jueves, 17 de febrero de 2011

¿Señor, a quien iremos? - Cristobal Fones, SJ.


NUNCA NOS DEJAS HUÉRFANOS

No nos dejas huérfanos, Señor,
nunca nos dejas huérfanos.

Cuando amamos
y seguimos tus mandatos,
tu Espíritu de amor nos hace compañía
y es, para nosotros, fuerza y aliento,
soplo gratis de vida
y tregua en el trabajo
para continuar con amor y fidelidad.

Cuando obramos mal,
tu Espíritu de verdad
remueve nuestras entrañas
y es para nosotros luz en la oscuridad,
agua viva para limpiarnos,
bálsamo para las heridas
y garantía de tu amor y fidelidad.

No nos dejas huérfanos, Señor,
nunca nos dejas huérfanos.

A la hora de testimoniar la fe
y dar razón de nuestra forma de vivir,
tu Espíritu de vida nos acompaña siempre
y pone, a nuestro alcance,
las palabras adecuadas,
esas que necesitan
quienes buscan y ofrecen amor y fidelidad.

Y si el miedo a la libertad
y la pobreza de nuestros proyectos
secan el corazón y lo hacen yermo,
tu Espíritu, manantial de agua viva,
lo riega para convertirlo en oasis fecundo
donde florezca, a tiempo y a destiempo,
tu amor y tu fidelidad.

No nos dejas huérfanos, Señor,
nunca nos dejas huérfanos.

Vivimos el presente con serenidad
y miramos el futuro con esperanza,
porque tú no te olvidas de nosotros
aunque nosotros nos olvidemos de ti.
Tú estás en lo más hondo de nosotros
Derramando en nuestros corazones,
a manos llenas, tu amor y fidelidad.

Aunque pasemos dificultades,
aunque fracasemos en nuestros intentos,
aunque la desgracia nos visite,
aunque nos rompamos a jirones,
aunque la muerte nos recoja antes de tiempo,
confiamos en tu promesa
de amor y fidelidad.

No nos dejas huérfanos, Señor,
nunca nos dejas huérfanos

F. Ulíbarri