jueves, 3 de febrero de 2011

REFLEXIONES SOBRE SER SAL Y LUZ DE LA TIERRA

José María Castillo - “Espiritualidad para insatisfechos”
Se trata de que uno organice su vida de manera que, en el ambiente en el que viva y entre las personas con quienes conviva, haga todo lo que esté a su alcance para que los demás se sientan bien, vivan en paz, convivan a gusto y, sobre todo, sean personas tan felices que la alegría se transparente a todas horas en sus rostros.
Sueño con un mundo más soportable y una vida más llevadera.
El mundo y la vida que hacen los que, en cualquier caso, consiguen que los demás se sientan mejor cada día.
La felicidad se contagia, es decir, el que es feliz, hace felices a los que le rodean y conviven con él. La capacidad de contagiar felicidad es determinante para quien quiere hablar de Dios.


SAL Y LUZ - José Antonio Pagola
Si los discípulos viven las bienaventuranzas, su vida tendrá una proyección social. Es Jesús mismo quien se lo dice empleando dos metáforas inolvidables. Aunque parecen un grupo insignificante en medio de aquel poderoso imperio controlado por Roma, serán «sal de la tierra» y «luz del mundo».

¿No es una pretensión ridícula? Jesús les explica cómo será posible. La sal no parece gran cosa, pero comienza a producir sus efectos, precisamente, cuando se mezcla con los alimentos y parece que ha desaparecido. Lo mismo sucede cuando se enciende una luz: sólo puede iluminar cuando la ponemos en medio de las tinieblas.

Jesús no está pensando en una Iglesia separada del mundo, escondida tras sus ritos y doctrinas, encerrada en sí misma y en sus problemas. Jesús quiere introducir en la historia humana un grupo de seguidores, capaces de transformar la vida viviendo las bienaventuranzas.

Todos sabemos para qué sirve la sal. Por una parte, no deja que los alimentos se corrompan. Por otra, les da sabor y permite que los podamos saborear mejor. Los alimentos son buenos, pero se pueden corromper; tienen sabor, pero nos pueden resultar insípidos. Es necesaria la sal.

El mundo no es malo, pero lo podemos echar a perder. La vida tiene sabor, pero nos puede resultar insulsa y desabrida. Una Iglesia que vive las bienaventuranzas contribuye a que la sociedad no se corrompa y deshumanice más. Unos discípulos de Jesús que viven su evangelio ayudan a descubrir el verdadero sentido de la vida.
Hay un problema y Jesús se lo advierte a sus seguidores. Si la sal se vuelve sosa, ya no sirve para nada. Si los discípulos pierden su identidad evangélica, ya no producen los efectos queridos por Jesús. El cristianismo se echa a perder. La Iglesia queda anulada. Los cristianos están de sobra en la sociedad.

Lo mismo sucede con la luz. Todos sabemos que sirve para dar claridad. Los discípulos iluminan el sentido más hondo de la vida, si la gente puede ver en ellos «las obras» de las bienaventuranzas. Por eso, no han de esconderse. Tampoco han de actuar para ser vistos. Con su vida han de aportar claridad para que en la sociedad se pueda descubrir el verdadero rostro del Padre del cielo.

No nos está permitido servirnos de la Iglesia para satisfacer nuestros gustos y preferencias. Jesús la ha querido para ser sal y luz. Evangelizar no es combatir la secularización moderna con estrategias mundanas. Menos aún hacer de la Iglesia una "contra-sociedad". Sólo una Iglesia que vive el Evangelio puede responder al deseo original de Jesús.

José Antonio Pagola
fuente: http://feadulta.com/index.htm

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Ayuda a la Iglesia a ser sal y luz. Pásalo.
6 de febrero de 2011
5 tiempo ordinario (A)
Mateo 5, 13-16


SI FUÉRAMOS CAPACES...
Si fuéramos capaces
de juntar hombro con hombro,
brazos con brazos
y llevar el mismo ritmo en este tiempo aciago...

Si fuéramos capaces
de compartir tantos sueños,
fatigas, lágrimas y fracasos
que nos acompañan en el camino diario...

Si nos hiciéramos uno,
unos con otros respetándonos,
unos junto a otros solidarizándonos,
sin dejar de ser proyecto evangélico...

Si nos hiciéramos grito,
rostro y buena noticia
dentro y fuera de la Iglesia
para todos los que buscan a tientas...

Si nos abrazáramos
más allá de las conveniencias,
de leyes, credos y mandatos
psicológicos, sociales y religiosos...

Si al abrazarnos
nos transmitiéramos luz,
calor, vida y sabor
para gustar toda la creación...

Si construyéramos un bloque
de rojos y enamorados corazones
sensibles a todo lo que surge
en los cuatro puntos cardinales...

Si construyéramos una casa,
tu casa solariega en esta tierra,
con puertas y ventanas abiertas
y sala de encuentros bien acogedora...

Si fuéramos luz humilde
que no quiere ocultarse
y no teme manifestarse
en las plazas y sendas de la historia....

Si fuéramos sal no devaluada
que no teme mezclarse
ni perderse entre la gente
para darles sabor y gracia...

Si creyéramos que es posible
encontrarte y gozarte
en nuestro lodo de siempre
cubierto ya con tantos disfraces.

Si creyéramos, si fuéramos,
si hiciéramos, si nos abrazáramos...

¡Qué hermosa arquitectura se alzaría
para que todos viviéramos a gusto,
en este tiempo y en esta tierra,
más allá de nuestras ideologías!

Florentino Ulibarri