miércoles, 16 de febrero de 2011

AMAR A QUIEN NOS HACE DAÑO - José Antonio Pagola


La llamada a amar es seductora. Seguramente, muchos escuchaban con agrado la invitación de Jesús a vivir en una actitud abierta de amistad y generosidad hacia todos. Lo que menos se podían esperar era oírle hablar de amor a los enemigos.

Sólo un loco les podía decir con aquella convicción algo tan absurdo e impensable: «Amad a vuestros enemigos, rezad por los que os persiguen, perdonad setenta veces siete... » ¿Sabe Jesús lo que está diciendo? ¿Es eso lo que quiere Dios?

Los oyentes le escuchaban escandalizados. ¿Se olvida Jesús de que su pueblo vive sometido a Roma? ¿Ha olvidado los estragos cometidos por sus legiones? ¿No conoce la explotación de los campesinos de Galilea, indefensos ante los abusos de los poderosos terratenientes? ¿Cómo puede hablar de perdón a los enemigos, si todo les está invitando al odio y la venganza?

Jesús no les habla arbitrariamente. Su invitación nace de su experiencia de Dios. El Padre de todos no es violento sino compasivo. No busca la venganza ni conoce el odio. Su amor es incondicional hacia todos: «El hace salir su sol sobre buenos y malos, manda la lluvia a justos e injustos». No discrimina a nadie. No ama sólo a quienes le son fieles. Su amor está abierto a todos.

Este Dios que no excluye a nadie de su amor nos ha de atraer a vivir como él. Esta es en síntesis la llamada de Jesús. "Pareceos a Dios. No seáis enemigos de nadie, ni siquiera de quienes son vuestros enemigos. Amadlos para que seáis dignos de vuestro Padre del cielo".

Jesús no está pensando en que los queramos con el afecto y el cariño que sentimos hacia nuestros seres más queridos. Amar al enemigo es, sencillamente, no vengarnos, no hacerle daño, no desearle el mal. Pensar, más bien, en lo que puede ser bueno para él. Tratarlo como quisiéramos que nos trataran a nosotros.

¿Es posible amar al enemigo? Jesús no está imponiendo una ley universal. Está invitando a sus seguidores a parecernos a Dios para ir haciendo desaparecer el odio y la enemistad entre sus hijos. Sólo quien vive tratando de identificarse con Jesús llega a amar a quienes le quieren mal.

Atraídos por él, aprendemos a no alimentar el odio contra nadie, a superar el resentimiento, a hacer el bien a todos. Jesús nos invita a «rezar por los que nos persiguen», seguramente, para ir transformando poco a poco nuestro corazón. Amar a quien nos hace daño no es fácil, pero es lo que mejor nos identifica con aquel que murió rezando por quienes lo estaban crucificando: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".

José Antonio Pagola
Fuente: http://www.feadulta.com/

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Destruye el odio y la enemistad. Pásalo.
20 de febrero de 2011
7 Tiempo ordinario (A)
Mateo 5, 38-48

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COMO TÚ, PADRE

Sobre buenos y malos, Padre,
haces salir el sol y mandas la lluvia.
A todos sostienes,
a todos ofreces tu regazo
y susurras palabras de vida y ternura,
independientemente de sus méritos,
de su dignidad,
de su bondad o malicia,
de su credo,
de su autoestima.

Amas a todos,
mas no eres neutral.
Amas al injusto,
pero detestas la injusticia.
Amas al pobre,
pero aborreces la pobreza.
Amas al engreído,
pero te hastía el orgullo.
Amas al pecador,
pero odias toda maldad.

Graba en nosotros
las claves de tu corazón,
y da a nuestras entrañas
los ritmos de tu querer
para respetar a los que son diferentes,
ser tolerantes con los que no coinciden,
dialogar con los disidentes,
acoger a los extranjeros,
prestar sin esperar recompensa,
defender a los débiles,
saludar a los caminantes,
y amar a todos
por encima de nuestros gustos
y preferencias.

Enséñanos, Padre,
a ser como Tú.
Que todos puedan decir:
Son hijas e hijos dignos de tal Padre.

Ulibarri, Fl.

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Sean perfectos, como su Padre es perfecto.

A partir de aquí, se entiende que el código de valores de los Hijos,
de los del Reino, ya no sea el mismo.
Ni siquiera la justicia es suficiente.
Los Hijos se portan como dice Jesús en el semón del Monte...
No porque sea su obligación.
No porque esperen ningún premio ni teman ningún castigo,
sino porque son hijos, y lo saben.

"Sean perfectos" no es tampoco un mandato, una ley moral,
un código de perfección. Se trata de la culminación de la Buena Noticia,
es como decir:
Puesto que eres hijo de Dios
y conoces a tu Padre
no puedes conformarte con menos.

José Enrique Galarreta.

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Meditación-contemplación

Si quieres vivir en paz y en armonía
No pretendas ir a nadie como ola agresiva.
Pero a todo el que venga hacia ti con violencia latente,
acógele con suavidad y quedará frustrado y sin violencia.
……………

No se te ocurra intentar amar a otra persona,
si te acercas a él como enemigo.
Descubre, más bien, que no tienes ningún enemigo,
porque eso depende exclusivamente de ti.
…………

El verdadero amor de una madre a su hijo
tiene que haber superado el instinto.
De la misma manera, el amor al que viene a hacerte daño
tiene que superar el instinto contrario.
……………

Fray Marcos

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Testamento de Christian de Chergé,
Fraile secuestrado y asesinado en Argelia, esta es parte de la carta que escribió cuando intuyó que podría ser presa de la violencia
(domingo de Pentecostés de 1996)

Cuando un A-Dios se vislumbra…

Si me sucediera un día –y ese día podría ser hoy-
ser víctima del terrorismo que parece querer abarcar
en este momento a todos los extranjeros que viven en Argelia,
yo quisiera que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia,
recuerden que mi vida estaba ENTREGADA a Dios
y a este país.

Que ellos acepten que el único Maestro de toda vida
no podría permanecer ajeno a esta partida brutal.
Que recen por mí.
¿Cómo podría yo ser hallado digno de tal ofrenda?
Que sepan asociar esta muerte a tantas otras tan violentas
y abandonadas en la indiferencia del anonimato.
Mi vida no tiene más valor que otra vida.
Tampoco tiene menos.
En todo caso, no tiene la inocencia de la infancia.
He vivido bastante como para saberme cómplice del mal
que parece, desgraciadamente, prevalecer en el mundo,
inclusive del que podría golpearme ciegamente.
Desearía, llegado el momento, tener ese instante de lucidez
que me permita pedir el perdón de Dios
y el de mis hermanos los hombres,
y perdonar, al mismo tiempo, de todo corazón,
a quien me hubiera herido.

Por esta vida perdida, totalmente mía
y totalmente de ellos,
doy gracias a Dios
que parece haberla querido enteramente
para este GOZO, contra y a pesar de todo.

En este GRACIAS en el que está todo dicho,
de ahora en más, sobre mi vida,
yo los incluyo, por supuesto,
amigos de ayer y de hoy y a vosotros,
oh amigos de aquí,
junto a mi madre y a mi padre,
mis hermanas y hermanos y los suyos,
¡el céntuplo concedido, como fue prometido!
Y a ti también, amigo del último instante,
que no habrás sabido lo que hacías.
Sí, para ti también quiero este GRACIAS,
y este “A-Dios” en cuyo rostro te contemplo.
Y que nos sea concedido reencontrarnos,
ladrones bienaventurados,
en el paraíso, si así lo quiere Dios,
Padre nuestro, tuyo y mío. ¡AMÉN!


Christian de Chergé