jueves, 25 de agosto de 2011

DETRÁS DE JESÚS - José Antonio Pagola


DETRÁS DE JESÚS - José Antonio Pagola

Jesús pasó algún tiempo recorriendo las aldeas de Galilea. Allí vivió los mejores momentos de su vida. La gente sencilla se conmovía ante su mensaje de un Dios bueno y perdonador. Los pobres se sentían defendidos. Los enfermos y desvalidos agradecían a Dios su poder de curar y aliviar su sufrimiento. Sin embargo no se quedó para siempre entre aquellas gentes que lo querían tanto.

Explicó a sus discípulos su decisión: «tenía que ir a Jerusalén», era necesario anunciar la Buena Noticia de Dios y su proyecto de un mundo más justo, en el centro mismo de la religión judía. Era peligroso. Sabía que «allí iba a padecer mucho». Los dirigentes religiosos y las autoridades del templo lo iban a ejecutar. Confiaba en el Padre: «resucitaría al tercer día».

Pedro se rebela ante lo que está oyendo. Le horroriza imaginar a Jesús clavado en una cruz. Sólo piensa en un Mesías triunfante. A Jesús todo le tiene que salir bien. Por eso, lo toma aparte y se pone a reprenderle: «No lo permita Dios, Señor. Eso no puede pasarte».

Jesús reacciona con una dureza inesperada. Este Pedro le resulta desconocido y extraño. No es el que poco antes lo ha reconocido como "Hijo del Dios vivo". Es muy peligroso lo que está insinuando. Por eso lo rechaza con toda su energía: «Apártate de mí Satanás». El texto dice literalmente: «Ponte detrás de mí». Ocupa tu lugar de discípulo y aprende a seguirme. No te pongas delante de mí desviándonos a todos de la voluntad del Padre.

Jesús quiere dejar las cosas muy claras. Ya no llama a Pedro «piedra» sobre la que edificará su Iglesia; ahora lo llama «piedra» que me hace tropezar y me obstaculiza el camino. Ya no le dice que habla así porque el Padre se lo ha revelado; le hace ver que su planteamiento viene de Satanás.

La gran tentación de los cristianos es siempre imitar a Pedro: confesar solemnemente a Jesús como "Hijo del Dios vivo" y luego pretender seguirle sin cargar con la cruz. Vivir el Evangelio sin renuncia ni coste alguno. Colaborar en el proyecto del reino de Dios y su justicia sin sentir el rechazo o la persecución. Queremos seguir a Jesús sin que nos pase lo que a él le pasó.

No es posible. Seguir los pasos de Jesús siempre es peligroso. Quien se decide a ir detrás de él, termina casi siempre envuelto en tensiones y conflictos. Será difícil que conozca la tranquilidad. Sin haberlo buscado, se encontrará cargando con su cruz. Pero se encontrará también con su paz y su amor inconfundible. Los cristianos no podemos ir delante de Jesús sino detrás de él.

José Antonio Pagola
vgentza@euskalnet.net


Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Anima a seguir a Jesús cargando con su cruz. Pásalo.
28 de agosto de 2011
22 Tiempo ordinario (A)
Mateo 16, 21-27

fuentes: http://feadulta.com/
y http://eclesalia.wordpress.com/


RECONFIGURAR LA VIDA

Reconfigurar la vida:
irse contigo siguiendo tus huellas,
no dar importancia a nuestros proyectos y cosas,
cargar con la cruz que nos venga
sin perder la dignidad y la sonrisa.

Reconfigurar la vida:
ponernos en tus manos humanas y divinas,
o al alcance de tu brisa que va y viene
por esos lugares de la historia
tan poco frecuentados y llenos de sorpresas.

Reconfigurar la vida:
aceptar los golpes, marcas y heridas,
pero no arrugarse ni detener el paso;
vibrar menos sin perder la música
y mantener fresca la memoria.

Reconfigurar la vida:
admirar tus surcos y huellas
en nuestra carne vieja y correosa;
abrirse a tus sugerencias
aunque no lleguemos a entenderlas.

Reconfigurar la vida:
jugar al juego que tú jugaste,
partiéndonos en tiras, esquejes o estrellas,
y compartirse con dignidad
dándose en fraternidad.

Reconfigurar la vida:
aceptar como centro, eje y motor
tu Espíritu en nuestra vida;
poner todas las cruces bajo su presencia
y exponernos con esperanza a su brisa.

Reconfigurar la vida:
descubrirnos como flor florecida
-hermosa, perfumada y distinta-;
acercarnos a los otros dignamente
y hacer un jardín para los caminantes.

Reconfigurar la vida:
vivir siendo plenamente en la tierra
aunque la situación sea pasajera;
admirar a las personas
y agradecer la vida.

Reconfigurar la vida:
no malograrla en tonterías,
no conservarla escondida
sino compartirla, sin medida,
gratis y con alegría.

Florentino Ulibarri

Mt 16, 21-27

Quítate de mi vista, Satanás; tú piensas como hombre, no como Dios


SERVIR A LOS DEMÁS Y ACEPTAR LAS CONSECUENCIAS


CONTEXTO

Hoy lo tenemos fácil, porque el texto que acabamos de leer es continuación del que hemos leído el domingo pasado. Seguimos en Cesarea de Filipo, fuera del territorio de Palestina.


Lo que Mateo pone hoy en boca de Jesús, ni siquiera es aceptable para los seguidores. Jesús acaba de felicitar a Pedro por expresar pensamientos divinos. Ahora le critica muy duramente por pensar como los hombres. La diferencia es abismal; y solo a unas líneas de distancia en el mismo evangelio.


Como Pedro, los cristianos en todas las épocas, nos hemos escandalizado de la cruz, y si hubiera estado en nuestras manos, ni uno solo hubiera elegido para Jesús el camino que él siguió. De nada sirve ya la imagen de profeta o de Mesías victorioso; menos aún la de Hijo de Dios. Se trata ahora del “Servidor” que se entrega a los demás, y así hace presente a un Dios que es amor.


A pesar de las palabras puestas en boca de Pedro, su actitud ante el anuncio de la muerte, demuestra que ni él ni los demás discípulos, habían entendido lo que significaba Jesús. El mayor escollo para poder aceptar lo nuevo, fue su religión.


Para entender a Jesús, hay que dejar de pensar como los hombres y empezar a pensar como Dios. Pensar como Dios, es dejar de ajustarse a este mundo; es transfor­marse por la renovación de la mente (Pablo).


Para aceptar el mensaje de este evangelio, tenemos que cambiar radicalmente nuestra imagen de Dios. El Dios de Jesús no da seguridades sino la única seguridad que es Él.


EXPLICACIÓN

Tres puntos importantes podemos descubrir en el relato de hoy.


1.- El anuncio de la pasión por parte de Jesús.

La muerte de Jesús fue para los primeros cristianos el punto más impactante de su vida. Seguramente el primer núcleo de todos los evangelios lo constituyó un relato de su pasión y muerte. No nos debe extrañar que, al redactar su vida se haga desde esa perspectiva.


Hasta cuatro veces anuncia Jesús su muerte en el evangelio de Mateo. Como los evangelios están escritos mucho después de morir Jesús, nunca sabremos lo que de verdad anticipó Jesús sobre su muerte. Lo cierto es que no hacía falta ser profeta para darse cuenta de que la vida de Jesús corría serio peligro.


Lo que decía y lo que hacía estaba en contra de la doctrina oficial, y los encargados de su custodia tenían el poder suficiente para eliminar a una persona tan peligrosa para sus intereses. Cualquiera con un mínimo sentido de la realidad podía descubrir que lo iban a matar. Hasta sus familiares quisieron impedir que eso sucediera, llevándoselo a casa, porque estaba claro que había elegido un camino de locos.


2.- La vehemente protesta de Pedro y recriminación de Jesús.

Pedro responde a Jesús con toda lógica. ¿Podía Pedro dejar de pensar como judío? Incluso el día que vinieron a prenderle, Pedro prefiere sacar la espada y atizar un buen golpe a Malco, para evitar que se llevaran al Maestro. Era inconcebible para un judío, que al Mesías lo mataran los máximos representantes de Dios en la tierra.


El texto quiere transmitirnos que la idea falsa de Dios que manejan hacía a Jesús inaceptable como representante de Dios. La crítica de Jesús va dirigida a los de dentro, no a los de fuera. La respuesta de Jesús a Pedro, es casi la misma que dio al diablo en las tentaciones del desierto.

Ni a los fariseos ni a los letrados, ni a los sacerdotes dirige Jesús palabras tan duras. Lo cual quiere indicar que la propuesta de Pedro era la gran tentación para todo ser humano, también para Jesús. La verdadera tentación no viene de fuera, sino de dentro.


Lo difícil no es vencerla, sino descubrirla como tal, desenmascararla y tomar conciencia de que ella es la que puede arruinar nuestra propia Vida. Jesús desenmascara a Pedro y deja muy claro que su idea de Dios es distinta a la oficial.


Jesús no rechaza a Pedro como discípulo, pero quiere que descubra su verdadero mesianismo, que no coincide ni con el del judaísmo oficial ni con lo que esperaban los discípulos.


3.- La invitación al seguimiento con todas las consecuencias.

El seguimiento, es muy importante en todos los evangelios. Se trata de abandonar cualquier otra manera de relacionarse con Dios y con los demás, y entrar en la dinámica espiritual que Jesús manifiesta en su vida. Es identificarse con Jesús en su entrega total a los demás, sin buscar para sí nada que pueda oler a poder o gloria.


Negarse a sí mismo supone renunciar a toda ambición personal. El individualismo, el egoísmo, quedan descartados de Jesús y del que quiera seguirlo.


Cargar con la cruz es aceptar la oposición del mundo, de los que no piensan como él. No se trata de “la cruz que Dios nos manda”, ni de la que nos proporciona la vida, sino de la que nos infligen otras personas -sean amigas o enemigas- por ser fieles al evangelio.


En tiempo de Jesús, la cruz era simplemente una manera de ejecutar a un reo. El carácter simbólico solo llegó para los cristianos después de la muerte de Jesús. Como el relato habla en sentido simbólico, es improbable que esas palabras las pronunciara Jesús antes de morir.


El condenado era obligado a cargar con la parte trasversal de la cruz (patibulum). Por lo tanto no está hablando de la cruz aceptada voluntariamente, sino de la impuesta por haber sido fiel a la voluntad de Dios, como le pasó a Jesús.


Lo que debemos buscar es la fidelidad. La cruz será una consecuencia inevitable de esa fidelidad.

Jesús no pretende ir contra las apetencias más profundas de todo ser humano, sino que intenta mostrarnos el camino que nos puede llevar más lejos en esas legítimas pretensiones.


La propuesta de Jesús es la única manera de ser hombre. Todo ser humano debe aspirar a ser más; incluso ser como Dios. Pero debe encontrar el camino que le lleve a su verdadera plenitud.

Los argumentos finales dejan claro que las exigencias que parecen tan duras, son las únicas sensatas. Lo que Jesús exige a sus seguidores, es que vayan por el camino del amor, es decir, por el camino del servicio a los demás, aunque ese camino les acarree sufrimiento e incluso la muerte.

Aquí está la esencia del mensaje cristiano. No se trata de renunciar a nada, sino de elegir en cada momento lo mejor para mí. Si interpreto el mensaje evangélico como renuncia, es que no he entendido ni jota.


APLICACIÓN

Aquí está la madre del cordero, porque la aplicación a la vida tiene que hacerla personalmente cada uno.


Seguimos pensando como los hombres. A través de los siglos nos hemos equivocado en la interpretación (basta leer la vida de la mayoría de los “santos”). El mensaje de Jesús no pretende deshumanizarnos como se ha entendido a veces, sino llevarnos a la verdadera plenitud humana.

No se trata de sacrificarse creyendo que eso es lo que quiere Dios. Dios quiere nuestra felicidad en todos los sentidos. Dios no puede “querer” ninguna clase de sufrimiento; Él es amor y solo puede querer para nosotros lo mejor.


Nuestra limitación es la causa de que, a veces, conseguir lo mejor exige elegir entre distintas posibilidades, y el reclamo del gozo inmediato inclina la balanza hacia lo que es menos bueno e incluso malo. Mi falso yo está exigiendo que mi verdadero ser se someta a sus deseos. En la medida que lo consiga, estoy salvando mi vida pero pierdo la verdadera Vida.


La mayoría de nuestras oraciones pretenden poner a Dios de nuestra parte en un afán de salvar el ego y la individualidad, exigiéndole que supere con su poder nuestras limitaciones.


Lo que Jesús nos propone es alcanzar la plenitud despegándonos de todo lo que no es esencial. Si descubrimos lo que nos hace más humanos, será fácil volcarnos hacia esa escala de valores. En la medida que disminuyo mi necesidad de seguridades materiales, más a gusto, más feliz y más humano me sentiré. Estaré más dispuesto a dar y a darme, aunque me duela, porque eso es lo que me hace crecer en mi verdadero ser.


Una perfecta vida biológica, instintiva, sensitiva, racional no supone ninguna garantía de mayor humanidad. Todo lo contrario, ganar la Vida es ir más allá del hedonismo, es decir, dejar de pensar que lo biológico, lo sensitivo y emocional es lo importante.


Sin dejar de dar la importancia que tiene a la parte sensible de tu ser, debes descubrir tu verdadero ser y empezarás a vivir en plenitud.


La muerte afecta solo a tu ser psicológico, por eso esta vida se pierde siempre, antes o después. Si accedes a la verdadera Vida, la muerte pierde su importancia. La plenitud se encuentra más allá de lo caduco. ¡Ojo! No más allá en el tiempo, sino más allá en profundidad, pero aquí y ahora.


Para ser cristiano, hay que trasformarse. Hay que nacer de nuevo. Lo natural, lo cómodo, lo que me pide el cuerpo es acomodarme a este mundo. Pero lo que Dios espera de mí es que vaya más allá de todo lo sensible y descubra lo que de verdad es mejor para la persona entera, no para una parte de ella.


Los instintos no son malos; que los sentidos quieran conseguir su objeto, no es malo. Sin embargo la plenitud del ser humano está más allá de los sentidos y de los instintos. La vida humana no se nos da para que la guardemos y preservemos, sino para que la consumamos en beneficio de los demás.

Meditación-contemplación

“Transformaos por la renovación de la mente”.

Nacer de nuevo, nacer del Espíritu, son expresiones con el mismo mensaje.

En lo biológico estamos siempre: es el punto de partida.

Lo espiritual hay que descubrirlo y vivirlo.

………………..

Si no entro en la dinámica del Espíritu,

permaneceré en el ámbito de lo sensible.

Puedo disfrutar de placeres inmediatos sin cuento,

pero quedará truncada mi más elevada posibilidad de ser.

…………………

El hedonismo es la gran tentación y el gran engaño.

Todo lo que nos rodea nos empuja al placer sensible.

Si rechazas la oferta, quedas estigmatizado para el mundo,

y se revolverá contra ti como una fiera herida.

…………………….

No tengas miedo.

El mundo solo puede matar el “cuerpo”.

………….

Fray Marcos