martes, 14 de junio de 2011

EL CRISTIANO ANTE DIOS - José Antonio Pagola


EL CRISTIANO ANTE DIOS - José Antonio Pagola

No siempre se nos hace fácil a los cristianos relacionarnos de manera concreta y viva con el misterio de Dios confesado como Trinidad. Sin embargo, la crisis religiosa nos está invitando a cuidar más que nunca una relación personal, sana y gratificante con él. Jesús, el Misterio de Dios hecho carne en el Profeta de Galilea, es el mejor punto de partida para reavivar una fe sencilla.

¿Cómo vivir ante el Padre? Jesús nos enseña dos actitudes básicas. En primer lugar, una confianza total. El Padre es bueno. Nos quiere sin fin. Nada le importa más que nuestro bien. Podemos confiar en él sin miedos, recelos, cálculos o estrategias. Vivir es confiar en el Amor como misterio último de todo.

En segundo lugar, una docilidad incondicional. Es bueno vivir atentos a la voluntad de ese Padre, pues sólo quiere una vida más digna para todos. No hay una manera de vivir más sana y acertada. Esta es la motivación secreta de quien vive ante el misterio de la realidad desde la fe en un Dios Padre.

¿Qué es vivir con el Hijo de Dios encarnado? En primer lugar, seguir a Jesús: conocerlo, creerle, sintonizar con él, aprender a vivir siguiendo sus pasos. Mirar la vida como la miraba él; tratar a las personas como él las trataba; sembrar signos de bondad y de libertad creadora como hacía él. Vivir haciendo la vida más humana. Así vive Dios cuando se encarna. Para un cristiano no hay otro modo de vivir más apasionante.

En segundo lugar, colaborar en el Proyecto de Dios que Jesús pone en marcha siguiendo la voluntad del Padre. No podemos permanecer pasivos. A los que lloran Dios los quiere ver riendo, a los que tienen hambre los quiere ver comiendo. Hemos de cambiar las cosas para que la vida sea vida para todos. Este Proyecto que Jesús llama "reino de Dios" es el marco, la orientación y el horizonte que se nos propone desde el misterio último de Dios para hacer la vida más humana.

¿Qué es vivir animados por el Espíritu Santo? En primer lugar, vivir animados por el amor. Así se desprende de toda la trayectoria de Jesús. Lo esencial es vivirlo todo con amor y desde el amor. Nada hay más importante. El amor es la fuerza que pone sentido, verdad y esperanza en nuestra existencia. Es el amor el que nos salva de tantas torpezas, errores y miserias.

Por último, quien vive "ungido por el Espíritu de Dios" se siente enviado de manera especial a anunciar a los pobres la Buena Noticia. Su vida tiene fuerza liberadora para los cautivos; pone luz en quienes viven ciegos; es un regalo para quienes se sienten desgraciados.

José Antonio Pagola
vgentza@euskalnet.net

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Reaviva la fe cristiana en Dios. Pásalo.

19 de junio de 2011
Santísima Trinidad (A)
Juan 3,16-18

fuentes: http://feadulta.com/
y http://eclesalia.wordpress.com/

DIOS DEL SILENCIO

No anuncias la hora de tu llegada,
ni pregonas tu presencia
con trompetas, campanas o cañones.
Ya no nos convocas, como antaño,
con signos y prodigios, a ver tu gloria.
No quieres espectáculos.
Te pierdes por calles secundarias,
plazas públicas y mercados de barrio
donde no hay pedestales ni estatuas.

Tú no eres un dios de aplausos,
gritos y vítores.
Eres el Dios de la brisa y el silencio.
Tú llegas al corazón
y susurras palabras de vida.
Y, en las encrucijadas, miras y miras.
Y te quedas si te aceptamos;
y te vas si te rechazamos.

Eres la salvación y te ofreces a todos,
siempre y gratis,
pero sólo te acogen
los que saben de silencios
y encuentros trinitarios:
contigo,
con los otros
y con ellos mismos.

Dios silencio.
Dios encuentro.
Dios trino.

Florentino Ulibarri

DIOS ES EL QUE AMA, EL AMADO Y EL AMOR


Tampoco hoy celebramos una fiesta dedicada a Dios, celebramos que Dios es una fiesta todos los días, que es algo muy distinto. La fiesta es siempre alegría, relación, vida, amor. El creyente es aquel que se ha sentido invitado a esa fiesta que es Dios y está dispuesto a participar en ella con todo el ser.

El dogma de la Trinidad, tenía que habernos liberado del Dios Poder y habernos lanzado al Dios Amor. El Dios todopoderoso es lo contrario del Dios trino. Dios es amor y sólo amor. La Trinidad quiere expresar el misterio del AMOR-VIDA de Dios que se nos comunica.


Se nos dice que es el dogma más importante de nuestra fe católica, y sin embargo, la inmensa mayoría de los cristianos no pueden comprender lo que quiere decir. Solamente en la medida que seamos capaces de amor, podremos conocer a Dios. La Trinidad nos enseña que sólo vivimos, si convivimos. Nuestra vida debería ser un espejo que en todo momento reflejara el misterio de la Trinidad.


Pero para llegar al Dios de Jesús, tenemos que superar nuestro falso dios. Sí, el falso dios en quien todos hemos creído y en gran medida, seguimos creyendo los cristianos:


El dios interesado por su gloria, incluso cuando hace algo para sacarnos de la miseria.

El dios todopoderoso que si no elimina el mal es porque no le da la gana.

El dios que salva a uno de una enfermedad o peligro si alguien reza por él, pero que deja hundido en la miseria al que no tiene valedor alguno.

El dios ofendido que exige la muerte de su hijo para poder perdonar al ser humano.

El dios que premia a los que hacen lo que él quiere, pero condena a los que no.

El dios celoso de la moral sexual, pero que no le preocupa mucho la injusticia.

El dios que nos exige amar al enemigo pero que a los suyos los manda al infierno.


Debemos estar muy alerta, porque tanto en el AT como en el nuevo podemos encontrar trazos de este falso dios. Jesús experimentó al verdadero Dios, pero fracasó a la hora de hacer ver a sus discípulos su vivencia.


En los evangelios encontramos chispazos de esa luz, pero los seguidores de Jesús no pudieron aguantar el profundo cambio que suponía sobre el Dios del AT. Muy pronto se olvidaron esos chispazos y el cristianismo se encontró más a gusto con el Dios del AT que le daba las seguridades materiales que anhelaba.


La Trinidad no es una verdad para creer sino la base de nuestra experiencia cristiana. Una profunda vivencia del mensaje cristiano será siempre una aproximación del misterio Trinitario.


Sólo después de haber abandonado siglos de vivencia, se hizo necesaria la reflexión teológica sobre el misterio. Los dogmas llegaron como medio de evitar errores en las formulaciones formales, pero lo verdaderamente importante fue siempre la necesidad de vivir esa presencia de Dios en el interior de cada cristiano. Se cometió un grave error, cuando a partir del siglo IV, se empezó a dar más importancia a los teólogos que a los místicos.


Lo más urgente en este momento para el cristianismo, no es explicar mejor el dogma de la Trinidad, y menos aún, una nueva doctrina sobre Dios Trino. Tal vez nunca ha estado el mundo cristiano mejor preparado para intentar una nueva manera de entender al Dios de Jesús o mejor, una nueva espiritualidad que ponga en el centro al Espíritu-Dios, que impregna el cosmos, irrumpe como Vida, aflora decididamente en la conciencia de cada persona y se vive en comunidad.


Sería, en definitiva, la búsqueda de un encuentro vivo con Dios. No se trata de demostrar la existencia de la luz, sino de abrir los ojos para ver.

Puede ser útil recordar lo que dijimos el domingo pasado sobre la Trinidad. No debemos pensar en tres entidades haciendo y deshaciendo, separada cada una de las otras dos. Nadie se podrá encontrar con el Hijo o con el Padre o con el Espíritu Santo. Nuestra relación será siempre con el Dios UNO. Urge tomar conciencia de que cuando hablamos de cualquiera de las tres personas relacionándose con nosotros, estamos hablando de Dios.


En teología, se llama “apropiación”, (¿indebida?) esta manera impropia de asignar acciones distintas a las tres personas. El lenguaje que utilizamos puede ser útil, siempre que no lo tomemos al pie de la letra. Ni el Padre sólo crea ni el Hijo sólo salva ni el Espíritu Santo santifica por su cuenta. Todo es siempre “obra” del Dios Uno.


Refiriéndonos a cada una de las tres personas, queremos explicar los aspectos distintos que encontramos en la creación. Dios crea como uno, pero nosotros podemos descubrir mejor el sentido de esa creación si descubrimos que cada persona deja su impronta en las criaturas:


El Padre le comunica una profundidad misterio­sa, abismal, insondable.

El Hijo, una dimensión de luz y de inteligibilidad.

El Espíritu una perspectiva de comunión y amor.


Desde la partícula más ligera, el hidrógeno (un protón, un neutrón, un electrón formando un átomo) hasta el universo en su conjunto, están reflejando el ser de Dios. Y aún así, nos será imposible comprender todo el misterio que encierra la creación.


Nada de lo que podemos pensar o decir sobre Dios es adecuado a su ser. Cualquier definición o cualquier calificativo que atribuyamos a Dios son incorrectos. Todo lo que sabemos racionalmente de Dios es un estorbo para vivir su presencia vivificadora en nosotros.


He descubierto que, con frecuencia, los ateos están más cerca del verdadero Dios que los creyentes. Ellos por lo menos rechazan la creencia en todos los ídolos. Los creyentes no solemos ir más allá de unas ideas (ídolos) que hemos fabricado a nuestra medida.


Callar sobre Dios, es siempre más exacto que hablar. Dicen los orientales: “Si tu palabra no es mejor que el silencio, cállate”. Las primeras líneas del “Tao” rezan: El Tao que puede ser expresado no es el verdadero Tao; el nombre que se le puede dar, no es su verdadero nombre. ¡Cuánta palabrería se evitaría si tuviéramos esto en cuenta!


Un ejemplo de lo que acabamos de decir sería nuestro discurso sobre los “atributos” de Dios. Dios es esencia simplicísima, no puede tener partes ni cualidades. Todo lo que tiene, lo es. En Él todo constituye su esencia. No se puede decir que es bueno. Es la bondad. No se puede decir que es misericordioso, es la misericordia, etc.


De la misma manera, siempre que aplicamos a Dios contenidos verbales, aunque sean los de “ama”, “perdonó”, “salvará”, nos equivocamos, porque en Dios los verbos no se conjugan; no tiene tiempos ni modos. Dios no tiene “acciones”. Dios todo lo que hace lo es. Si ama, es amor. Pero al decir que es amor, nos equivocamos también, porque le aplicamos lo que nosotros entendemos por amor, y en Dios el AMOR, es algo muy distinto que en nosotros. Es un amor que no podemos comprender, aunque sí experimentar.

Este experimentar que Dios es amor, sería lo esencial de nuestro acercamiento a Él. Los primeros cristianos emplearon siete palabras diferentes para hablar del amor. Al amor que es Dios lo llamaron ágape. Nuestro amor es una cualidad, que podemos tener o no tener. En Dios es su esencia, es decir, no puede no tenerlo, porque dejaría de ser.


Vivir la experiencia de Dios Trino, sería convivir. Estamos hechos para el encuentro y la comunicación. Sería experimentarlo:

1) Como Dios, ser absoluto.

2) Como Dios a nuestro lado presente en el otro.

3) Como Dios en el interior de nosotros mismos, fundamento de mi propio ser.


Acercarse a Dios es descubrir la Trinidad. La experiencia del Dios cristiano (el que se reveló en Jesús) nos empujaría a ser como Él, Padre, Hijo y Espíritu a la vez. En cada uno de nosotros se tiene que estar reflejando siempre la Trinidad.


Debemos empezar por descubrir a Dios en nosotros, como parte de nuestro ser.

Pero no se agota ahí. Descubrimos a Dios con nosotros en los demás.

Pero no se agota ahí. Descubrimos también a Dios que nos trasciendey en esa trascendencia completamos nuestra imagen de Dios.


Hoy no tiene ningún sentido la disyuntiva entre creer en Dios o no creer. Todos tenemos nuestro Dios o dioses. Hoy la disyuntiva para los que se dicen creyentes y los que se proclaman ateos es creer en el Dios de Jesús o creer en un ídolo. La mayoría de los cristianos no vamos más allá del ídolo que nos hemos fabricado a través de los siglos. Lo que rechazan los ateos, es nuestra idea de Dios que no supera nuestro teísmo interesado. Después de darle muchas vueltas a tema, he llegado a la conclusión que es más perjudicial para el ser humano el teísmo que el ateismo.


El Dios revelado por Jesús, es amor. Esto es la esencia del evangelio. La mejor noticia que podía recibir un ser humano es que Dios no puede apartarle de su amor. Esta es la verdadera salvación que tenemos que apropiarnos. Es también el fundamento de nuestra confianza en Dios. Confianza absoluta y total porque, aunque quisiera, no puede fallarnos. En esa confianza consiste la fe. Porque DiosES amor, está incapacitado para condenar. Sólo puede salvar. No confiar en esa salvación de Dios, es estar ya condenado.

Meditación-contemplación

Dios es amor, pero ese amor no responde a nuestra idea del amor.

Dios es El que ama, el amado y el amor. Los tres a la vez.

Incomprensible para nosotros, porque en nosotros son realidades diferentes.

En nosotros siempre habrá un sujeto que ama,

un objeto amado y el amor mismo.

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La creación no es más que la manifestación de ese Dios.

En toda criatura queda reflejada su manera de ser.

En todo ser creado está el amante, el amado y el amor.

El hombre tiene la capacidad de entrar conscientemente en esa dinámica.

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No puede haber meta más alta, que dejarse arrastrar por ese torbellino.

Es Vida en el sentido más profundo de lo que podemos entender.

Vida que me lleva más allá de mí mismo y colmaría mi ser.

Vida que colmaría mi ansia de felicidad.

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Fray Marcos



MADRE, PALABRA Y VIENTO

El cuarto evangelio presenta a Jesús como manifestación definitiva del Padre. Todo lo anterior ha sido un largo ascenso hasta la plenitud. La plenitud es Jesús. En él conocemos el rostro de Dios. A Dios nadie le ha visto jamás, pero en Jesús lo hemos visto, lo hemos tocado. Y el texto presenta a Jesús como manifestación del amor del Padre; el Padre es salvador, no condenador; esta es la salvación: creer en Jesús.

Hoy la Iglesia universal celebramos la Fiesta de la Santísima Trinidad. Parece que celebramos algo extraño y lejano, que no va con nosotros. No es así. Celebramos que CONOCEMOS A DIOS, ni más ni menos.

Nosotros, hombrecillos sin importancia, pequeños vivientes que pululamos en la superficie de este insignificante planeta, conocemos a Dios.

¿Nos importa mucho conocer a Dios?. ¿Va a cambiar esto nuestra vida? Porque conocemos a Dios, ¿vamos a vivir más cómodamente, vamos a ganar más dinero, se nos van a solucionar los problemas de todos los días?. No es eso, es algo mucho mejor: porque conocemos a Dios sabemos quiénes somos, sabemos vivir, sabemos el modo de no echar a perder nuestra vida. Y eso es lo más importante.

¿Cómo conocemos a Dios? Alguien podría pensar que lo conocemos por un esfuerzo de nuestra mente, de nuestra razón, que podemos demostrar su existencia, describir sus cualidades.... No es verdad.

Nuestra mente puede quizá sospecharlo, adivinarlo, intuirlo, desearlo... También puede negarlo. No, ese camino no es bueno. Conocemos a Dios PORQUE DIOS SE NOS HA DADO A CONOCER.

Durante siglos, los seres humanos, admirados de las fuerzas misteriosas y terribles del mundo, les llamaron dioses. Algo era, muy poquito, muy lejano. Luego fueron comprendiendo que Dios era demasiado grande para que hubiera muchos, pensaron en que el Universo tenía que tener un origen... llegaron al Dios Creador y Amo, que podía dar leyes y castigar la desobediencia.

Israel llegó a detectar que lo más íntimo de Dios era la misericordia, “lento a la ira y rico en piedad”. Era un poquito más, bastante más.

Y luego llegó Jesús, La Palabra de Dios hecha hombre. Nosotros los cristianos conocemos a Dios porque lo hemos visto actuar en Jesús. Y en Jesús hemos conocido que Dios es Médico, Pastor, Agua, Luz, que nosotros los humanos somos hijos peregrinos pecadores. Hijos, no esclavos; peregrinos, porque ésta no es nuestra casa; pecadores, que nos equivocamos muchas veces, pero podemos seguir adelante porque contamos con la ayuda y el amor de nuestra Madre Dios.

Esto es lo que conocemos de Dios y de nosotros, porque lo hemos aprendido en Jesús de Nazaret, y éste es el centro de nuestra fe. Nosotros creemos en el Dios de Jesús y sólo en él.

Y ¿qué significa, entre todas estas cosas, la Santísima Trinidad?. Alguno de ustedes piensa: Es muy sencillo; Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Padre creador que está en los cielos; el Hijo, Dios hecho carne, Jesucristo; El Espíritu Santo, representado como una paloma, que es fuente de todas las gracias. No, esto no nos basta.

Esto parece como si creyéramos en tres, en tres dioses. Nuestra fe es mucho más bella y más fácil de entender. Creemos en Dios, nuestra Madre, nuestro Médico, nuestro Aliento, un sólo Dios. A Dios nadie le ha visto jamás, nuestros ojos no pueden sentirlo, pero en el mundo, en la vida de los humanos, se nota su presencia, como un viento que no se ve y está ahí, dobla los árboles y levanta las olas, y hincha las velas de los barcos.

Lo sentimos soplar en el mundo, en el amor de las madres, en el trabajo sacrificado de los padres, en la bondad, en la ayuda, en la ciencia, en la inteligencia, en la compasión...

Sentimos la presencia del Viento de Dios, que hincha las velas de nuestras barcas y las lleva hacia buen puerto. Y, más íntimamente, el Viento de Dios es Aliento, lo que hace respirar, lo que quita el des-aliento, lo que anima, nos hace vivir con ánimo. Le hemos llamado "el Espíritu", el Viento de Dios. Y en un hombre concreto, en Jesús de Nazaret, hemos visto soplar el Viento de Dios como en ninguno.

También en nuestras velas sopla, pero en la suya sopla como un huracán. También a nosotros nos hace hijos, pero a él le hace tan hijo que le hemos llamado "El Hijo", "El Primogénito", hasta “el Unigénito”, para marcar su filiación de modo especial. Así, decimos de él que es "el hombre lleno del Espíritu". También en nosotros está Dios, pero en él decimos que "reside toda la plenitud e la divinidad".

Y así, creemos en un solo Dios, el Padre-Madre-Médico-Luz-Pan-Agua-Palabra-Aliento, principio y origen y destino y sentido de todas las cosas y de todas nuestras vidas.

Creemos en su presencia en el mundo, en su acción, en su fuerza, en su viento, en su Espíritu que está presente y sopla constantemente en el mundo. Creemos en Jesús, el hombre lleno del Espíritu, tan lleno que en Él vemos cómo es Dios y cómo podemos y debemos ser nosotros.

No lo olvidemos. En la Sagrada Escritura, en los Evangelios, no se nos dicen nunca curiosidades para entretenernos. No se nos dice cómo es Dios por dentro para que presumamos de sabiduría. Se nos dice cómo es Dios para nosotros, y cómo podemos y debemos ser nosotros.

No es necesario inventar otras mediaciones, no es bueno fiarse de nuestro cerebro para alcanzar el conocimiento de Dios. No es bueno quedarse tan tranquilo definiendo a Dios Uno y Trino. Es bueno, justo, necesario, es nuestro deber y nuestra salvación conocer a Dios en Jesús, y creer sólo en Él.

En Jesús hemos visto que Dios nos quiere como las madres quieren a sus hijos, más cuanto más las necesitan. En Jesús hemos visto que Dios se siembra como semilla, que es Palabra constantemente derramada. En Jesús hemos visto que Dios es un viento poderoso que es capaz de elevar nuestra materia hasta los cielos y hacer de nosotros nada menos que Hijos.

Esto cambia nuestra vida entera. La llena de máxima confianza, de máxima dignidad, de máximo compromiso. Estaremos en las cosas de nuestro Padre, su Palabra será nuestra sabiduría, nos dejaremos llenar de su viento, seremos creadores para terminar su obra.
Jesús nos ha mostrado cómo es Dios y qué es ser hombre. Y se nos llena el corazón de gratitud. Y damos gracias a Dios por Jesucristo, porque por Él sabemos cómo es Dios y quiénes somos.

Pero, una vez más, debemos refrescar algo muy íntimo de la Religión, del concepto mismo de Fe. La Fe no consiste en una serie de mensajes que hay que aceptar intelectualmente porque Dios los dice y por tanto nos los creemos. Tampoco consiste en que nuestra curiosidad sobre el Infinito se ve saciada por la revelación.

La Fe es recibir y responder al conocimiento de Dios. Dios Salvador se pone en contacto con el hombre, y la vida del hombre le responde. Se nos revela lo que nos hace falta para vivir.

Vivir es lo que importa, y por eso importa conocer, porque el conocimiento transforma la vida. Eso es la Fe, cambiar la vida porque conocemos algo de Dios. No en vano, las fórmulas trinitarias se incluyen en los evangelios en las fórmulas de la Misión, que incluyen siempre "En el nombre de la Trinidad - id por todo el mundo - anunciad el perdón de los pecados - Dios está con vosotros ".

Lo que nos importa de veras de todo esto no es satisfacer una curiosidad sobre la esencia del Desconocido sino aceptar esta Buena Noticia, que Dios es el Padre y el Aliento de vida, que eso lo hemos visto en el Hijo, que somos hijos por la fuerza de su Espíritu que está en nosotros, que ese Espíritu trabaja por la salvación de todos sus hijos, y que para eso cuenta con nosotros, los hijos, que "estamos en las cosas de nuestro Padre".

PROFESIÓN DE FE

Creo que Dios es mi Padre,
mi médico, mi libertador
el que lo crea todo para bien,
el que trabaja sin descanso por sus hijos.

Creo más que a mi ojos a su Palabra,
Jesús, el Hombre lleno del Espíritu,
en quien reside la divinidad plenamente ,
que puso su tienda entre nosotros
y es luz, camino y verdad,
que es agua, pan y vino,
nacido de María,
muerto y resucitado,
vivo para siempre junto a Dios,
primogénito de todos sus hermanos.

Creo en el Viento de Dios,
porque lo he visto brillar en Jesús
y lo sigo viendo en la Iglesia.

Por Jesús y por su Espíritu
creo en el perdón, creo en la humanidad,
creo que en la Iglesia está el Espíritu,
creo que la vida es eterna,
y la espero para mí y para todos,
por el poder y la bondad del Padre
manifestada en Jesús, nuestro Señor.

José Enrique Galarreta