ES UNA FIESTA… PARA TODOS


CONTEXTO

La misma situación y el mismo esquema que el domingo pasado, un cántico de Isaías, que es interpretada por el evangelista. El domingo pasado el simbolismo se tomaba de la viña, hoy la imagen es el banquete.

También es un relato polémico que intenta acusar a los dirigentes judíos de haber rechazado la oferta de salvación que Dios les hace por medio de Jesús.

Mateo se dirige a una comunidad que tenía que superar el trauma de la separación de la religión judía, y el peligro de repetir los mismos errores. Insiste en el tema de la universalidad, que tantos quebraderos de cabeza produjo a las primeras comunidades.

EXPLICACIÓN

El texto de Isaías es una joya. El profeta por antonomasia tiene que hablar a un pueblo que atraviesa la peor crisis de su historia. Lo hace con una visión de futuro increíblemente lúcida. Creo que hoy el texto del AT supera al evangelio, en belleza formal y en mensaje teológico.

Naturalmente que es un lenguaje simbólico. La prueba está en que no sólo habla de manjares enjundiosos y vinos generosos, sino de quitar el velo (luto) de todos los pueblos, de alejar el oprobio y enjugar las lágrimas de todos los rostros, de aniquilar la muerte para siempre.

Se trata de una salvación total por parte de un Dios en quien confía el profeta a pesar de las circunstancias adversas. El intento de Isaías es que todo el pueblo soporte la dura prueba, confiando en un futuro que está en manos de Dios.

Lo verdaderamente importante del relato de Isaías, el chispazo que tenemos que descubrir, es este: Dios salva a todos. Y solo es un chispazo, porque también allí se ponen condiciones: los que no son judíos tienen que venir a “este” monte para encontrar salvación.

El banquete es utilizado en el AT con muchísima frecuencia para designar los tiempos mesiánicos. Jesús lo utiliza también para significar el Reino de Dios.

Un banquete no significa mucho para el que puede satisfacer su hambre todos los días; pero para los que acostumbran a pasar hambre diariamente, puede ser una ocasión única para quitar las penas. En concreto, el banquete de boda era la única ocasión que tenía el pueblo sencillo de celebrar una fiesta y olvidarse de la dura realidad de una vida cuyo primer objetivo era la subsistencia.

Naturalmente no se trata más que de una metáfora para indicar que Dios llama a saciar todos los anhelos del ser humano. Dios llama a todos a la mayor de las felicidades posibles, dentro de nuestras limitaciones y a pesar de esas mismas limitaciones. Todos estamos llamados a ese banquete.

El relato es una interpretación del texto de Isaías desde la perspectiva de la primera comunidad. También hoy, Mateo alegoriza el relato y lo enriquece con la segunda parte (vestido de boda) que no está en Lucas.

  • Es el Padre el que invita a la boda de su Hijo.
  • Los primeros invitados son los jefes religiosos judíos que se negaron a aceptar el mensaje de Jesús.
  • El prender fuego a la ciudad hace una alusión clara a la destrucción de Jerusalén.
  • Los nuevos invitados son los gentiles, es decir todos los seres humanos, sin importar ni raza ni condición social y, lo que es más escandaloso, sin importar si son buenos o malos.

Podemos pensar que en el relato, leído superficialmente, existe una distorsión del mensaje de Jesús. El Dios de Jesús no es un señor que monta en cólera y manda acabar con aquellos asesinos. Esto no tiene nada que ver con la idea que Jesús tiene de Dios, pero responde muy bien al Dios del AT que a su vez refleja la manera de ser del hombre, proyectada sobre Dios. Es una pena que sigamos hoy con la idea de ese Dios

Tampoco el añadido del individuo que no llevaba traje de fiesta, tiene mucho que ver con el evangelio.
Si salen a los cruces de los caminos para llamar a toda la gente que encuentren, ¿qué sentido tiene que se le exija un vestido de boda? ¿Es que la gente va por los caminos vestidos de boda?
Puede hacer referencia a la túnica blanca que se entregaba a los bautizados. Claro que la intención del evangelista es buena, pero se ha entendido literalmente y nos ha metido por callejones sin salida.

También está claro que no basta pertenecer nominalmente a una comunidad para sentirse salvado. Solo el que de verdad se revestía de Cristo (Pablo), podía estar seguro de que había entrado en el reino.

Pero no se trata de que Dios tome represalias contra el malo, sino de que se queda fuera el que se niega a entrar, al no aceptar las condiciones del Reino.

Se trata, una vez más, de evitar malas interpretaciones de la pertenencia a la comunidad. Era muy fácil entrar a formar parte de la comunidad y aprovechar todas las ventajas, incluso sociales que eso importaba, pero sin cambiar las actitudes y vivir de manera acorde con el evangelio. Nada más fácil que confesarse creyente, pero nada más difícil que entrar en la dinámica del verdadero cristianismo. Una vez más Mateo alerta a los cristianos de una pertenencia formal y sin compromiso a la comunidad.

APLICACIÓN

El mensaje de las lecturas de hoy tiene una acuciante actualidad. Dios llama a todos, hoy como ayer. La respuesta de cada uno puede ser un sí o un no. Esa respuesta es la que marca la diferencia entre unos y otros.

Si preferimos las tierras o los negocios, quiere decir que es eso lo que de verdad nos interesa. El banquete es el mismo para todos, pero unos valoran más sus fincas y sus negocios y no les interesa.

Todo el evangelio es una invitación, si no respondemos que sí ya hemos dicho no. Como la parábola de los dos hermanos nos recordaba hace unos días, sólo es válida la respuesta de las obras.

Cuando el texto dice que los primeros invitados no se lo merecían, tiene razón, pero existe el peligro de creer que los llamados en segunda convocatoria sí se lo merecían. El centro del mensaje del evangelio está en que invitan a todos: malos y buenos.

Esto es lo que no terminamos de aceptar. Seguimos creyéndonos los elegidos, los privilegiados, los buenos con derecho a la exclusiva (fuera de la Iglesia no hay salvación).

Hay que tener mucho cuidado con las interpretaciones simplistas. De un banquete de los tiempos mesiánicos, se pasó con demasiada facilidad a un banquete para el más allá.

Este salto nos lanza peligrosamente fuera de las fronteras del tiempo y deja todo para más allá de este mundo. No creo que fuese ese el sentir de Jesús que se interesó por las personas de carne y hueso que estaban tiradas en la sociedad que le tocó vivir.

Especial atención debemos poner en los motivos de los primeros invitados para rechazar la oferta. La llamada a una vida en profundidad queda ofuscada, entonces y ahora, por el hedonismo superficial. El peligro está en tener oídos para los cantos de sirenas que llegan a los sentidos, y no para la invitación que viene de lo hondo de nuestro ser y que nos invita a una plenitud más allá de lo sensible.

La voluntad da su adhesión a lo que la inteligencia le presenta como bueno. La tarea fundamental está en descubrir lo que realmente es bueno y separarlo de lo que es sólo aparentemente bueno.

No puede haber banquete, no puede haber alegría, si alguno de los invitados tiene motivos para llorar. Sólo cuando hayan desaparecido las lágrimas de todos los rostros, podremos sentarnos a celebrar la gran fiesta. No hace falta ser un lince para darse cuenta de que la realidad de nuestro mundo nos muestra muchas lágrimas y sufrimiento causados por nuestro egoísmo.

Seguimos empeñados en el pequeño negocio de nuestra salvación individual, sin darnos cuenta que esa salvación personal que no incorpora la salvación del otro, no tiene nada de cristiana y tampoco tiene nada de humana.

Dios no es ningún rey dominador, ni ningún señor poderoso. No nos puede dar ni prometer nada, porque nada hay fuera de Él. Dios es DON, pero que no se da en un momento determinado, sino que está ahí, incluso antes de que nosotros empecemos a existir. Nuestra propia existencia es ya parte del don.

Ese regalo está muy bien envuelto, podemos desenvolverlo o mantenerlo escondido sin aprovecharnos de él. Esta es la cuestión que tenemos que dilucidar como cristianos. El problema de los creyentes es que presentamos un regalo excelente en una envoltura que da asco. Para nada presentamos a la juventud un cristianismo que lleve a la felicidad absoluta, más allá de las trampas en las que hoy caen precisamente la mayoría de los jóvenes.

MÁS ALLÁ DE LA LETRA

Efectivamente, es la mejor noticia: Dios me invita a su mesa. Pero no invitar a mi propia mesa a los que pasan hambre, es la prueba de que no he aceptado, de verdad, su invitación. Una invitación no aceptada se volverá contra mí por desconsiderado.

Sigue siendo un peligro el proyectar la fiesta, la alegría, la felicidad para el más allá. Nuestra obligación es hacer de la vida, aquí y ahora, una fiesta para todos. Si no es para todos, ¿quién puede alegrarse de verdad?

Mucha gente sigue pensando que ser fiel a Dios es renunciar a ser feliz. Este sentimiento lo provocamos nosotros los tristes cristianos, que damos la impresión de ser menos felices que los demás, porque percibimos la religión como una serie de renuncias contrarias a nuestros verdaderos intereses.

Meditación-contemplación

Dios nos invita a invitar.
La mejor prueba de que no he aceptado la invitación de Dios,
es que no soy capaz de invitar a los que aún no participan.
Mientras haya una sola persona que no come,
el banquete del Reino estará incompleto.
……………….
Una vez más puedo engañarme en mi religiosidad.
Me dedico en alma y cuerpo a preparar mi propio banquete
e incluso invito al mismo Dios a participar en él.
Dios no puede aceptar un banquete donde haya excluidos.
…………………..
Soy yo el que tengo que pasar a participar de su banquete.
y trabajar pora que todos puedan disfrutar de la fiesta.
Soy yo el que tengo que eliminar todas las lágrimas.
Yo tengo que desvelar la verdad para que llegue a todos.
……………………
Fray Marcos