jueves, 19 de mayo de 2011

NO SE QUEDEN SIN JESÚS - José Antonio Pagola


NO SE QUEDEN SIN JESÚS - José Antonio Pagola

Al final de la última cena Jesús comienza a despedirse de los suyos: ya no estará mucho tiempo con ellos. Los discípulos quedan desconcertados y sobrecogidos. Aunque no les habla claramente, todos intuyen que pronto la muerte les arrebatará de su lado. ¿Qué será de ellos sin él?

Jesús los ve hundidos. Es el momento de reafirmarlos en la fe enseñándoles a creer en Dios de manera diferente: «Que no tiemble su corazón. Crean en Dios y crean también en mí». Han de seguir confiando en Dios, pero en adelante han de creer también en él, pues es el mejor camino para creer en Dios.

Jesús les descubre luego un horizonte nuevo. Su muerte no ha de hacer naufragar su fe. En realidad, los deja para encaminarse hacia el misterio del Padre. Pero no los olvidará. Seguirá pensando en ellos. Les preparará un lugar en la casa del Padre y un día volverá para llevárselos consigo. ¡Por fin estarán de nuevo juntos para siempre!

A los discípulos se les hace difícil creer algo tan grandioso. En su corazón se despiertan toda clase de dudas e interrogantes. También a nosotros nos sucede algo parecido: ¿No es todo esto un bello sueño? ¿No es una ilusión engañosa? ¿Quién nos puede garantizar semejante destino? Tomás, con su sentido realista de siempre, sólo le hace una pregunta: ¿Cómo podemos saber el camino que conduce al misterio de Dios?

La respuesta de Jesús es un desafío inesperado: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». No se conoce en la historia de las religiones una afirmación tan audaz. Jesús se ofrece como el camino que podemos recorrer para entrar en el misterio de un Dios Padre. El nos puede descubrir el secreto último de la existencia. El nos puede comunicar la vida plena que anhela el corazón humano.

Son hoy muchos los hombres y mujeres que se han quedado sin caminos hacia Dios. No son ateos. Nunca han rechazado de su vida a Dios de manera consciente. Ni ellos mismos saben si creen o no. Sencillamente, han dejado la Iglesia porque no han encontrado en ella un camino atractivo para buscar con gozo el misterio último de la vida que los creyentes llamamos "Dios".

Al abandonar la Iglesia, algunos han abandonado al mismo tiempo a Jesús. Desde estas modestas líneas, yo les quiero decir algo que muchos intuyen. Jesús es más grande que la Iglesia. No confundan a Cristo con los cristianos. No confundan su Evangelio con nuestros sermones. Aunque lo dejen todo, no se queden sin Jesús. En él encontrarán el camino, la verdad y la vida que nosotros no les hemos sabido mostrar. Jesús los puede sorprender.

José Antonio Pagola
vgentza@euskalnet.net

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde el camino de Jesús. Pásalo.
22 de mayo de 2011
5 Pascua (A)
Juan, 14, 1-12

¡CUÁNTO TENEMOS QUE APRENDER DE TI!

Tú ofreces tu casa solariega
a todos los que andamos a la intemperie
por los caminos de la vida.

Tú eres amigo de acoger sin preguntar,
ofreciendo, primero, el calor de tu abrazo,
la ternura de tu amistad
y las viandas de tu amor.
¡Cuánto tenemos que aprender de ti!

Tú has reservado un cuarto para cada uno,
respetando nuestro ser y nuestras manías,
apreciando nuestra voz y decisión,
provocando nuestra responsabilidad.

Tú guardas siempre el mejor sitio,
el más tranquilo, el mejor amueblado,
para el más pobre y pequeño,
para el más marcado por la vida.
¡Cuánto tenemos que aprender de ti!

Tú nos recuerdas cada día
la infinidad de personas que tenemos en el mundo
huérfanas de casa y pan,
huérfanas de presente y porvenir,
siendo que tu sueño primero fue un hogar
amplio, cálido y común
donde podamos vivir el gozo de la hermandad.
¡Cuánto tenemos que aprender de ti!

Tú no te quedas parado.
Reclamas nuestra colaboración
para esa tarea, sublime y elemental,
de dar a cada persona un cuartito
en esa casa grande, tu casa solariega,
que es la humanidad.
¡Cuánto tenemos que aprender de ti!

Florentino Ulibarri

HACIENDO PROPIA LA EXPERIENCIA DE JESÚS


Hoy podíamos desarrollar, no una homilía, sino todo un tratado desde cada una de las lecturas.


En la primera, descubrimos como los ministerios (diaconado) no fueron instituidos directamente por Jesús, sino que surgieron como exigencias de una comunidad que crece y tiene que organizarse.


“Escoged a siete de vosotros... y les encargaremos de esa tarea.” (Hch 6,1-7)

En la segunda, nos encontramos con la idea del sacerdocio de los fieles, recuperada por el Vaticano II, pero escamoteada por los encargados de desarrollar su doctrina.


“Raza elegida, sacerdocio real, nación consagrada, pueblo adquirido.” (1 Pe 2,4-9)

Todo cristiano es esencialmente sacerdote, porque participa del sacerdocio de Cristo. La diferencia con el sacerdocio ministerial es accidental. No se trata de quitarle importancia, pero no debemos establecer diferencias substanciales entre cristianos. Los ministros ordenados no son más ni menos cristianos. La única diferencia es que a ellos se les ha preparado para que cumplan un ministerio, es decir, una función.


El contexto del evangelio de Juan que leemos este domingo, es el discurso de despedida después de la cena. En el capítulo 13 el centro es Jesús. En el 14, el centro es el Padre (aparece 25 veces).


El ambiente es de inquietud. La traición de Judas, el anuncio de la negación de Pedro, el anuncio de la partida. Todo es inquietante. Está justificada la invitación a la calma y a la confianza. La clave del mensaje en este capítulo es la relación de Jesús y la de sus discípulos con el Padre.


Aunque Juan pone en boca de Jesús todo el discurso, en realidad se trata de reflexiones pascuales. Lo que en el discurso es futuro, es ya presente para el que escribe y el que lee. Pero este presente deja entrever un nuevo futuro que el Espíritu irá realizando.


Se percibe la dificultad que tiene la comunidad de expresar su experiencia de salvación. Esta vivencia pascual está anclada en la presencia viva de Jesús, del Espíritu y del Padre.


Creed en Dios y creed también en mí. “Pisteuete eis”, no significa creer, en el sentido que damos nosotros hoy a esa palabra. Sería creer ‘en sentido bíblico’, es decir, poned vuestra confianza en…


Juan utiliza esta construcción 30 veces, dirigida a Jesús. Solo en 12,44 y aquí pone como término a Dios, indicando claramente la identidad de ambas adhesiones. Está en juego la relación de los discípulos con Dios.


La confianza en él y la confianza en Dios son la misma cosa. Si de verdad buscan a Dios, están en el buen camino, porque están con él. No hay diferencia entre la adhesión a Dios y la adhesión a Jesús. Esta es la razón por la que no tienen nada que temer.


En el hogar de mi Padre, hay muchas estancias. No se trata de un lugar, sino del ámbito del amor de Dios. En el corazón de Dios, todos tienen cabida. También podía traducirse: en la familia de Dios hay sitio para todos. Todos los seres humanos están llamados a formar parte de la familia (ámbito) del mismo Dios.


Jesús va al Padre, para procurarles un tipo de relación con Dios, similar a la suya. No hay diferencia entre unas moradas y otras. Como Jesús está “en el seno del Padre”, así todos pueden llegar allí.


La incomprensión de Tomás, es recurso literario, da al autor la oportunidad de aclararse.

Todo el lenguaje es mítico-simbólico. Me voy, me quedo, vuelvo, etc. no se puede entender literalmente de manera local. Son ideas teológicas clave para entender la marcha de Jesús y a la vez, su permanencia con ellos vivo. Pero aunque la verdad está formulada desde una visión mítica, el mensaje sigue siendo válido para nosotros. Solo tenemos que cambiar su formulación.

Hoy tendríamos que decir que la meta de todo está en Dios. Esa identificación con Dios, de la que habla Jesús, es la que tenemos que descubrir todos y vivirla ya aquí. En Jesús, Dios ha manifestado el proyecto de Dios para el hombre. Ahora tienen que dejar que ese proyecto se realice en cada uno de ellos.


Yo soy el camino, la verdad y la vida. Estamos ante uno de los textos más densos, referidos a la realidad de Jesús. La meta es el Padre. Jesús es el camino, pero también la verdad y la vida. El concepto de “camino” presupone un término, el Padre. El concepto de “verdad” presupone un contenido. El contenido es él. De los tres términos, el único absoluto es “Vida”. Porque Jesús posee la Vida, por eso es verdad y es camino.


Yo soy camino. Jesús es un proyecto realizado, porque recorrió el camino que le llevó a la plenitud humana. El camino es el amor hasta la muerte. El don total de sí mismos les realizará plenamente y hará brillar en ellos la presencia de Dios.


Pero además de recorrer ese trayecto, Jesús se hace camino para que tú puedas recorrerlo también. En el AT el camino era la Ley. Jesús sustituye la Ley, no con otra ley, sino con su persona.


Yo soy verdad, es decir soy lo que tengo que ser, soy yo mismo, soy autentico. No se trata de la verdad lógica, (la adecuación de un predicado a un sujeto), sino verdad ontológica que hace referencia al ser, no al conocer. Quiere decir que Jesús es plenamente hombre, autentico y verdadero.


Es lo que tiene que ser un ser humano. Es verdad, porque la trayectoria de su vida es la que tiene que recorrer todo hombre. Lo contrario sería, ser lo que no eres, ser falso, engañoso, pura apariencia, no ser uno mismo.


“Yo soy” es el nombre que se da a sí mismo Dios desde la zarza. En Juan se repite hasta la saciedad en boca de Jesús: yo soy. El complemento puede ser cualquiera: puerta, pastor, camino, vida, verdad. Si estoy identificado con Dios lo soy todo a la vez.


Yo soy vida, es decir, lo esencial de mi ser está en la energía que hace que sea lo que soy. Recordad: "El Padre que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo el que me coma, vivirá por mí." Está hablando de la misma Vida que es Dios, que se le ha comunicado a él y que, a través de él, se nos comunica a nosotros.


De la misma manera que no podemos encontrar la vida biológica independientemente de un ser que la posea, así no podemos encontrarnos con un Dios ahí fuera separado de un ser que lo manifieste.


Nadie se acerca al Padre sino por mí. En el cap. 6 había dicho: “nadie viene a mí si el Padre no lo atrae”. Las dos ideas se complementan. Para el que nace del Espíritu, el Padre no es alguien lejano, su presencia es inmediata. Hacerse hijo es hacer presente al Padre. La identificación con Jesús, hace al discípulo participar de la misma vida de Dios.


Si llegáis a conocerme del todo, conoceréis también a mi Padre. Una vez más se refleja el “ya, pero todavía no” de la primera comunidad. El seguimiento de Jesús es un dinamismo constante.


No se trata de progresar en el conocimiento, sino en la comunión por amor. El conocimiento vivencial de Jesús, hará que el Padre se manifieste en el discípulo. Lo que pide Felipe es una teofanía como las narradas en el AT. Piensa que Jesús es unrepresentante de Dios, no la presencia misma de Dios.


Quien me ve a mí, ve al Padre. ¿Cómo dices tú, muéstranos al Padre? Esta queja, puesta en boca de Jesús, es una clara reflexión pascual de los discípulos. En su vida pública no entendieron ni jota de lo que era realmente Jesús.


Felipe sigue separando a Dios del hombre. No ha descubierto el alcance del amor-Dios ni su proyecto sobre el hombre. No se ha enterado de que Dios solo es visible en el “hombre”.


Desde esta perspectiva, Jesús podía decir: quien me ve a mí, ve a mi Padre. Y al mismo tiempo: si me amarais os alegraríais de que vaya al Padre porque el Padre es más que yo.


Las propuestas que yo os hago no las propongo por cuenta mía. Se trata de propuestas de acción. Las obras son la manifestación de que Dios está en Jesús. ¡Ojo a este dato!


La presencia de Dios en Jesús es dinámica. El Padre ejerce su actividad creadora a través de Jesús. Él, a partir de su propia experiencia, propone las “exigencias” que Dios le pide a él. Jesús a través de sus obras realiza el designio creador.


El criterio para descubrir si el Padre está en Jesús serán siempre las obras. Lo quedice tendrá siempre un valor relativo. Lo verdaderamente válido son las obras. Si lo tenemos claro, descubriremos a Dios en las obras de Jesús a favor del hombre.


Pero la manifestación de Dios en las obras de Jesús no es una exclusiva suya. Dios actúa en él y seguirá actuando en todo aquél que siga sus pasos. Liberar al hombre será siempre obra de Dios, sea a través de Jesús sea a través de sus seguidores.


El que cree en mí, hará las obras que yo hago y aún mayores. No se trata de milagros, sino de la manifestación del amor en favor del hombre. La obra de Dios no termina en Jesús, empieza en él y se continuará siempre.


Jesús está hablando de su experiencia de Dios y quiere que ellos tengan la misma experiencia. Se trata de descubrir y desplegar la misma vida de Dios en cada uno de ellos. Toda la predicación de Jesús nace de la experiencia e invita a la experiencia como plenitud de humanidad.


Meditación-contemplación


Yo soy el único camino, la verdad, y la Vida.

Ésta es la profunda experiencia de los cristianos de finales del s. I.

En Jesús descubrieron, no sin dificultades, la presencia de Dios.

Mi tarea es descubrir también ese Dios de Jesús.

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Para encontrar ese Dios en Jesús, tengo que abandonar mis ídolos.

Dioses que tengo muy arraigados en lo más hondo de mí.

De los que no me quiero desprender porque son fabricación mía.

Con los que me encuentro muy a gusto porque responden a mis deseos.

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El Dios de Jesús, por ser amor, me exige amar.

Y eso es lo más contrario a mis deseos egoístas.

Para vivir la presencia del verdadero Dios sólo hay un camino;

el que recorrió Jesús amando hasta el extremo.

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Fray Marcos