miércoles, 21 de septiembre de 2016

NO IGNORAR AL QUE SUFRE - José Antonio Pagola


NO IGNORAR AL QUE SUFRE - José Antonio Pagola

El contraste entre los dos protagonistas de la parábola es trágico. El rico se viste de púrpura y de lino. Toda su vida es lujo y ostentación. Solo piensa en «banquetear espléndidamente cada día». Este rico no tiene nombre pues no tiene identidad. No es nadie. Su vida vacía de compasión es un fracaso. No se puede vivir solo para banquetear.

Echado en el portal de su mansión yace un mendigo hambriento, cubierto de llagas. Nadie le ayuda. Solo unos perros se le acercan a lamer sus heridas. No posee nada, pero tiene un nombre portador de esperanza. Se llama «Lázaro» o «Eliezer», que significa «Mi Dios es ayuda».

Su suerte cambia radicalmente en el momento de la muerte. El rico es enterrado, seguramente con toda solemnidad, pero es llevado al «Hades» o «reino de los muertos». También muere Lázaro. Nada se dice de rito funerario alguno, pero «los ángeles lo llevan al seno de Abrahán». Con imágenes populares de su tiempo, Jesús recuerda que Dios tiene la última palabra sobre ricos y pobres.

Al rico no se le juzga por explotador. No se dice que es un impío alejado de la Alianza. Simplemente, ha disfrutado de su riqueza ignorando al pobre. Lo tenía allí mismo, pero no lo ha visto. Estaba en el portal de su mansión, pero no se ha acercado a él. Lo ha excluido de su vida. Su pecado es la indiferencia.

Según los observadores, está creciendo en nuestra sociedad la apatía o falta de sensibilidad ante el sufrimiento ajeno. Evitamos de mil formas el contacto directo con las personas que sufren. Poco a poco, nos vamos haciendo cada vez más incapaces para percibir su aflicción.

La presencia de un niño mendigo en nuestro camino nos molesta. El encuentro con un amigo, enfermo terminal, nos turba. No sabemos qué hacer ni qué decir. Es mejor tomar distancia. Volver cuanto antes a nuestras ocupaciones. No dejarnos afectar.

Si el sufrimiento se produce lejos es más fácil. Hemos aprendido a reducir el hambre, la miseria o la enfermedad a datos, números y estadísticas que nos informan de la realidad sin apenas tocar nuestro corazón. También sabemos contemplar sufrimientos horribles en el televisor, pero, a través de la pantalla, el sufrimiento siempre es más irreal y menos terrible. Cuando el sufrimiento afecta a alguien más próximo a nosotros, no esforzamos de mil maneras por anestesiar nuestro corazón.

Quien sigue a Jesús se va haciendo más sensible al sufrimiento de quienes encuentra en su camino. Se acerca al necesitado y, si está en sus manos, trata de aliviar su situación.


26 Tiempo ordinario - C
(Lucas 16,19-31)
25 de septiembre 2016

LOS LÁZAROS
Escrito por  Florentino Ulibarri

Los lázaros,
los hijos de la calle,
los parias de siempre,
los sin techo,
los sin trabajo,
los desarraigados,
los apátridas,
los sin papeles,
los mendigos,
los pelagatos,
los andrajosos,
los pobres de solemnidad,
los llenos de llagas,
los sin derechos,
los espaldas mojadas,
los estómagos vacíos,
los que no cuentan,
los marginados,
los fracasados,
los santos inocentes,
los dueños de nada,
los perdedores,
los que no tienen nombre,
los nadie...

Los lázaros,
que no son aunque sean,
que no leen sino deletrean,
que no hablan idiomas sino dialectos,
que no cantan sino que desentonan,
que no profesan religiones sino supersticiones,
que no tienen lírica sino tragedia,
que no acumulan capital sino deudas,
que no hacen arte sino artesanía,
que no practican cultura sino costumbrismo,
que no llegan a ser jugadores sino espectadores,
que no son reconocidos ciudadanos sino extranjeros,
que no llegan a protagonistas sino a figurantes,
que no pisan alfombras sino tierra,
que no logran créditos sino desahucios,
que no innovan sino que reciclan,
que no suben a yates sino a pateras,
que no son profesionales sino peones,
que no llegan a la universidad sino a la enseñanza elemental,
que no se sientan a la mesa sino en el suelo,
que no reciben medicinas sino lamidas de perros,
que no se quejan sino que se resignan,
que no tienen nombre sino número,
que no son seres humanos sino recursos humanos...

Los lázaros,
los que se avergüenzan y nos avergüenzan,
pueblan nuestra historia,
fueron tus predilectos
y están muy presentes en tu evangelio.

Los lázaros
pertenecen a nuestra familia
aunque no aparezcan en la fotografía,
y serán ellos quienes nos devuelvan la identidad
y la dignidad perdidas.

Florentino Ulibarri






EPULÓN Y LÁZARO
Escrito por  Fray Marcos
Lc 16, 19-31

Por última vez, después de una insistencia machacona, nos habla Lc de la riqueza. Yo también tengo claro que en materia de riqueza no haremos caso ni aunque resucite un muerto. La parábola va dirigida a los fariseos. Acaba de decir el evangelista: “Oyeron esto (no podéis servir a dos amos) los fariseos, que son amigos del dinero, y se burlaban de él”. Jesús apoyándose en las creencias que ellos aceptaban, quiere hacerles ver que, si de verdad creyeran lo que predican, no estarían tan pegados a las riquezas.

Esta parábola es clave para entender algo de lo mucho que nos dice el evangelio sobre las riquezas. No se puede hablar de ellas en abstracto y la parábola nos obliga a pisar tierra. El rico no tiene en cuenta al pobre y sin esa toma de conciencia nada tiene sentido. Lo único negativo del relato es que, mal interpretada, nos ha permitido utilizarla como opio para el pobre. Aguanta un poco, hombre, que aunque te parezca que el rico disfruta, espera al más allá y le verás freírse en el infierno, mientras tú encontrarás la dicha más completa.

Esta parábola nos dice lo mismo que (Mt 25,34-46) “Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber...” Las dos hay que entenderlas dentro de una visión mitológica del más allá: premio y el castigo más allá, como solución de las injusticias del más acá. Utilizar estos textos para seguir hablando de un premio para los pobres y un castigo para los ricos en el más allá, no tiene sentido alguno; a no ser que se busque la resignación de los pobres para que no se revelen contra la injusticia y poder así seguir disfrutando los ricos de sus privilegios.

Para comprender por qué el rico, que comía y vestía de lo suyo, es lanzado al “hades”, debemos explicar el concepto de rico y pobre en la Biblia. Para nosotros “rico” y “pobre” son conceptos que hacen referencia a una situación social. Rico es el que tiene más de lo necesario para vivir y puede acumular bienes. Pobre es el que no tiene lo necesario para vivir y pasa necesidades vitales. En el AT la perspectiva es siempre religiosa. Fueron los profetas, sobre todo Amós, los que levantaron la liebre y denunciaron la maldad de la riqueza. Su razonamiento es simple: la riqueza se amasa siempre a costa del pobre.

Pobres, en el AT, sobre todo a partir del destierro, eran aquellos que no tenían otro valedor que Dios. Se trataba de los desheredados de este mundo, que no tenía nada en qué apoyar su existencia; no tenían a nadie en quien confiar, pero seguían confiando en Dios. Esta confianza era lo que les hacía agradables a Dios, que no les podía fallar (Lázaro, -´el´azar en hebreo- significa Dios ayuda). No existe en el AT concepto puramente sociológico de rico y pobre, porque nada se podía desligar del aspecto religioso.

Ahora comprenderéis por qué el evangelio da por supuesto que las riquezas son malas sin más matizaciones. No se dice que fueran adquiridas injustamente ni que el rico hiciera mal uso de ellas, simplemente las utilizaba a su antojo. Si Lázaro no hubiera estado a la puerta, no habría nada que objetar. Pero es precisamente el pobre, el que con su sola presencia, llena de maldad el lujo y los banquetes del rico. Tampoco Lázaro se propone como ejemplo moral de pobre, sino como contrapunto a la opulencia del rico.

Para comprender que no es fácil descubrir el verdadero sentido del evangelio, basta ver el comportamiento de Jesús. Sin duda ninguna, Jesús manifiesta una predilección por todos los que necesitaban liberación, entre ellos los pobres; pero también admitió la visita de Nicodemo, era amigo de Lázaro, aceptó la invitación de Mateo, acogió con simpatía a Zaqueo, fue a comer a casa de un fariseo rico, etc. No es fácil descubrir las motivaciones profundas de la manera de actuar de Jesús. Jesús descubrió que la riqueza acumulada y no compartida, impide entrar en el Reino de los cielos; así lo predicó sin contemplaciones. Pero su actitud no fue excluyente, sino abierta y de acogida para con los ricos.

El mensaje del evangelio no pretende solucionar un problema social sino denunciar una falsa actitud religiosa. Una correcta actitud religiosa solucionaría la injusticia social. El evangelio está a años luz del capitalismo, pero también del comunismo. Jesús predica el “Reino de Dios”, que consiste en hacer de todos los hombres una comunidad de hermanos. La diferencia es sutil, pero sustancial. El comunismo reparte los bienes, pero mantiene al pobre en su pobreza para seguir justificándose. Jesús propone compartir como fruto del amor que nos une. La consecuencia sería la misma, que los ricos dejarían de acaparar y los pobres dejarían de serlo, pero el camino recorrido humanizaría tanto al rico como al pobre.

Seguramente que el rico de hoy hacía favores e invitaría a comer a sus hermanos y a los amigos ricos como él. Esa actitud no garantiza humanidad alguna. Elamor cristiano solo está garantizado cuando hago algo por aquel que no va a poder pagármelo de ninguna manera. El amor que pide Jesús nunca se puede desligar de la compasión. Amor sin compasión es interés. Un niño no tiene compasión por su madre, por eso lo que siente por ella no es “amor” sino interés radical, porque en ello le va la vida. La inmensa mayoría de las relaciones que calificamos como amor, no superan el listón del interés egoísta.

Ahora podemos entender por qué refugiarse en la incapacidad de cada uno para solucionar el hambre del mundo no puede ser excusa para no hacer nada. Vuelvo a recordarlo, la denuncia no es de un problema social, sino religioso. Nuestra pasividad está demostrando que la religión no es más que una tapadera que intenta sumar alguna seguridad espiritual a las seguridades materiales que nos tranquilizan. Jesús no te está pidiendo que soluciones el hambre del mundo, sino que salgas de tu error al confiar en la riqueza como salvación. No se te pide que salves el mundo, sino que te salves tú. Ahora bien, si los ricos dejásemos de acaparar bienes, inmediatamente llegarían a los pobres.

Me daría por satisfecho si todos nosotros saliéramos de aquí convencidos de que la pobreza no es un problema que alguien tiene que solucionar, sino un escándalo en el que todos participa­mos y del que tenemos la obligación de salir. No es suficiente que aceptemos teóricamente el planteamiento y nos dediquemos a criticar las injusticias que se están cometiendo hoy en el mundo. Es lo que hacemos todos. Se trata de descubrir que aunque yo esté dentro de la más estricta legalidad cuando acumulo bienes materiales, eso no garantiza que mi relación con los hombres, y por lo tanto con Dios, sea la correcta.

No basta con que los ricos sean despojados de su riqueza, porque los ahora pobres ocuparían inmediatamente su lugar. Eso ha pasado en todas las revoluciones sociales. La única solución es la que propone Jesús y pasa por superar todo egoísmo para hacer un mundo de hermanos. Es verdad que los ricos no se consideran hermanos de los pobres, pero no es menos cierto que los pobres tampoco se consideran hermanos de los ricos. El evangelio va mucho más allá de la solución de unas desigualdades sociales, pero también esas injusticias quedarían superadas con un verdadero amor-compasión.

No podemos desarrollar nuestra religiosidad sin contar con el pobre. Nuestra religión, olvidando el evangelio, ha desarrollado un individualismo absoluto. Lo que cada uno debe procurar es una relación intachable con Dios. La moral católica está encaminada a perfeccionar esta relación. Pecado es ofender a Dios y punto. El evangelio nos dice algo muy distinto. El único pecado que existe es olvidarse del hombre que me necesita. Mi grado de acercamiento a Dios es el grado de acercamiento al otro. Todo lo demás es idolatría.

Meditación-contemplación

“Tienen a Moisés y a los profetas, que los escuchen”.
No hay peor sordo que el que no quiere oír.
Los que han tenido una experiencia de humanidad, nos lo advierten;
Pero solo escuchamos las sirenas del hedonismo.
......................

Intenta ir un poco más allá de los instintos.
Satisfacer las necesidades biológicas no es malo, pero es insuficiente.
Solo las exigencias de tu verdadero ser te llevarán a la plenitud.
No debes renunciar a nada sino elegir lo mejor para ti, aquí y ahora.
..............

Abandona la perspectiva de un premio o de un castigo.
Dios te está dando siempre una posibilidad de plenitud.
No desarrollar esa potencialidad, es la verdadera condenación.
Tú solito estás malogrando tu existencia.
................

Fray Marcos





AUNQUE LOS TELEVISORES SE LLENEN DE MUERTOS
Escrito por  José Enrique Galarreta
Lc 16, 19-31

Esta parábola de Jesús está basada en una parábola conocida en Israel, de origen egipcio, en la que se oponía un publicano rico con un pobre escriba.

El rico no trabaja, sino que se da grandes banquetes todos los días. Lázaro (etimológicamente "Dios ayuda") es un mendigo lisiado y sarnoso: tiene su puesto de mendigo a la puerta del rico, escena habitual en aquel país y tiempo en que no había más que tres clases sociales: los ricos; los pobres que trabajaban con sus manos y ganaban mal que bien lo justo para vivir; y los mendigos, ciegos, cojos, lisiados, en número enorme.

Lo que se tira de la mesa de los ricos no es lo que cae, no son las migajas: es lo que se desperdicia, se tira intencionadamente.

El destino de los dos responde a la mentalidad judía habitual.

El seno de Abrahán es el lugar de honor en el convite, recostado en el diván ante el anfitrión. Se concibe el destino de los justos como un banquete con los antepasados, especialmente con los Patriarcas. (Otras veces la imagen es un jardín surcado de aguas vivas)

El hades es un lugar de castigo no definitivo. Es un estado intermedio, diferente de "la gehenna", que tiene más carácter definitivo. (El nombre está tomado del valle del mismo nombre al sur y oeste de Jerusalén, donde en la antigüedad se quemaban los niños en sacrificio, y en consecuencia fue tenido por lugar de horror, impuro y maldito).

Es habitual en la mentalidad judía la comunicación entre los destinados a uno y otro lugar, aunque el abismo a que se refiere Abrahán hace referencia a la imposibilidad del cambio de destino tras la muerte.

Es ésta una típica "Parábola con dos acentos", con dos momentos cumbres. El primero es la muerte de los dos protagonistas y su destino. El segundo, la frase final de Abrahán: en estos casos, el acento primero tiene menos importancia: el importante es el segundo.

El primero es el cambio de destino en el más allá. Es una doctrina tradicional, no el mensaje de Jesús. Los judíos (al menos los que creen en la vida eterna, como los fariseos a quienes se dirige la parábola) piensan en la inversión de los bienes y los males en la vida futura. Jesús recoge esta doctrina, aunque el hecho de recogerla no es siempre sinónimo de avalarla, sino que parte de esto para dar su propia doctrina.

La Parábola continúa la del administrador infiel que leíamos el domingo pasado: "Haceos amigos con el dinero injusto, para que cuando os falte, os reciban en las moradas eternas" decía la anterior. Y esto llega, dice la de hoy, y cuando menos penséis. La correcta administración de los bienes es asunto tan serio como la parábola de hoy refleja. Pero este mensaje es conocido. Es la segunda parte la que distingue a Jesús.

El segundo es el rechazo de las peticiones del rico. Es lo que añade Jesús. Al rico y sus hermanos, que viven así, ni un milagro les cambiará el corazón. Es una parábola de desconfianza, semejante a la del camello y el ojo de la aguja.

No está en el mensaje de la parábola, ni es lícito sacar de ella la conclusión de que se premia la miseria por sí misma, ni la "resignación" del pobre.

La doctrina de Jesús sobre el dinero parece escalonarse en tres etapas.

La primera se expresa en Lucas 12,16, la parábola del rico insensato que, tras una gran cosecha, amplía sus graneros y se dice:

- "Descansa, alma mía; come, bebe, pásalo bien"

Pero Dios le dijo:

- "¡Imbécil! Esta misma noche te van a reclamar la vida: todo lo que tienes guardado, ¿para quién será".

Parece como si a Jesús, los ricos que afanosamente atesoran sus bienes le dan más bien lástima, o risa, le parecen ridículos. Se les aplica la pequeña parábola de Mateo 6,19:

"No amontonéis tesoros de la tierra, que los destruye la polilla o se los llevan los ladrones. Amontonad tesoros para el cielo, donde no hay polilla, ni herrumbre, ni ladrones"

Es la característica siempre presente en la enseñanza de Jesús: esta vida es para siempre, para construir la definitiva. Si no se toma así, es hacer el ridículo, es perder la vida.

Pero el dinero, amontonar dinero, tiene para Jesús otra dimensión más evidente y más radical. Es la que se expresa en la parábola de hoy. Se trata de un rico injusto, que crea miseria alrededor, que no tiene compasión de los otros, que tiene su dinero para disfrutar él y se desentiende del dolor de los otros. Y aquí Jesús se pone amenazador, intransigente, temible. La posesión creadora de injusticia, la riqueza que endurece el corazón.

La parábola de hoy estremece porque subraya lo irremediable del destino del rico y sus hermanos. Ni hay perdón para los que producen esa injusticia, ni hay remedio tampoco: aunque un muerto resucite, no cambiarán.

Más allá aún, está "entrar en el Reino", y se refleja muy bien en la escena del joven rico (Mateo 19,16 y par.). Todo lo cual culmina en el "dichosos los pobres", pero este tema nos llevaría mucho más lejos, demasiado para hoy.

Todo ello nos lleva a considerar esa radical desconfianza de Jesús hacia el dinero, porque "endurece el corazón", y esto no solamente impide entrar en el Reino sino que excluye de la categoría de "humano", hace insolidario, insensible a las dificultades de los demás, incluso cuando éstas son tan angustiosas como el morirse de hambre y de miseria.

Es impresionante comprobar que dos de las más "definitivas" parábolas de Jesús hacen referencia a este tema de manera radical: la del buen samaritano y la del juicio final.

En la primera, la medida de la religiosidad verdadera está en la compasión, excluyendo expresamente el carácter sagrado (el sacerdote y el levita) o el carácter de "extranjero hereje" (el samaritano). "Se compadeció" y echó una mano: ése se ha portado como prójimo, ese cumple el mandamiento que es igual que el primero, ése ama a Dios.

En la parábola del juicio final se da el resumen definitivo de toda la doctrina sobre el modo de actuar humano y salvador: "a Mí me lo hicisteis" aun cuando no supierais que me lo hacías a Mí. La relación de la Religión, el Amor a Dios, la Salvación, estar en el Reino y todo lo demás con el uso de los bienes para bien de todos no puede ser más subrayada.

Nosotros vivimos bien, en líneas generales, vivimos en sociedades ricas, disponemos de lo necesario y quizá de mucho más que lo necesario, hasta el punto que nos parece necesario lo que a otros muchos les parece un lujo y un derroche.

Comemos tres o cuatro veces al día, cambiamos de ropa según las estaciones, disponemos de numerosas comodidades domésticas, tenemos uno o varios coches, salimos a cenar...

Y en el mundo entero, y asomadas a nuestros hogares por las pantallas de TV, 70.000 personas se mueren diariamente de hambre y desnutrición. ¿No estamos representados, espantosamente bien retratados, en el rico que banqueteaba a diario mientras Lázaro se pudría a su puerta?

¡Pero nosotros somos los buenos, los que conocemos a Dios, los invitados a la intimidad con Dios, los que heredaremos la vida eterna!

Se estremece uno al pensar en todo esto, al comprobar cómo se ha endurecido nuestro corazón. Se estremece uno al escuchar las palabras de Abrahán: "aunque un muerto resucite, no cambiarán". Y desde luego, nosotros vemos muertos de hambre todos los días, y no cambiamos. Tenemos el dinero suficiente para que eso no suceda, pero nos lo gastamos en vivir mejor.

Saquemos dos conclusiones.

En primer lugar, en expresión de Jon Sobrino, no tenemos otra salida que la "austeridad solidaria". En nuestro consumo, las famosas tres R de los ecologistas: reducir (el consumo), reutilizar, reciclar, para salvar el planeta y nuestra propia persona, nuestra humanidad.

Pero añadiendo otra R: "redistribuir", hacer que lo que nos sobra salve vidas, dé vida a otros. Y no lo que nos sobre según el nivel de vida que tenemos, sino el que debemos tener, atendiendo a lo verdaderamente necesario, no a lo superfluo que a nosotros nos parece hoy imprescindible.

En segundo lugar, pensando a nivel mundial. El mundo es hoy una proyección perfecta de la parábola: naciones enteras viviendo en la abundancia: naciones enteras (muchísimas más), muriendo de hambre y de enfermedad y de miseria. Con lo que tiran las primeras podrían saciarse las segundas.

La tremenda crisis que han supuesto los ataques terroristas ha hecho que muchas personas en el mundo se pregunten por las causas profundas de tanto odio. Y todos las ven: la injusticia radical de las relaciones entre los pueblos, a las que se añade la tragedia del fundamentalista religioso, idolatría absoluta carente de todo viso de religión.

Si la dramática situación que hoy vivimos no nos hace reflexionar sobre las semillas de odio y venganza que siembra en el mundo la radical injusticia de las relaciones económicas internacionales, se cumplirán otra vez las terribles palabras finales de la parábola: aunque los muertos resuciten, aunque los televisores se llenen de muertos - muertos de hambre o de terrorismo, qué más da - las mismísimas salas de estar de sus hogares, no cambiarán.

ORACIÓN EN COMÚN

Hacemos juntos un acto de fe, un Credo no dogmático: decimos juntos que nos fiamos de Jesús, proclamamos que para nosotros Él tiene palabras de vida eterna:

Creo que son felices los que comparten,
los que viven con poco,
los que no viven esclavos de sus deseos.

Creo que son felices los que saben sufrir,
encuentran en Tí y en sus hermanos el consuelo
y saben dar consuelo a los que sufren.

Creo que son felices los que saben perdonar,
los que se dejan perdonar por sus hermanos,
los que viven con gozo tu perdón.

Creo que son felices los de corazón limpio,
los que ven lo mejor de los demás,
los que viven en sinceridad y en verdad.

Creo que son felices los que siembran la paz,
los que tratan a todos como a tus hijos,
los que siembran el respeto y la concordia.

Creo que son felices los que trabajan
por un mundo más justo y más santo,
y que son más felices
si tienen que sufrir por conseguirlo.

Creo que son felices los que no guardan en su granero
el trigo de esta vida que termina,
sino que lo siembran, sin medida,
para que dé fruto de Vida que no acaba.

Y creo todo esto porque creo
en Jesús de Nazaret, el Hijo,
el hombre lleno del Espíritu, Jesús, el Señor.

José Enrique Galarreta





LOS ZAPATOS DE SUSANA
Escrito por  José Luis Sicre

‒ Judas, se me han roto los zapatos. Tienes que darme dinero para comprarme unos nuevos.

‒ ¿Cuánto necesitas? ‒ pregunta Judas sin entusiasmo.

‒ He visto unos muy sencillos. Sólo cuestan seiscientos veinticinco euros.

Judas pega un salto.

‒ ¡Seiscientos veinticinco euros! ¿Estás loca, Susana? ¡Estos que llevo puestos me costaron treinta!

‒ Pues el bolso que hace juego con los zapatos cuesta mil cuatrocientos cincuenta.

Bartolomé sonríe contemplando la escena. Susana es la gran bienhechora del grupo, ha entregado todo su dinero, sin reservarse nada, y ahora está poniendo en un aprieto a Judas. “Judas no tiene sentido del humor”, piensa Bartolomé. “Se cree que Susana va en serio”.

‒ A mí no me parecen caros esos zapatos ‒comenta para incordiar‒. Yo creo que deberías darle el dinero.

‒ No tenemos ni trescientos euros, estúpido.

‒ Entonces no podré alquilar la suite de lujo que cuesta veinte mil euros la noche.

‒ ¿No tenéis cosas más serias de las que hablar? ‒interviene Jesús‒.

‒ Esto es muy serio, maestro. ¿Sabes cómo tira el dinero la gente, el lujo con que viven algunos?

‒ Claro que lo sé. Basta ver la televisión.

‒ Tú estás muy atrasado, maestro. Tienes que meterte en Internet. Buscar en Google. Casas de lujo, relojes de lujo, coches de lujo, zapatos de lujo… No te imaginas la sorpresa que te ibas a llevar.

‒ Sorpresa, no. Indignación. Prefiero no mirar.

‒ Y los cabrones que gastan el dinero de esa forma, ¿se salvarán? ‒pregunta Tomás con deseo de provocar a Jesús.

‒ Ya deberías saber la respuesta. Os conté una historia sobre ese tema.

‒ Yo no la recuerdo.

‒ Estarías fuera, como siempre.

‒ Cuéntala otra vez, maestro ‒pide Pedro‒.

Jesús se sienta, se concentra un momento y comienza:

‒ Había un hombre rico que se vestía en los mejores sastres de Nueva York, viajaba en su avión particular, miraba la hora en un reloj de oro con brillantes, comía en los restaurantes más lujosos y habitaba en un palacete de cuarenta habitaciones en medio de un bosque inmenso. ¿Sabéis cuánto gastó un día en una comida en un restaurante del sur de Francia?

Rebuscó en la mochila y finalmente consiguió encontrar una factura que enseñó a todos.

‒ Ciento siete mil quinientos veinticuatro francos. Hice una fotocopia del periódico porque no me lo podía creer.

cuenta-total

‒ Y eso en euros, ¿cuánto es? ‒ pregunta Judas.

‒ Más de dieciséis mil euros, bastante más.       ‒ ¡Por una sola comida!

‒ Cuando iba a la ciudad en su deportivo ‒continuó Jesús‒, el rico pasaba delante de un mendigo sentado a la entrada de una pobre choza, fabricada con cartones y cubierta con una chapa de uralita. El mendigo lo miraba con envidia y el rico apartaba la mirada. El mendigo acudió una vez a la mansión del rico para pedir algo de comer. Pero encontró la verja cerrada y el guardia de seguridad lo despidió con malos modos. Al cabo del tiempo murió el mendigo y fue al paraíso. Poco después, el rico se estrelló con su deportivo a doscientos por hora, murió, lo enterraron, y fue a parar al infierno. Estando allí, achicharrándose vivo, levantando los ojos, vio a lo lejos al mendigo, y le grito: “Por favor, tráeme un vaso de agua, aunque sólo sea un vasito; me muero de sed y me torturan estas llamas.” Pero el mendigo le contestó: “Lo siento, tío. Recuerda que tú tuviste de todo en la otra vida mientras yo me moría de hambre. Ahora se han cambiado las tornas. Además, aunque te parezca que estoy cerca, entre nosotros hay un abismo que nadie puede cruzar.” El rico guardó silencio un momento y luego preguntó: “¿Cómo te llamas?” El mendigo le contestó: “Si me hubieras preguntado mi nombre en la otra vida, también me habrías dado de comer. Pero tú siempre apartabas la mirada. Por eso estás ahora al otro lado del abismo”.

Menos Tomás, todos recordaban la historia, que siempre les impresionaba. Fue Susana quien rompió el encanto.

‒ Cuando yo enseñaba catequesis, contaba una historia parecida que me habían enseñado las monjas de pequeña. ¿Os la cuento?

Y la contó sin esperar permiso de nadie:

- Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas. Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. (El seno de Abrahán es como el paraíso, explicó Susana, y Abrahán es el que se encarga de organizarlo todo allí.) Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno, y gritó: “Padre Abraham, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.” Pero Abraham le contestó: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.

‒ Se parece mucho, pero a mí me gusta más lo de los aviones y el deportivo ‒opinó Leví.

‒ Todavía no he terminado ‒lo cortó Susana‒. Mi historia sigue diciendo que el rico le insistió a Abrahán: “Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento.” Abraham le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.” El rico contestó: “No, padre Abraham. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.” Abraham le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.”

Cuando Susana calló, Bartolomé comentó irónico:

‒ El problema es que hoy día nadie cree en el infierno. Habría que cambiar la historia. Por ejemplo, que al mendigo le toque la primitiva y el rico se arruine.

‒ No seas tonto, Bartolomé ‒lo cortó María‒. Eso sí que no se lo cree nadie.

¿Dónde se basa esta historia?

La parábola del rico y Lázaro, exclusiva del evangelio de Lucas, se inspira en un texto del profeta Amós, elegido este domingo como primera lectura. Este profeta del siglo VIII a.C. vivió una situación muy parecida, en ciertos aspectos, a la de hoy: gente millonaria, que puede permitirse toda clase de lujos, y gente que llega a duras penas a fin de mes o incluso pasa hambre.

El profeta se dirige a la clase alta de las dos capitales, Jerusalén (Sión) y Samaria, y denuncia su forma de vida: «Os acostáis en lechos de marfil, os arrellanáis en divanes, coméis carneros del rebaño y terneras del establo; canturreáis al son del arpa, inventáis, como David, instrumentos musicales; bebéis vino en copas, os ungís con perfumes exquisitos y no os doléis del desastre de José».

El lujo se extiende a todos los ámbitos: al mobiliario, con lechos y divanes de marfil, mientras la inmensa mayoría de la gente duerme en el suelo; a la comida, a base de carne de carnero y de ternera, cuando los pobres se contentan con pan y agua, unas uvas y un poco de queso; a la bebida en copas refinadas o de gran tamaño (el término hebreo puede interpretarse de ambos modos); a los perfumes carísimos, mientras los pobres sólo huelen a sudor.

Y esta gente que se permite toda clase de lujos “no se duele del desastre de José”. José no es una persona concreta sino todo el país, conocido entonces como Casa de José porque sus tribus principales eran Efraín y Manasés, los dos hijos del patriarca José.

Lo que dice el profeta es que esa gente que vive con toda clase de lujos no se preocupa lo más mínimo del sufrimiento de millones de personas que lo pasan mal. Como castigo, les anuncia la invasión de un ejército extranjero que pondrá fin a sus orgías y los deportará.

El cambio que introduce la parábola

La parábola cambia radicalmente el tema del castigo. Mientras Amós piensa qué ocurrirá en esta vida, mediante la invasión de los asirios, Jesús lo desplaza a la otra vida. Él no se hace ilusiones; en esta vida, el rico seguirá disfrutando, y el pobre pasando hambre. Este cambio radical en el punto de vista ayuda a entender otras afirmaciones del evangelio de Lucas.

En el Magníficat, María pronuncia unas palabras que, aplicadas a nuestro mundo, resultan estúpidas o de un cinismo blasfemo cuando dice que Dios “a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos”. A la luz de la parábola del rico y Lázaro queda claro cuándo tendrá lugar esa revolución.

Lo mismo afirma el comienzo del Discurso en la llanura (equivalente en Lucas al Sermón del monte de Mateo), que contrasta la situación presente (ahora) con la futura. “Dichosos los pobres, porque el reinado de Dios les pertenece. Dichosos los que ahora pasáis hambre, porque seréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis… Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya recibís vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque pasaréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque lloraréis y haréis duelo” (Lc 6,20-25).

El rico no era un criminal

Lo que más debe intranquilizarnos (porque la parábola pretende sacudir la conciencia) es que el rico no es un explotador ni un criminal, no se dice que pagara un salario de miseria a sus obreros ni que se hubiera enriquecido con el narcotráfico. Lo que denuncia la parábola es su forma exquisita de vestir (púrpura y lino)y de comer (banqueteaba espléndidamente todos los días), sin fijarse en el pobre que está tendido a su puerta. Es la injusticia indirecta causada por el egoísmo.

¿Dos textos trasnochados?

Tanto Amós como Jesús viven en una sociedad muy distinta de la nuestra (al menos de la del Primer Mundo). Entonces no existía la clase media. La riqueza se acumulaba en pocas manos, mientras la mayor parte del pueblo vivía en circunstancias muy duras. Aplicar la parábola a los multimillonarios de hoy día, jeques árabes, grandes industriales, artistas de cine, deportistas de élite… supondría dejar con la conciencia tranquila a los millones de personas que vivimos en circunstancias infinitamente mejores que la inmensa mayoría de la población mundial. Si ahora mismo resulta difícil resistir su mirada, mucho más difícil será cuando nos mire Dios.

José Luis Sicre





Por fin, Gernika en el cine
Pedro Miguel Lamet, SJ.

Todos los bombardeos de relevancia histórica tienen sus películas: Pearl Harbor, Hiroshima, Dresde. Solo Guernika, que cuenta, eso sí, con el monumental cuadro de Picasso, carecía hasta ahora de ella. ¿Por qué? Seguramente por dos razones fundamentales: la prolongada dictadura franquista, y las limitaciones de la industria cinematográfica después, ante una superproducción que exigía un despliegue económico y tecnológico inaccesible entonces.

Por otra parte el hecho en sí mismo se ha convertido en un tótem, un símbolo universal de los desastres de la guerra. Como todo el mundo sabe, el bombardeo de Guernica (Operación Rügen) fue un ataque aéreo realizado sobre esta pequeña población española el 26 de abril de 1937, en el transcurso de la Guerra Civil Española, por parte de la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana, que combatían en favor del bando sublevado contra el gobierno de la Segunda República Española. Las estimaciones actuales de víctimas ha sido objeto de polémica, hoy cifran los fallecidos, en un rango que abarca de los 120 a los 300 muertos, 126 según el estudio más reciente y exhaustivo, gracias a los refugios. Lo incontestable es que en la práctica fue la devastación, la aniquilación de todo un pueblo.

Lo más curioso es que la iniciativa de Gernika, la película que comentamos, partió de unos productores malagueños que acudieron a Koldo Serra, que llevaba diez años, después de Bosque de sombras (2006) sin realizar otro film. El director vasco aceptó el desafío, con un presupuesto de diez millones de euros, que él consiguió reducir a seis en su producción final. Para ello tenía, a mi entender, dos salidas posibles: realizar una película testimonial, más a lo Ken Loach, donde profundizar en los aspectos sociopolíticos y humanos de la tragedia, o bien, el camino por el que ha optado, una superproducción internacional que pudiera venderse eficazmente en el extranjero. Para ello se hizo con un reparto espectacular, integrado tanto por importantes actores nacionales como María Valverde, Álex García, Bárbara Goenaga, Víctor Clavijo o Julián Villagrán, como por estrellas internacionales entre las que destacan los ingleses James D’Arcy y Jack Davenport, el anglo-estadounidense Burn Gorman o la sueca Ingrid García Jonsson.

Teresa es una joven vasca que trabaja en la Oficina de Prensa, en realidad de Propaganda y Censura, de la República en Bilbao, bajo las órdenes de Vasyl, un ruso que la corteja. En el arranque del relato choca con Henry Howell, el típico reportero alcoholizado estadounidense, corresponsal de guerra del The New York Times-Herald Tribune, que cubre desganado el conflicto español. Pero la joven, identificada con los ideales de la República, consigue a través de algunas visitas turísticas al País Vasco, y luego a un caserío de su familia en Gernika, interesar por la verdad de la guerra al americano, que hasta ese momento se alimentaba de tópicos y rumores. Se produce el inevitable triángulo amoroso, mientras el film narra en paralelo la preparación del bombardeo por la Legión Cóndor, comandada por el teniente coronel Wolfram von Richthofen, contra un pueblo que ni siquiera contaba con defensas antiaéreas; también, la vida cotidiana en Vizcaya y algunas pinceladas de la represión contra los disidentes, tanto del lado franquista como de los colaboradores soviéticos.

La historia tiene algo de homenaje a los periodistas que contaron de primera mano aquella histórica masacre. Sobre todo a la crónica de George Lowther Steer, uno de los grandes reporteros extranjeros presentes en la zona republicana. El inglés Steer envió desde Bilbao su crónica al londinense Times, que también acabó publicándose en el neoyorquino The New York Times. La noticia saldría además en el francés L’Humanité, el periódico que leía Pablo Picasso, que en 33 días realizaría su famoso mural. No olvidemos que en este caldo de cultivo nacen también los mitos de Capa y Hemingway,

Lejos de la estética usual de nuestras películas sobre la guerra, rodadas por lo general en un polvoriento tono ocre, Koldo Serra ha optado por un brillante y contrastado colorido que realza la belleza paisajística del País Vasco y una cámara creativa, que mira al mundo desde la altura de los ojos, los del corresponsal que asiste atónito a los acontecimientos. Dos son sus principales ingredientes: la recreación del bombardeo, para el que, según asegura el director, no se ha servido mucho de trucaje técnico (exceptuado los aviones), sino que ha filmado con fuego, explosiones y humo reales, para prestarle credibilidad; y segundo, con la historia más destacada por el guion: la trama amorosa, la que predomina lamentablemente en la película.
Esta adquiere momentos visuales bien logrados, y hasta rompedores en sus encuadres, ritmo, montaje, transiciones, sobre todo durante el bombardeo. Tampoco se puede negar que la interpretación de Jame D’Arcy y María Valverde supera los estándares de este tipo de producciones, pero sin que juntos logren conmover o bien porque carecen de química en su pareja cinematográfica, o porque el guion en sus matices no da más de si. Hay escenas claramente sobrepasadas, como cuando Teresa muestra el lugar donde se preservan las obras de arte, o el desenlace amoroso en la calle, en medio del fragor de las bombas.

No es de extrañar, si uno escucha las declaraciones del realizador: “Es un melodrama al uso, con amores y desencuentros políticos, con una estética cercana a la de las películas sobre la Segunda Guerra Mundial al estilo El desafío de las águilas o la serie Band of brothers, porque transcurre en parajes verdes, hay mar, en un espacio muy atípico como Euskadi, con católicos republicanos, curas a favor del Gobierno”.

Ello no justifica sin embargo, que los secundarios, como el ruso, el alemán, la fotógrafa, se queden en meros estereotipos sin alma, dignos de un viajo tebeo de “Hazañas bélicas”. Algo más de humanidad se puede percibir en el anecdotario bajo las bombas, que nace de relatos reales de algunos supervivientes: la mujer que abre con su llave una puerta que no conduce a parte alguna; o la señora franquista que se une en el refugio a los republicanos, mostrando que la guerra iguala a todos. Aunque evidentemente la película es sobre todo antibelicista y antifascista, está muy cuidado el aspecto de que no se convierta desde el punto de vista político en un panfleto sectario, pues hay rusos tan malos como alemanes, o respeta las diversas lenguas que hace presentes en el film: español, euskera, inglés, ruso, alemán. María Valverde por ejemplo, que luce su inglés, tomó varias clases de euskera.

En conjunto pues el balance es positivo. Se trata de una superproducción internacional digna, profesionalmente bien realizada, con suficiente ritmo, y que transmite los datos esenciales de una brutal acción bélica contra un pueblo indefenso, -donde se enraíza el famoso árbol, símbolo de la identidad del País Vasco-, una terrible historia que puede, a través de ella, ser más popularmente conocida. Es cierto que, como sucede todavía con muchos episodios de nuestra guerra, falta aún la película que ahonde en las motivaciones políticas y los sufrimientos humanos que la atravesaron con profundidad y credibilidad fílmica. Pero no es poco constatar que finalmente el bombardeo de Gernika tiene su película.

Pedro Miguel Lamet, SJ.




El desalojo del adiós
Dolores Aleixandre

De un tiempo a esta parte despedirse diciendo adiós empieza a resultar raro y está siendo desalojado por otras fórmulas: “Hasta luego” (aunque el luego no esté en el horizonte), “Suerte”, “Cuídate” o “Que tengas un buen día”.

Lo del buen día te lo desean por igual los que te asaltan a la salida del metro con sus carpetas de causas benéficas, o la gitana del ramito de romero, y además te lo repiten aunque no firmes nada ni cojas el ramito, dejándote un poco abochornada ante su amabilidad.

Quizá sea una consigna municipal y diocesana: hasta los curas que parecían más adustos han sucumbido a la frase y nos lo desean al final de la misa, esbozando un amago de sonrisa.

Si pienso en lo que considero “tener un buen día” (que las cosas salgan según mis planes, no tener contratiempos…), veo que mi coincidencia con el Evangelio es nula porque Jesús pone como modelo de “buen día” el de aquel samaritano al que se le fastidió su itinerario por atender al herido. En todo caso me suena bien la posibilidad de que le dijera al joven rico aunque le dejaba plantado y se alejaba a toda prisa para consultar el IBEX 35: “¡Que tengas un buen díaaaaa!”.

Dolores Aleixandre




«EN LA MUERTE DE ISA».
CARTA DE MARCOS RECOLONS, SJ.

El pasado viernes 2 de septiembre Isabel Solà murió asesinada en Puerto Príncipe, Haití. Su vida entregada y el testimonio de su martirio nos recuerda de nuevo como, entre los más pobres, personas cautivadas por la figura del Jesús de Nazaret viven de manera dispuesta a dar la vida hasta el extremo. La carta escrita por Marcos Recolons, jesuita catalán y director de Foi et joie (Fe y alegría) en Haití, tiene el realismo de quien ha conocido de cerca a Isa y su proyecto, y da cuenta de la dureza de vida de quien se compromete con los más pobres. Sirve de ejemplo de lo que viven, silenciosamente, miles de misioneras y misioneros por todo el mundo. Llegando, muy a menudo, allí donde no llegan las organizaciones humanitarias.

Marcos Recolons. Querida familia y amigos:

He recibido muchos mensajes de solidaridad, condolencias y ánimos, con ocasión del asesinato de Isa, que me ha tocado vivir muy de cerca. Escribo estas líneas para agradecéroslos, porque en momentos así necesitamos sentir el cariño y el apoyo de los que nos quieren y valoran lo que hacemos.

Lo ocurrido ya lo sabéis por la prensa. Sólo puedo añadir algunos detalles. Isa fue al banco acompañada por la directora del Taller de Prótesis, que vive con ella. Sacaron algo de dinero y subieron al carro. En ese momento aparecieron los dos bandidos. Con la pistola golpearon la puerta del carro, para que les abriese. Isa apretó el acelerador y partió. Inmediatamente dispararon tres balas, que le atravesaron el pecho. Una de ellas hirió en la pierna a su acompañante. El coche seguía avanzando. Se detuvo, no sabemos cómo, y los bandidos lo asaltaron y se llevaron la bolsa con el dinero.

Isa vivía con varias personas en una gran casa alquilada. Casualmente las dos religiosas de Jesús María, Nazaret Ybarra y Rose, que trabajan en Jean Rabel (en el extremo noroeste de la isla), estaban en Port-au-Prince, hospedadas, como siempre, en casa de Isa.  Estaban cocinando la comida, cuando les llegó el aviso del asalto, sin decirle que Isa estaba muerta. Naza nos llamó, para avisarnos que estaban yendo al hospital. Pilar (la cooperante de Entreculturas que es mi brazo derecho) y yo nos pusimos en movimiento. Nos costó bastante reunirnos con Naza y Rose, porque en el hospital, donde sólo estaba la acompañante de Isa, se enteraron que Isa estaba muerta y que ya el cadáver estaba en un dependencia de la policía. Desde el carro pude llamar, con ayuda de mi hermana María, a la provincial de España, que ya había recibido la noticia, que le transmitió la embajada de España (mi amigo el cónsul, Sergio Cuesta). Nos pidieron que les encontrásemos un abogado, para guiarlas en los trámites de entrega del cadáver. Pudimos contactar al abogado de Justicia y Paz, Monsieur Apollon, al que Isa le tenía mucha confianza. Acudió enseguida y fue una buena ayuda. Nos dijeron que el cadáver estaba saliendo de la policía y que lo llevaban a una funeraria. Por fin en la funeraria pudimos reunirnos con Naza y Rose. Esperamos un buen rato hasta que trajeron el cadáver. Hacía unas 4 horas que la habían asesinado. Naza, Rose y yo rezamos una oración y luego empezó a llegar gente: los que trabajaban con ellas, laicos y religiosas.  No os describo las emociones y los llantos, que podéis bien imaginar.

Al día siguiente, ayer sábado,  presidí una Eucaristía en la casa de Isa. Habían llegado ya las otras dos religiosas de Jesús María, que viven en Gros Morne. Había unas 40 personas. Dije que nos reuníamos, como los primeros cristianos, para celebrar el triunfo de Isa.  Quise que mi homilía tuviese el carácter de una contemplación para llenarse de esperanza, considerando la muerte como una suprema experiencia mística de unión con Dios.  Agradecí el don de la fe en Jesucristo, que llena de esperanza  nuestras vidas, aunque hoy, como en tiempos de San Pablo, sea un escándalo para los judíos y una necedad para los griegos (sabios). […]

Con Isa teníamos un proyecto que nos entusiasmaba. Ella quería crear una escuela. La Congregación de  Jesús María, a raíz del terremoto, había comprado unos terrenos para realizar una obra social y educativa en una zona baldía, donde un proyecto del gobierno planeaba trasladar miles de familias afectadas por el terremoto. Tuvieron mil problemas para legalizar la compra, pero, cuando ya se podía construir, Isa constató que la zona seguía baldía y desierta, porque el proyecto de viviendas nunca se realizó. No tenía sentido construir una escuela en el desierto.

Me contaba estas cuitas, y le propuse que realizase su proyecto en un gran terreno que tiene Fe y Alegría en Onaville, donde se han instalado en condiciones muy precarias miles de familias damnificadas. Le ofrecí que construyese allí su escuela.  Ella conocía muy bien el barrio, porque cada semana iba varias veces a trabajar como enfermera con las religiosas de Corazón de María, en un dispensario móvil. Me vino a ver con estas religiosas y me propusieron que el proyecto, además de la escuela de Fe y Alegría, incluyese un dispensario fijo y una vivienda para las religiosas. Pensaban que fuese una comunidad inter-congregacional de Jesús María y el Corazón de María. Isa se comprometía a buscar el financiamiento y a dirigir la escuela, que empezaría con el preescolar e iría creciendo año a año. […] Estábamos todos muy entusiasmados con el proyecto.  Pasó su provincial (de USA) y me vino a ver con Isa. Le gustó el proyecto y me dijo que lo apoyaría, pero que debía vencer la resistencia de su consejo, muy escamado con Haití, por los problemas de la compra de los terrenos a raíz del terremoto. Y es en esta espera de obtener la aprobación de su congregación, que le han arrancado, tan insensatamente, la vida.

Desde que la conocí, hace casi dos años, mi amistad con ella y mi admiración han ido aumentando por su identificación y solidaridad con el pueblo haitiano y especialmente con los más pobres y con los damnificados por el terremoto, su empuje para afrontar todas las dificultades, su capacidad organizativa, liderazgo, espiritualidad profunda… una mujer extraordinaria, que me siento privilegiado de haber conocido.

Acabo de enterarme que el Papa la acaba de mencionar en el ángelus de hoy domingo.

Un abrazo a todos,
Marcos

4 setiembre 2016




Los jesuitas españoles trazan el perfil del futuro prepósito general de la Compañía de Jesús

(Jesús Bastante).- "Un hombre de fe, con visión global, con capacidad de diálogo, con esperanza, con sentido del humor, y con capacidad para entender la globalización en la que nos estamos". Éste puede ser el perfil del futuro prepósito general de la Compañía de Jesús, según los electores españoles que participarán en la próxima Congregación General, la número 36, que arrancará el 2 de octubre y que habrá de sustituir a Adolfo Nicolás tras su renuncia.

Cuatro de los jesuitas españoles que participarán en el encuentro presentaron este mediodía, en Comillas, algunos de los principales retos para la Compañía de Jesús. Y es que será la primera congregación en la historia que se convoca con un Papa jesuita. "Es la primera vez que sucede", reconocía Francisco José Ruiz, sj, provincial de la Compañía, quien apuntó que "ésta es una ocasión extraordinaria para entender las claves que Francisco ha dado en el liderazgo en la iglesia. Nos hemos sentido muy influidos y animados a seguir realizando la senda de reformas que el Papa ha querido iniciar en la Iglesia, y estamos enormemente contentos de poder vivir así, y seguir apoyando la línea del Papa Francisco".

Para Cipriano Díaz Marcos SJ, elector y delegado de la Tercera Edad, el nuevo general de la Compañía habrá de ser "un hombre con capacidad de liderazgo frente a un grupo numeroso en interculturalidad". Por su parte, Llorenç Puig, sj., delegado de la Plataforma Apostólica Territorial de Cataluña, pidió que sea "Una persona que reúna visión universal, mirada amplia y diversa, pero también con atención a la vida interna de los jesuitas, los ministerios y las obras en que estamos... Un padre general que impulse una dinámica creativa, que dé respuesta valiente a los retos que nos plantea".

Por su parte, Juanjo Etxeberría SJ- elector y Vicerrector  de  Comunidad Universitaria e Identidad y Misión de la Universidad de Deusto, definió el perfil del futuro general con tres palabras: "que sea líder, que su liderazgo sea corporativo, en equipo, y apostólico, que mire hacia dónde tenemos que caminar".

En su intervención, Etxeberría recalcó que la Congregacion General -que arrancará el 2 de octubre, con una misa presidida por el general de los dominicos, Bruno Cadoré, op., y que contará con la presencia del Papa Francisco- es "el mayor órgano de gobierno de la Compañía de Jesús".

Entre las novedades, destacó que, por primera vez, tendrá voz y voto, seis hermanos jesuitas, no sacerdotes. Entre los españoles, habrá nueve electores, además del todavía general, Adolfo Nicolás. Un total de 215 jesuitas votarán a su nuevo líder, por mayoría absoluta. "La votacion es secreta, y posteriormente se vota ´solo a los que han tenido algún voto". Cuando hay resultado, se informa al Papa y, posteriormente, se hace público.

Cipriano Díaz Marcos hizo un breve balance del mandato de Nicolás, subrayando que "nos deja el compromiso de una Compañía de Jesús en las fronteras, junto a los refugiados, buscando la reconciliación". En su opinión, uno de sus grandes desafíos fue hacer que la Compañía, "además de oler a oveja, tiene que oler a biblioteca, frente a la globalización de la superficialidad". También, estar abierta a las sensibilidades diversas, y a la "misión compartida" con los laicos.

Los datos nos muestran una Compañía en un "enorme proceso de transformación". 16.376 jesuitas a fecha de enero, presentes en más de un centenar de países. "Crece con fuerza en Asia y África, permanece estable en América Latina, y disminuye en Europa y EE.UU.", apuntó Diaz Marcos, quien resaltó cómo "el 79% de los jesuitas jóvenes, en Asía, África u Oceanía".

¿Qué se espera de la 36 CG? Llorenç Puig SJ apuntó la necesidad de una renovación en las estructuras de Gobierno, para alcanzar "una mejor vida religiosa en el espíritu del Evangelio, y que renueva su capacidad de imaginación". Que esté atenta al contexto eclesial, con especial atención a los retos del Sínodo de la Familia, el Jubileo de la Misericordia o el "programa de Gobierno" del Papa Francisco, la Evangelii Gaudium. Y no perder de vista la oportunidad de "ser una voz profética en eld rama de los refugiados".


Puig planteó "cinco retos concretos". La misión evangelizadora a nuestro mundo, "siguiendo el valiente y vigoroso proyecto que plantea el Papa en la Evangelii Gaudium"; la "mirada atenta a desplazados, inmigrantes y refugiados, que requiere una mirada global"; poder "enfatizar la importancia de la sensibilización de estos temas y la incidencia, cómo podemos procurar que los gobiernos y estructuras políticas tengan en cuenta esta realidad"; también el "reto de la ecología" y el "papel del diálogo interreligioso para buscar caminos de paz desde las religiones". Finalmente, la responsabilidad en el ámbito educativo, y "cómo organizarnos internamente para dar solución a los retos globales".