jueves, 5 de abril de 2012

Reflexiones sobre el Jueves Santo

GESTOS DE AMOR FRATERNO

Cenar con los amigos,
abrirles el corazón sin miedo,
lavarles los pies con papacho y respeto,
hacerse pan tierno compartido
y vino nuevo bebido.
Embriagarse de Dios,
e invitar a todos a hacer lo mismo.


Visitar a los enfermos,
cuidar a ancianos y niños,
dar de comer a los hambrientos
y de beber a los sedientos;
liberar a presos y cautivos,
vestir a los desnudos,
ayudar a migrantes y perdidos,
sepultar dignamente a los muertos.
No olvidarse de los vivos,
e invitar a todos a hacer lo mismo.


Enseñar al que no sabe,
dar buen consejo al que necesita,
corregir al que se equivoca,
perdonar injurias y torpezas,
consolar al triste,
tener paciencia con las flaquezas del prójimo.
Pedir a Dios por amigos y enemigos,
e invitar a todos a hacer lo mismo.


Trabajar por la justicia,
empeñarse en una paz duradera,
decir no a las armas,
desvivirse en proyectos solidarios,
reducir nuestras cuentas y carteras,
superar las limosnas.
Amar hasta el extremo,
e invitar a todos a hacer lo mismo.


Ofrecer un vaso de agua,
brindar una palabra de consuelo,
denunciar leyes injustas,
parar el viaje de los negocios propios,
cargar con el herido
aunque no sea de la familia,
salir de mi casa y círculo
–chiringuito, grupo o castillo–.
Construir una ciudad para todos,
e invitar a todos a hacer lo mismo.


Realizar el trabajo debidamente.
No defraudar a Hacienda.
Respetar la dignidad de todos.
Defender los Derechos Humanos.
Romper fronteras y guetos.
Dudar de fortunas y privilegios.
Crear desconcierto evangélico.
Amar como él nos ama,
e invitar a todos a hacer lo mismo.


Etcétera, etcétera, etcétera…


Un gesto sólo, uno sólo
desborda tu amor,
que se nos ofrece como manantial de vida.
Si nos dejamos alcanzar y lavar,
todos quedamos limpios,
como niños recién bañados,
para descansar en tu regazo.
¡Lávame, Señor!
¡Lávanos, Señor!

Florentino Ulibarri



JESÚS LAVANDO LOS PIES A LOS DOCE


Es el resumen final de Juan: "Yo para esto he venido al mundo". Me parece muy importante el hecho de que el cuarto evangelio omita el relato del pan y el vino y sitúe en el lugar que le correspondería el del lavatorio de los pies.

Nos sirve para comprender mejor las intenciones de este evangelista: ya están narrados y divulgados, desde hace quizá treinta años, los hechos y dichos de Jesús. El cuarto evangelista pretende insistir en lo más significativo, dar más sentido e interpretar teológicamente lo que ya saben los cristianos. En el caso del lavatorio de los pies, da el sentido último de la eucaristía: ponerse a los pies de todos, ofrecerse, integralmente, para ser pan para todos.

Celebramos el estilo de Jesús, el estilo de Dios, su sueño, su proyecto. El grano de trigo, la siembra y la cosecha, Dios-pan, los granos de uva, Dios-vino, la comida fraterna, la gratuidad, la muerte del hambre, la fraternidad universal.

(Si al acercarte al altar te acuerdas de que alguien tiene algo contra ti, deja tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano. Millones de hermanos no tienen pan; yo, sí, de sobra. Mis hermanos tienen algo contra mi: ¿puedo comulgar?)

Es la cena de la incomprensión, los codazos por los primeros puestos, la noche de Jesús lavando los pies. Es la noche de la traición. Comer su pan y venderle. Es la noche de la contemplación de Jesús aterrado en Getsemaní. Es la noche de la negación de Pedro y la huida de los discípulos. Es la noche en que todos se ríen de Jesús, y Jesús calla.

Comulgar con Jesús. Dejar el pan expuesto para contemplarlo en largos ratos de oración.


José Enrique Galarreta