viernes, 18 de marzo de 2011

¿Qué es la vocación?


El llamado a la vocación es el impulso que nos ayuda a definir el rumbo de nuestra vida. Es cuando pensamos en darle una perspectiva de servicio a lo que hacemos y nos dejamos guiar por un proyecto mayor, que son los deseos de Jesús de amor y de misericordia.

La vocación cristiana es una invitación a ser compañeros de Jesús para continuar su misión en esta tierra y en este mundo. Es un deseo que surge en el corazón que nos hace sentir coherentes, animados, esperanzados y felices.

La vocación nos enfrenta al verdadero sentido de lo que hacemos y de lo que estamos invitados a soñar, es cuando dejamos de estudiar sólo por tener éxito, o tener novia por estar acompañado, y algo, “un no se qué” nos llega al corazón y hace tener claridad del para qué de las cosas. Esto brota, según San Ignacio de Loyola, de un deseo, de amar más, de servir, de construir un mundo más incluyente, y de hacerlo en la Iglesia.

Las decisiones no se pueden dejar a la casualidad o al “destino”, sino deben ser pasadas por el crisol de la experiencia de amor de los otros, de mi propia historia de salvación y detecta en ella el impulso que me ha llevado a optar por algo más.

La vocación, es pues, un deseo de amar a la vida, a los que necesitan, a los que esperan, es la capacidad de dejarse tocar por el dolor y el amor humano.

Y Dios aparece en forma de deseos, por lo que si nace un deseo de amar hasta el extremo, un impulso profundo a ayudar a construir puentes entre dos mundos que parecen antagonizados; una especie de voz interior que brota no de mis propios medios, fantasmas o ambiciones personales, sino que parece emerger de “otro” lugar y que te hace salir de tu zona de confort, quizá valga la pena preguntarte ¿TENDRÉ VOCACIÓN?

La compañía de Jesús es una respuesta a esta sensación que nos mueve a querer, a esperar, a construir, a dar una sonrisa al caído, a optar por la misericordia en lugar de juzgar.

Si vives esto es posible que puedas tener vocación a vivir un amor radical, que nos hace partícipes y por lo tanto colaboradores del Proyecto de Jesús para la humanidad. Si las preguntas: ¿Para qué estudio? ¿Para qué trabajo? ¿Para quién vivo?, tocan tu corazón, lánzate y atrévete a preguntarte: ¿Hasta dónde estoy dispuesto a amar?

La vocación no se descubre de la noche a la mañana, es un proceso de reflexión y oración que te hace entrar a lo más profundo de ti para captar aquellos deseos que empatan con los deseos de Jesús.

El silencio será el gran aliado para descubrirla y los jesuitas te ofrecemos un espacio y una metodología para discernir tu llamado.

Fuente: www.vocacionesjesuitas.org